domingo, mayo 30, 2021

LA SEGUNDA PRIMAVERA


 

A veces tengo la sensación de ser un personaje en una película de Miyazaki. Vivo cerca de un almendro en flor y al lado de una vía por donde los trenes vienen de y van al horizonte. En ocasiones, los oigo por la noche, pero a lo lejos. Como si la oscuridad atenuara el mundo. A mi alrededor, hay descampados donde todo está por hacer aún, y jardines donde ya se hizo todo y han sido abandonados. Acaricio a menudo a gatos cariñosos que deambulan por las calles, y veo otros que no me hacen ni caso; el aire es frío y nítido y, de vez en cuando, huele a tierra húmeda después de la lluvia. Suelen brillar las estrellas en el firmamento,  porque las luces urbanas aún son minoría, aquí donde vivo. Lo único que consiguen con su fulgor es subrayar la soledad después del toque de queda. Por las noches, las farolas flotan en medio de la oscuridad como peces abisales agazapados en las sombras. Es la segunda primavera del virus. Los humanos han quedado en evidencia, pero no importa: siguen diciendo una cosa y haciendo la contraria. No son muy diferentes a las hienas. Mientras tanto, mi mujer y yo caminamos agarrados de la mano por la calle, mirando a las montañas o a las nubes, buscando siempre la belleza, y nuestro balcón sigue regado de pétalos de flor de limonero y jazmín.

domingo, mayo 02, 2021

UNA DUDA EN MI NARIZ

 ATENCIÓN:

Este artículo es el último de una serie de artículos sobre la homeopatía y por qué sabemos que no funciona. Se puede leer independientemente de los anteriores, pero también es muy recomendable leer los anteriores, sobre todo si el lector no está familiarizado con una serie de ideas fundamentales como son las de átomo, molécula o dosis:


1- Una barra de cobre en mis manos (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/10/un-cable-de-cobre-en-mis-manos.html)

 

2- Una copa de vino en la piscina (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/11/una-copa-de-vino-en-mi-piscina.html)


3- Un OVNI en la ensalada (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2019/09/un-ovni-en-la-ensalada_25.html)

Los cuatro artículos son extensos y complejos. No se han escrito para proporcionar al lector un entretenimiento superficial y pasajero sino para dotarlo de una base de conocimiento que le permita entender por sí mismo por qué no funciona la homeopatía.


Gracias por su atención y buena suerte.



UNA DUDA EN MI NARIZ


Todos los seres humanos intentamos proteger nuestras creencias. Forman parte de nosotros hasta el punto de confundirlas con nosotros mismos en no pocas ocasiones. Esta confusión conduce a que nuestro instinto de supervivencia se active cada vez que las cuestionan. No sólo nos sentimos incómodos sino incluso amenazados, como si nuestra preservación, o la de nuestra tribu, estuviese comprometida. Sin embargo, cuestionar, dudar, o más bien saber dudar, sobre todo de nosotros mismos, es imprescindible para llegar a conocer (1). Y conocer, a su vez, es imprescindible para el florecimiento humano.


Probablemente, creer y dudar sean parte ineludible de una genuina existencia humana. Conseguir combinar ambas tendencias de forma fértil y constructiva no es en absoluto sencillo, pero tampoco es una tarea imposible. Exige, eso sí, aprendizaje y entrenamiento, y por supuesto una reflexión constante, consciente, honesta y rigurosa acerca de nuestras lealtades y de nuestros supuestos conocimientos. Tal reflexión conlleva un gran esfuerzo y un gran gasto de energía. A cambio, nos permite conocer el mundo más allá de nuestras heurísticas y gozar en toda su magnitud de nuestra condición de seres conscientes y limitados ante un Universo inmenso e indiferente.


Sin embargo, teniendo en cuenta que la disponibilidad de energía es limitada y que nuestra supervivencia y desarrollo personal no depende sólo de la exactitud de nuestro mapa mental del mundo externo sino también de nuestra posición en el grupo con el que convivimos, la realidad es que raramente cuestionamos al pelotón. Simplemente, nos dejamos llevar. Energéticamente hablando, la mayor parte de las veces nos sale más a cuenta mantenernos tras su estela que poner en duda su formación. Esta estrategia nos permite aprovechar todas las ventajas del creer sin tener que asumir ninguno de los inconvenientes del dudar.


Es un comportamiento natural y espontáneo en todos nosotros, los homo sapiens, como seres sociales que somos. Es más: es necesario. No sólo la debilidad de nuestra condición natural nos impele a agregarnos para aumentar las probabilidades de supervivencia, nuestra propia condición humana no puede desarrollarse fuera del grupo. Ningún ser humano sobrevive solo ni se hace a sí mismo. Para conseguir un buen dominio del lenguaje y las primeras representaciones abstractas del mundo necesitamos al grupo. Mientras otros géneros afilaban garras o colmillos, u olfato o vista, o cualquier otra característica física, el género homo desarrollaba una gran capacidad de representación abstracta del mundo gracias a un cerebro creciente, sustento de una mente cada vez más compleja que necesitaba crecer en el seno de un grupo, si quería alcanzar todo su potencial. La soledad no sienta bien a las mentes complejas, a no ser que seas un pulpo. En nuestro caso, el grupo nos aúpa a nuestra condición humana, y nos ofrece una ayuda imprescindible para conseguir un mapa mental del mundo.


A pesar de todo, si nos limitáramos a aceptar las ideas que nos llegan a través de otros, a seguir al grupo sin cuestionar nada para encajar mejor en él, a no dudar de nosotros mismos, probablemente estaríamos disminuyéndonos como seres humanos.


Claro que… ¿quién nos lo podría reprochar? No es culpa nuestra ser seres tan débiles y con unos sistemas perceptivos tan plagados de sesgos. Enfrentarse al grupo y a nosotros mismos en busca de la verdad es un esfuerzo considerable, incluso un riesgo inasumible, a veces. La vida es dura, el sufrimiento frecuente, la intemperie inhóspita... ¿Qué le debemos a la verdad, al Universo, a nadie? De hecho, siendo como somos (seres sociales) y siendo como es la vida, el Universo y todo lo demás (una lucha constante contra la entropía y la falta de recursos), todos nosotros acabamos fiándonos, en mayor o menor medida, de la palabra de otros, en quienes depositamos nuestra confianza, buscamos una tribu en la que acomodarnos y, en no pocas ocasiones, sin ni siquiera darnos cuenta, nos basta con la profundidad espiritual de un vendedor de crecepelos para ir tirando; sobre todo si el esfuerzo que han hecho los que nos precedieron nos aísla en una cómoda burbuja tecnológica del inclemente mundo natural (2).


Y aun así... no debemos olvidar nunca que las ideas tienen repercusiones en el mundo externo; y que nuestro deber como seres humanos es asumir la responsabilidad de dichas repercusiones, aunque lo único que hayamos hecho haya sido seguir la estela del pelotón. 


Ciertas ideas pueden destrozar la vida de muchísimas personas. Es el caso de la que ha defendido Europa contra la pandemia (“convivencia con el virus”), de la que ha defendido Greenpeace contra el arroz dorado (“los transgénicos son malos”) o de las que sostienen las pseudoterapias (“lo antiguo es más natural y, por lo tanto, mejor”, por ejemplo) (3). Los que defienden estas ideas, o han guardado silencio frente a ellas,  siempre se podrán quitar de encima la responsabilidad de las víctimas que se vayan produciendo por el camino echando la culpa a terceros o a circunstancias, y encontrar paz gracias a sus creencias (que es precisamente para lo que en realidad las quieren: para no tener consciencia, y por eso necesitan que sean incuestionables, o bien racionalizarlas hasta el punto de blindarlas frente a cualquier posible objeción).


Hay que asumir que el conocimiento no será una recompensa valiosa para la mayoría, menos aún teniendo en cuenta el gasto enorme de energía que implica, el vértigo ante un Universo indiferente y la responsabilidad colosal que conlleva en la mayor parte de casos; y todavía menos pudiendo disfrutar de la tecnología sin realizar el esfuerzo de tener que inventarla nosotros mismos (4). Al final, el que estemos dispuestos a jugárnosla dudando, en un intento continuo por conseguir mapas del mundo cuanto más precisos mejor, a pesar del desgaste y exposición que esto implica, dependerá de nuestros valores más íntimos como personas.


En el caso concreto de la homeopatía y otras pseudoterapias, no son pocos los que deciden proteger sus creencias en ellas diciendo que “la Ciencia no lo sabe todo”. Tal afirmación, en realidad, es bastante vaga. Si lo que quieren decir es que la Ciencia no puede saberlo todo, es decir, que hay fenómenos arbitrarios que están más allá de la capacidad de explicación de la Ciencia entonces deberían admitir, los que sostienen tal cosa, que creen en milagros, pero, al mismo tiempo, en la posibilidad de tasarlos, venderlos y comprarlos en los establecimientos correspondientes. No pasa nada, la vida es dura y la intemperie inhóspita… Tal vez, incluso tengan razón y al final resulte que la Ciencia no pueda explicarlo todo. Quién sabe. Pero no pueden pretender tener razón a base de invocar la magia cuando les convenga, es decir, cuando se les acaben los argumentos y no sepan cómo justificar su postura. Si la homeopatía tiene unas reglas (las estipuladas por Samuel Hahnemann) que indican cómo manipular el medio natural para obtener unos resultados, significa que admite la existencia de una estructura lógica subyacente en el medio natural, y por lo tanto los efectos de la aplicación de estas reglas deberían poder valorarse empíricamente. O hablamos de magia, o hablamos de razón. O hablamos de milagros, o hablamos de Física y Química. Los creyentes en la homeopatía, en este caso, deberían admitir, en definitiva, que no están dispuestos a un debate racional y que cuando defienden la homeopatía, o cualquier otra pseudoterapia, no están reivindicando un hecho sino haciendo proselitismo a favor de su religión.


Si lo que quieren decir, en cambio, es que la Ciencia aún no lo sabe todo, es decir, que hay cosas que la Ciencia simplemente aún no puede explicar entonces puede que sí quede margen para el debate racional, pues es verdad que ocurren cosas en el Universo que la Ciencia aún no puede explicar, como por ejemplo: su expansión acelerada, o el propio Universo, sin ir más lejos.


Ahora bien… ¡Atención!... tenemos un cierto grado de certidumbre de que el Universo ocurre, existe; sin embargo, ¿tenemos el mismo grado de certidumbre de que “ocurre” la homeopatía, quiero decir, de que funciona como terapia, de que sea eficaz?


En principio, podríamos responder a priori que la homeopatía no ocurre, porque aunque no lo sepamos todo, sí hay cosas que sabemos con un grado de certidumbre altísimo. Sabemos, por ejemplo, que la materia está constituida por átomos y moléculas (Una barra de cobre en mis manos), que los efectos de una sustancia en nuestro organismo dependen de la dosis, y que estos efectos tienden a diluirse con la dilución de la substancia (Una copa de vino en mi piscina), y que las moléculas de agua no pueden formar estructuras estables, al menos a temperatura ambiente o mayores, debido al ruido térmico (Un ovni en la ensalada), y que por lo tanto no puede tener “memoria”. 


Por todo esto, que es lo que sabemos, podríamos apostar con decisión por que los dos principios en los que se basa la homeopatía (lo semejante cura a lo semejante, y cuanto mayor sea la dilución, más potente es el efecto) no deberían funcionar y, por lo tanto, por que la homeopatía no ocurre en nuestro Universo. Una sustancia que provoque unos determinados síntomas no tiene por qué curar esos mismos síntomas (5), y cuanto más se diluye un principio activo, menor será su dosis y, por lo tanto, menor su efecto hasta que llegará un momento en que no habrá efecto alguno.


A pesar de todo, y precisamente porque admitimos que no lo sabemos todo, para responder a la pregunta de si la homeopatía funciona o no, no nos queda más remedio que observar con atención. La probabilidad a priori de que funcione es extremadamente baja, sí, pero si mediante la observación recogemos nuevas evidencias, podría ser que esta probabilidad aumentara.


Sin embargo, no es nada sencillo observar con rigor y honestidad el mundo. La integración que realiza nuestro cerebro a partir de la información sensorial que recibe tiene muchas limitaciones y adolece de numerosos sesgos. Los sesgos son desequilibrios en la percepción de nuestro entorno, errores que nos llevan a engaños a la hora de construir una imagen del mundo: cosas que vemos de una manera, y en realidad son de otra. Los engaños más conocidos son las ilusiones ópticas, pero los más peligrosos son las ilusiones cognitivas, es decir, cuando creemos saber algo que, en el fondo, no sabemos. Creer saber algo nos proporciona una gran sensación de seguridad, sin duda, pero si las cosas son de forma diferente a como creemos que son, podemos acabar tomando decisiones erróneas por culpa de las cuales sufriremos y haremos sufrir a los demás.


Con el paso de los siglos, los seres humanos hemos comprendido que la construcción de conocimiento a partir de nuestras observaciones y pensamientos es una labor ardua y difícil, y además necesariamente colectiva. Como parte de esta labor colectiva, los científicos publican el resultado de sus estudios y observaciones en revistas especializadas. De esta forma, comparten su trabajo con la comunidad, reciben críticas, aportaciones y contribuyen al conocimiento sobre una materia. No todas las revistas tienen estándares de calidad altos, ni todos los estudios que se publican en las que tienen más prestigio son confiables. La verdad es que se publica muchísima basura: trabajos mal hechos, observaciones deficientes, estudios llenos de sesgos o que se deben más a intereses espúreos que a la búsqueda de conocimiento, etc...


Para poner un poco de orden y tener una visión diáfana del estado en el que se encuentra el conocimiento sobre una materia concreta, hay personas que se dedican a hacer revisiones sistemáticas de todos los estudios que se publican sobre tal materia. Estas evaluaciones también se publican en revistas especializadas y se llaman metaestudios o metaanálisis. En estos metaestudios se examina estudio por estudio, se descartan los que no cumplen unos mínimos requisitos de calidad y se evalúan las conclusiones. Sobre este tema en concreto se puede leer el excelente artículo de Javier Yanes, enlazado al final de este texto (6). La clave es comprender que en los metaestudios se exponen las conclusiones más sólidas a las que se ha podido llegar a raíz de las observaciones llevadas a cabo.


Muy bien, y ¿qué es lo que dicen los metaestudios sobre la homeopatía? ¿Ocurren en el Universo sus supuestos efectos terapéuticos con el mismo grado de certidumbre que ocurre el propio Universo? La respuesta es rotundamente no. Y no lo digo yo, que soy un completo desconocido, lo dice un montón de gente que se juega el prestigio en estas lides. A continuación, presentaré una lista de conclusiones a las que han llegado grupos de investigación independientes que se han dedicado a analizar la evidencia presentada y, como podrá ver el lector, lo que tienen en común todas ellas es que la homeopatía no funciona mejor que un placebo, es decir, no funciona: no es un medicamento, no es una terapia (7). Vamos allá:


1 - INFORME ENCARGADO POR LA CASA DE LOS COMUNES AL COMITÉ DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA (2010) (8)


Conclusiones (extracto):


1.1 - “70. In our view, the systematic reviews and meta-analyses conclusively demonstrate that homeopathic products perform no better than placebos.” (70. En nuestra opinión, las revisiones sistemáticas y los metanálisis demuestran de manera concluyente que los productos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos.”) (8)


1.2 - “157. By providing homeopathy on the NHS and allowing MHRA licensing of products which subsequently appear on pharmacy shelves, the Government runs the risk of endorsing homeopathy as an efficacious system of medicine. To maintain patient trust, choice and safety, the Government should not endorse the use of placebo treatments, including homeopathy. Homeopathy should not be funded on the NHS and the MHRA should stop licensing homeopathic products.” (157. Al ofrecer homeopatía en el NHS y permitir que la MHRA conceda licencias de productos que posteriormente aparecen en los estantes de las farmacias, el Gobierno corre el riesgo de respaldar la homeopatía como un sistema de medicina eficaz. Para mantener la confianza, la elección y la seguridad del paciente, el gobierno no debe respaldar el uso de placebos como tratamientos, incluida la homeopatía. La homeopatía no debería ser financiada por el NHS y la MHRA debería dejar de otorgar licencias de productos homeopáticos.) (9) 2 - INFORME DE LA REAL ACADEMIA DE FARMACIA SOBRE LA POSICIÓN ACTUAL DE LOS PRODUCTOS HOMEOPÁTICOS (junio, 2017) (10): Conclusiones (extracto): “4. (...) La baja calidad en el diseño de los estudios dirigidos a demostrar la eficacia de los productos homeopáticos da poco valor a los escasos resultados positivos que están recogidos en la bibliografía. En definitiva, las conclusiones no tienen suficiente consistencia.” “6. La legislación europea en materia de medicamentos homeopáticos no obliga a los fabricantes a incluir en las especificaciones de la formulación los componentes ni sus cantidades. Sin embargo esta información es exigida en el etiquetado de alimentos y medicamentos. Las autoridades deben corregir esta anomalía y mejorar la transparencia sobre la información de medicamentos homeopáticos.” “11. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que desde un punto de vista científico no hay argumentos que apoyen la eficacia de los medicamentos homeopáticos y justifiquen su utilización clínica. Este método terapéutico puede crear falsas expectativas, sustituir a los tratamientos con eficacia demostrada, retrasar la consulta médica, e incluso llegar a comprometer la vida del paciente, y pueden poner en riesgo la salud de los ciudadanos. “12. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que las autoridades sanitarias deberían advertir a la población de la carencia de pruebas científicas que demuestren la eficacia de los medicamentos homeopáticos. Los profesionales sanitarios y concretamente los farmacéuticos deben estar comprometidos con la educación sobre medicamentos homeopáticos a la población.” En el informe de la Real Academia Nacional de Farmacia se incluyen las opiniones de diferentes organismos públicos (OMS, NHMCR, NICE,...), agencias reguladoras (FDA, EMA,...) y sociedades científicas (RCGP, RPS,...) que han realizado análisis críticos sobre los productos homeopáticos, destacando la falta de evidencia en relación a su eficacia (11).


3. El COMITÉ CIENTÍFICO ASESOR DE LAS ACADEMIAS EUROPEAS (EASAC), formado por las academias de ciencias nacionales de los países miembros de la Unión Europea, emitió el informe "PRODUCTOS Y PRÁCTICAS HOMEOPÁTICOS: EVALUANDO LAS PRUEBAS Y ASEGURANDO LA COHERENCIA EN LA REGULACIÓN DE LAS ALEGACIONES MÉDICAS EN LA UNIÓN EUROPEA”


En sus conclusiones deja claro que “no hay ninguna enfermedad conocida para la que exista evidencia sólida y reproducible de que la homeopatía sea efectiva más allá del efecto placebo.”


Además, se advierte de los daños que pueden ocasionar los productos sin evidencia científica demostrada, como son los productos homeopáticos.


Por si fuera poco: “La institución, que agrupa a una treintena de sociedades científicas —entre ellas, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales—, sostiene que las afirmaciones de los defensores de la homeopatía, como la idea de que el agua tiene una supuesta memoria —algo que no se ha demostrado nunca— son "inverosímiles e inconsistentes".” (12)


Esta es una lista sucinta de informes que se basan a su vez en metaestudios, pero que ya da una idea, a pesar de su brevedad, de la falta de evidencia sólida a favor de los supuestos efectos terapéuticos de la homeopatía. La lista podría ser mucho más extensa. Aquellos que estén interesados pueden consultar el artículo de José Vicente Soler, Catedrático Emérito de la Universidad de Murcia, titulado “Todo sobre la homeopatía” (enlazado en la referencia 12) y “Homeopathy: what does the “best” evidence tell us?” (Homeopatía: ¿Qué es lo que nos dice la mejor evidencia?), artículo en el cual Edzard Ernst realiza una revisión exhaustiva de las bases de datos Cochrane para concluir que no hay nada que indique que los productos homeopáticos tienen efecto más allá del placebo (13).


Este último autor, Edzard Ernst, también dispone de un blog personal en el que se puede encontrar mucha información sobre la homeopatía y otras pseudoterapias (14).


En conclusión: no hay un sólo metaestudio riguroso que haya encontrado indicios de que la homeopatía sea más eficaz que un placebo.


Por lo tanto, no es que la Ciencia aún no sepa explicar la homeopatía: es que no hay nada que explicar. Los preparados homeopáticos no inducen ningún fenómeno imprevisto en el Universo, no provocan nada que requiera proponer nueva Física o Química para poder explicarlo.


Ante tal panorama, lo más razonable sería evitar perder el tiempo con tal pseudoterapia (y con tantas otras…). En muchas dolencias, al retrasar la aplicación de un tratamiento realmente eficaz se pierde un tiempo precioso y esto puede acabar teniendo consecuencias nefastas. Desgraciadamente, no son pocos los padres, u otros familiares, que han puesto en manos de “médicos homeópatas” a sus seres queridos, y han visto cómo éstos pagaban las consecuencias (15).


Sin embargo, a pesar de tener todas las evidencias en contra, en un intento desesperado por salvar sus creencias, aún hoy en día quedan personas que recurren a la Mecánica Cuántica para especular sobre fenómenos cuánticos desconocidos gracias a los cuales pudiera existir la homeopatía. Es decir: se inventan teorías para justificar cosas que no existen. Cuando uno se encuentra ante fenómenos extraños o imprevistos, está bien especular, en el sentido de invertir tiempo intentando explicarlos. ¡Pero es que la homeopatía no existe! ¡No nos encontramos ante ningún fenómeno interesante e imprevisto! Más valdría perder el tiempo especulando sobre qué condiciones deberían darse en Alfa Centauri para que las hadas existieran allí. Sería un ejercicio de creatividad muchísimo más interesante.


Muchas personas ocultan su ignorancia con palabras rimbombantes con las que intentan deslumbrar a su público. En estos juegos tristes, de circo viejo y payasos fracasados, la Mecánica Cuántica es una fuente inagotable de términos. Esta rama de la Física tiene un aura de misterio del que se aprovechan innumerables charlatanes para arrimar el ascua a su sardina pero, por muy deslumbrante que parezca su discurso, no se dejen amedrentar: ¿campos cuánticos? ¿microburbujas cuánticas? ¿entrelazamiento? ¿funciones de onda? ¿no localidad?... Da igual, da lo mismo, respondan siempre lo mismo: la homeopatía no existe, en el sentido de que no es útil como terapia, más allá de lo que sería un placebo. Así que todas estas personas que mentan la cuántica para explicarla ni siquiera están haciendo ciencia-ficción sino fantasía, como si escribieran una novela de caballeros y dragones. Las novelas de fantasía pueden ser realmente entretenidas pero, por favor, si padece una enfermedad… vaya a un médico de verdad, no confíe en las hadas o en los dragones. Y mucho menos en alguien que se gane la vida defendiendo su existencia.


Al mismo tiempo, y no necesariamente de forma excluyente, otras muchas personas, para defender su creencia en la homeopatía y pseudoterapias, acusan a todas las personas que llevan a cabo estos metaestudios bien de estar subyugados por un sistema académico e institucional que les impide ver la verdad o bien de formar parte de una especie de conspiración mundial en contra de la homeopatía, es decir, que todos aquellos que niegan su eficacia están, a la postre, de una forma u otra, a sueldo de instituciones, farmacéuticas convencionales y otras industrias que estarían interesadas en negar la utilidad del invento de Hahnemann. En realidad, si la homeopatía funcionara, miles de científicos y desde luego todas las farmacéuticas estarían encantados de investigarlo. Los primeros porque tendrían la oportunidad de descubrir nuevas leyes de la Física y la Química, y eso les reservaría sin duda un hueco en los libros de Historia, al menos en los de Historia de la Ciencia, y los segundos, las farmacéuticas, porque implicaría una rentabilidad muchísimo más alta de la que obtienen ahora mismo con las medicinas convencionales, que son productos que exigen muchísima inversión para sacar beneficio. Con los productos homeopáticos, en cambio, se ahorrarían un montón de dinero en investigación y en producción y prácticamente todo serían beneficios.


A diferencia de lo que mucha gente cree, científicos e ingenieros ponen a prueba continuamente el cuerpo de conocimientos que ha acumulado la Humanidad a lo largo del tiempo. No sólo se realizan constantemente experimentos a lo largo y ancho del mundo para comprobar hasta qué punto son válidos nuestros conocimientos sino que se utilizan estos conocimientos para construir nuestro mundo. Constantemente. Si estos conocimientos no funcionaran, no habríamos podido construir el mundo que conocemos: un gesto tan sencillo, y necesario, como el de beber agua seguiría siendo una especie de ruleta rusa, todos nosotros seguiríamos infestados de virus, bacterias y parásitos; la electricidad y el magnetismo seguirían siendo misterios de circo; no habría lentes, ni aviones, ni teléfonos… en definitiva: nuestro mundo no funcionaría.


Las personas que deciden estudiar carreras de ciencias, al igual que las que deciden seguir otras ramas, no lo hacen porque pretendan vivir del engaño y la mentira sino porque tienen curiosidad por conocer el mundo y ven en esos estudios una posibilidad de vivir de sus conocimientos, no del cuento. Y esto puede ser así porque el conocimiento que acumula la Humanidad… funciona: los puentes no se derrumban, los aviones vuelan, los marcapasos marcan correctamente el ritmo y la insulina y otras medicinas mantienen con vida a millones de personas cada día a lo largo y ancho del mundo.


El consenso científico y tecnológico no es una conspiración mundial, ni una una red (una “matrix”) que nos mantenga ciegos a la auténtica realidad; es el que es porque funciona. Gracias a él disponemos de agua potable, de aluminio, cobre, acero, ropa, ascensores, calefacción y un montón de comodidades más que utilizamos prácticamente sin ser conscientes. Si no funcionara, tampoco funcionaría nuestro mundo actual, la sociedad en la que vivimos: no tendríamos agua corriente ni potable, ni ropa, ni gafas útiles, ni comida barata, ni calefacción y las máquinas que funcionan con electricidad dejarían de funcionar, en fin: todo lo que damos por hecho se derrumbaría.


¿Podría ser que nos estuviéramos perdiendo un universo entero de posibilidades, regido por leyes que aún no conozcamos? No es sólo probable que así sea sino que es seguro que así es. Nuestro conocimiento del mundo no es completo, pero esto no significa que cualquier cosa sea posible. Que no sepamos todo, no significa que no sepamos nada. Sí sabemos algunas cosas con una certeza muy alta, y ese conjunto de cosas que sabemos limita el conjunto de cosas posibles, nos guste o no. Tarde o temprano, las mejores teorías de que disponemos hoy en día serán sustituidas por otras aún mejores que nos permitirán conocer con más detalle nuestro mundo, y abrirán, efectivamente, un universo entero de posibilidades, pero eso no significa que todo lo que sabemos hoy vaya a dejar de funcionar mañana.


¿Cómo es esto posible?


Muchas personas creen que cuando se desarrolla una teoría científica nueva quedan invalidadas las anteriores. Sin embargo, esto no es exactamente así. La nueva teoría tiene que explicar nuevos hechos, sí, pero también tiene que explicar todos los anteriores, debido a lo cual, lo que acaba pasando es que la nueva teoría incorpora a la antigua como un caso particular, es decir, una teoría válida en determinadas circunstancias. El ejemplo típico es el de la Teoría General de la Relatividad de Einstein, que incorpora la de la Gravitación Universal de Newton como un caso particular válido para determinadas circunstancias. En estas circunstancias, la teoría de Einstein no invalida la de Newton en absoluto: ambas coinciden en sus previsiones.


La ampliación del conocimiento humano se debe llevar a cabo a partir de pruebas empíricas que la comunidad haya examinado y que muestren, con un grado suficientemente alto de certidumbre, que hay algún detalle fundamental que se nos ha escapado en nuestra descripción del mundo. Esta es la base de todo el progreso científico y tecnológico que sustenta nuestra sociedad moderna. Fue la observación de las fases de Venus, realizada por Galileo Galilei por primera vez, lo que hizo que el modelo heliocéntrico empezara a triunfar sobre el geocéntrico. Y fueron las observaciones del espectro de cuerpo negro y el efecto fotoeléctrico lo que impulsó la revolución de la Física Cuántica. Y no olvidemos que Darwin planteó la teoría de la evolución para explicar las observaciones realizadas a lo largo de toda una vida, y sobre todo durante su viaje en el Beagle. Wallace llegó a las mismas conclusiones de una forma completamente independiente. Un siglo después, el genetista Dobzhansky afirmó, respaldado por toda una vida de observaciones: “Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución” (16). Siempre que el conocimiento humano ha progresado, ha sido a base de resultados empíricos que había que explicar, no como resultado de querer justificar unas creencias personales sin base empírica alguna. Poco a poco, el conocimiento científico se va ampliando, con mucho esfuerzo y tesón, pero no porque forcemos nuestras teorías a respaldar nuestras creencias más queridas sino más bien por lo contrario: porque procuramos construir nuestras creencias en base a las mejores observaciones de que disponemos.


Todo el conocimiento científico que la Humanidad ha acumulado, se ha podido acumular gracias a que parece haber unas reglas lógicas operando en el mundo, es decir, lo que sucede en el Universo no parece ser arbitrario ni mucho menos estar sometido a nuestros deseos cambiantes; y porque, además, nos hemos dedicado a investigar cuáles son estas reglas lógicas, con gran esfuerzo y sacrificio.


¿Qué le debemos a la verdad para esforzarnos tanto por ella, qué le debemos al Universo, a nadie? Nada. Nos lo debemos a nosotros mismos, como seres humanos, para seguir fomentando lo mejor que hay en nosotros mismos: aquello que ve la verdad como algo hermoso y la mentira como algo feo, sucio. Si el lector decide ser fiel a la verdad por encima de cualquier otra lealtad (“Amigo soy de Platón, pero más amigo aún de la verdad”) que lo haga por amor a la belleza, o a las estrellas. Al final, ninguna otra recompensa tendrá.


Aprovecho para el último pie de foto de esta serie de artículos la frase de Hayao Miyazaki con la que Jose Blanca finaliza su libro El oficio de la duda: “Un cerdo que no vuela es sólo un cerdo”.(Foto de Sergi Periche www.BarcelonaSkyline.com)


AGRADECIMIENTOS:

He de reconocer que este último artículo ha sido posible gracias a las conversaciones que he mantenido con Jose Blanca, ilustrado y genetista, autor de “El oficio de la duda” y amigo. Gracias a sus conocimientos y a su generosidad a la hora de compartirlos, he podido ordenar y aclarar mis propias ideas. Muchas gracias, Jose, y espero que perdones que haya utilizado, como pie de foto de la última foto, la misma frase de Hayao Miyazaki que usaste tú para finalizar tu libro. Lo siento, nos inspira a los dos por igual. Si no me matas, prometo hacer algo útil por la Humanidad, algún día.

También estoy muy agradecido a mi amigo Sergi Periche por permitir que cierre esta serie de artículos con su foto del ciclista y las estrellas: si no utilizo alguna de sus fotos, siempre tengo la impresión de que me falta algo. Sergi, también me comprometo contigo a hacer algo útil por la Humanidad, algún día, si no te cansas de mí antes :)



NOTAS:


1. El papel fundamental que juega el saber dudar en la construcción del conocimiento se explica en profundidad en el libro “El oficio de la duda”, de Jose Blanca: https://jblanca.net/el_oficio_de_la_duda/. Se trata de una introducción imprescindible a la filosofía de la Ciencia.


2. Agua corriente y potable, energía y comida en abundancia, ropa barata, transportes, libros, comunicaciones instantáneas de punta a punta del planeta, medicina moderna…


3. No son pocos ya los informes que se acumulan, a estas alturas de la historia, de personas que, por tomar productos homeopáticos (o seguir cualquier otra pseudoterapia), han abandonado tratamientos médicos y este error les ha costado la vida. Desde personas víctimas del cáncer hasta niños con infecciones de oídos que hubieran remitido con un simple tratamiento antibiótico. La lista es una cadena de ejemplos que ojalá tenga fin pronto. Para casos concretos se puede consultar: 

https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa 


Y para hacerse una idea más amplia y profunda de toda esta problemática: https://www.apetp.com/ 

Por otra parte, la oposición de Greenpeace al arroz dorado, y a cualquier transgénico en general, ha contribuido a retrasar la solución a la falta de vitamina A en el sudeste asiático, lo cual obliga a la multinacional y a sus seguidores a asumir una parte de la responsabilidad de las miles de víctimas que se producen cada año debido a este problema. Para más información:

“Biotecnología y seguridad alimentaria” http://www.fao.org/worldfoodsummit/spanish/fsheets/biotech.pdf

Lo último sobre el arroz dorado: http://www.fao.org/biotech/biotech-add-edit-section/biotech-add-edit-news/biotech-news-detail/es/c/1394815/

Sobre el arroz: http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/36887/article_36967es.html

Sobre las mentiras de Greenpeace:

https://jmmulet.naukas.com/2014/06/09/greenpeace-y-el-arroz-dorado-historia-de-una-infamia/

Finalmente, la gestión de la pandemia de SARS-COV-2 que han hecho países como Australia, Vietnam o Corea del Sur, por ejemplo, demuestra que se podría haber conseguido evitar la mayor parte de víctimas que se han producido en otras regiones, como Europa. Para más información:

“Australia es una isla”, https://callejonsinsalida.blogspot.com/2021/04/australia-es-una-isla.html

4. Si la comida, el agua y el calor de cada día, día a día, dependen de lo bien que conozcas tu entorno, lo bien que sigas rastros y lo bien que sepas encender fuegos, no puedes hacer muchas tonterías. El margen para cometer errores es pequeño, y sale muy a cuenta enfrentarse al líder si empieza a decir tonterías, como por ejemplo que hay que utilizar madera húmeda para hacer fuego; pero en esta sociedad en la que basta con pagar facturas y comprar en el supermercado para tener necesidades básicas cubiertas, tal vez enfrentarse al líder, o a sus ideas equivocadas, sea un gasto de energía que no salga rentable y se obtengan más beneficios siguiéndole la corriente o guardando silencio.


5. Tomemos, por ejemplo, el caso de la cafeína: en dosis habituales, puede producir insomnio, pero eso no significa que a dosis bajas cure el insomnio. Y a dosis homeopáticas simplemente no tendrá efecto alguno, incluso con la dosis que hay en un café descafeinado no tendrá efecto alguno. Otro ejemplo: el etanol (alcohol que llevan las bebidas alcohólicas). A dosis altas, provoca borracheras, pero a nadie se le pasa la borrachera tomando una dosis pequeña de alcohol, por muy reducida que sea la dosis. Es más, el consumo habitual provoca alcoholismo y, desde luego, esta adicción no se cura tomando pequeñas dosis de alcohol.


6. Artículo de Javier Yanes sobre metaestudios: https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/tag/metaestudios/


7. El efecto placebo es aquel por el que el paciente puede experimentar una mejoría sin haber tomado medicamento real alguno. No implica una curación real, sólo una sensación de alivio transitorio de los síntomas. Es un efecto muy estudiado. Se ha detectado en niños, bebés e incluso en animales.


8. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4502.htm


9. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4504.htm#a15


10. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4506.htm


11. https://www.ranf.com/wp-content/uploads/noticias/2017/Homeopatiacompleto1.pdf


12. https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa


13. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.5694/j.1326-5377.2010.tb03585.x


14. https://edzardernst.com


15. Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas: https://www.apetp.com


16. https://online.ucpress.edu/abt/article/35/3/125/9833/Nothing-in-Biology-Makes-Sense-except-in-the-Light


jueves, abril 22, 2021

AUSTRALIA ES UNA ISLA

En el gráfico que acompaña a esta entrada se representa el número de tests llevados a cabo por positivo detectado en cada uno de los países tenidos en cuenta frente al número de fallecidos por millón de habitantes, a día 21 de abril de 2021. La siguiente es la tabla de datos:




La fuente de los datos es:  https://www.worldometers.info/coronavirus/

En el gráfico, cada país viene representado por una burbuja, las coordenadas de la cual se establecen a partir de los datos numéricos de las columnas B y C (Bi=coordenada X, Ci=coordenada Y)

Por ejemplo, si se fijan, podrán ver que Vietnam ha llevado a cabo unos 900 tests por positivo (concretamente, 914) y su burbuja está justo sobre el eje vertical. Esto indica que el número de fallecidos por millón de habitantes en Vietnam debido al SARS-COV-2 es tan pequeño que no se puede apreciar en la escala de este gráfico (concretamente, es 0,4). En el otro extremo, en cambio, podríamos fijarnos en Italia, situada en el eje horizontal y muy lejos del vertical, con casi dos mil muertos por millón de habitantes (1948) y muy pocos tests por positivo (14). El detalle importante en esta gráfica es que muestra el número de tests llevados a cabo por infectado detectado, no el número de tests totales.

De esta forma se puede apreciar claramente que, en general, los países que han realizado más tests por positivo detectado son los que han tenido un número menor de víctimas por millón de habitantes.

De hecho, se pueden observar dos grupos bien diferenciados: los que han hecho pocos tests por infectado, y han tenido muchos fallecidos (una muestra de países europeos); y los que han hecho muchos tests, y han tenido pocos fallecidos (una muestra de países y regiones de Asia y Oceanía). En el primer grupo están los países que decidieron convivir con el virus; en el segundo grupo, los que decidieron adoptar políticas de covid cero. Pero, cuidado, no hay que olvidar que son tests por positivo detectado y, por lo tanto, puede que hayan acabado haciendo menos tests totales que los países que han decidido convivir con el virus.

También hay un grupo de países (Corea del Sur y Japón) que se encuentra cerca del origen de coordenadas, entre los dos grupos bien diferenciados. Corea del Sur ha realizado claramente más tests por positivo detectado que los países europeos que aparecen en el gráfico, pero no tantos como Australia y el resto de éste grupo. Japón ha realizado incluso menos tests que UK (20 frente a 33) pero, aun así, ha conseguido tener muchos menos muertos que UK (77 frente a 1867, siempre por millón de habitantes). ¿Hay alguna cuestión cultural implicada? ¿Ha sido clave la tecnología de trazado que están utilizando los coreanos desde el inicio de la pandemia?

La cultura australiana está más cerca de la europea que de la oriental, pero en el grupo de Australia también está Vietnam, Taiwan y otros. En realidad, al menos en este grupo de países, no creo que se trate de una cuestión cultural sino de toma de decisiones políticas. Por ejemplo, tanto Australia como Vietnam decidieron que los viajeros que entraran en el país debían hacer obligatoriamente una cuarentena antes de circular libremente. Parece razonable en medio de una pandemia. Además, de esta forma, han dado trabajo al sector hotelero. Australia también ha estado utilizando tecnología de rastreo basada en posicionamiento de teléfonos móviles para controlar brotes.

Creo que este gráfico muestra claramente que el número de víctimas debido a la pandemia va a depender de la política que se adopte para enfrentarse a ella. Hay varias opciones, y los resultados van a ser muy diferentes según qué opción se escoja.

Sin embargo, los gobiernos de Europa nos han querido convencer de que la única política posible era la de convivir con el virus, costara lo que costara en vidas humanas, porque había que salvar la economía, la libertad y yo qué sé qué más. Al final, se ha destrozado la economía y la libertad. Y lo único que se ha salvado ha sido la ineptitud y la pereza (hay que recordar, además, que convivir con un virus implica darle oportunidades continuas de mutar, como se ha demostrado todos estos meses, por lo que ya de entrada, a juzgar por lo que sabemos sobre la evolución, no parece muy buena idea). Personalmente, lo que me molesta más es que se lo tengan (nos lo tengamos, como sociedad) tan creído. No soporto las ínfulas, la incapacidad de reconocer errores, la algarabía de la fiesta como si hubiera algo que celebrar. La realidad es que se ha hecho mal, al menos aquí en Europa, y se sigue haciendo mal.

Echo de menos autocrítica y reconocimiento de errores. En las tertulias, en los foros públicos, en las conversaciones entre amigos... no hay discusión sobre cómo se podrían haber hecho mejor las cosas: se acepta la pandemia como un fenómeno sobre las consecuencias del cual nosotros mismos no tuviéramos responsabilidad alguna.

Es más, hay muchas personas que adoptan el discurso triunfalista de los políticos y protegen con sus participaciones en el foro público las políticas oficiales. Australia, en principio, no existe, y cuando sale en la conversación, una de las cosas que se alegan es que no es comparable porque... es una isla. A lo largo de estos meses lo he oído como mínimo dos veces: en una conversación por escrito con amigos y en un programa de noticias matinal, por parte de una tertuliana, mientras el presentador asentía. Yo he de decir, sinceramente, que esta excusa no la entiendo. ¿Qué quieren decir exactamente con que es una isla? ¿Que es un país pequeño? ¿Que está aislado? Pero Australia ni es pequeño ni está aislado. Si definimos isla como "país rodeado por el mar sin vínculos terrestres con ningún otro país"... ¿en qué le beneficiaría exactamente esto a la hora de controlar la propagación de la covid-19? Australia tiene 25760 km de costa y España 4964 km más unos 2000 km de frontera. ¿No debería ser más difícil controlar una línea de casi 26000 km que una de unos 7000 km? En cualquier caso, creo que todas estas disquisiciones no tienen sentido en un mundo donde el tráfico aéreo es el principal medio de transporte de personas. 

Además, Vietnam no es una isla y también ha conseguido controlar la pandemia con un coste en vidas humanas bajísimo. Por si fuera poco, Vietnam es un país mucho más pobre que España: su PIB per cápita no llega a los 3000 dólares cuando el de España ya supera los 30000.


GRÁFICO:

domingo, octubre 25, 2020

ESPARTA HOY


Creer en los Derechos Humanos (DDHH) exige un compromiso diario, constante. No es suficiente con decirlo o figurar. Implica creer en la idea de que la vida humana tiene un valor intrínseco y actuar en consecuencia. Quien crea en esta idea, quien crea realmente, no puede apostar por políticas que expongan a los ciudadanos a riesgos innecesarios. Hacer correr riesgos inútiles a la gente es despreciar su dignidad como personas. Habiendo alternativas, el sufrimiento y la muerte que causen esas políticas se habrían podido evitar y, por lo tanto, apostar por ellas es despreciable. Quien lo haga, y quien lo acepte, no puede decir que defiende los DDHH, que cree en ellos. Está mintiendo.


Abrir los centros educativos en medio de una pandemia no sólo ha sido una mala política de salud pública sino que va en contra de los DDHH. Los políticos responsables, y funcionarios adláteres, se han obsesionado con que la presencialidad es imprescindible y se han dedicado, y se dedican, a implantar la idea de que las aulas son seguras y que en ellas no hay contagios, con la complicidad, como es habitual, de los medios de comunicación. Serán responsables todos ellos de muertes y sufrimiento sin sentido, que nos podríamos haber ahorrado perfectamente.


La realidad es que los centros educativos, y los medios de transporte necesarios para llegar a ellos, son inevitablemente, por muchas medidas de seguridad que se adopten, lugares de intercambio masivo de aliento y huellas dactilares. Por muy bien ventiladas que estén las aulas (que no lo están) y por muy reducidos que sean los grupos (que no lo son)... ¿de qué sirven las mascarillas si antes de la entrada, o a la salida, están todos los alumnos juntos y revueltos sin usarlas y, en no pocos casos, escupiendo al suelo? La presencialidad es una gran fiesta de la espuma donde alumnos de diversas procedencias acaban empapados con aerosoles ajenos y se convierten en heraldos del virus ante sus familias. Haber abierto los centros educativos en las condiciones en las que se ha hecho es exponer a docentes, alumnos, familiares y personal administrativo a un riesgo totalmente innecesario. Porque estamos en el siglo XXI, y tenemos recursos, no somos una sociedad pobre: hay alternativas.


Quienes han tomado las decisiones que se han tomado conocen estas alternativas; no haberlas escogido equivale a considerar que la gente es sacrificable, que podemos prescindir de los que vayan a sufrir y caer. Nos dirán que las bajas que se produzcan son inevitables para salvar la economía, para salvar a los niños, para evitar males mayores... Pero todo es mentira, y lo saben. Y si no lo saben es porque se creen sus propias mentiras, pero eso no les exime de culpa. Tendrán, tienen, las manos manchadas de sangre. Esta segunda ola no es una catástrofe natural (ni siquiera la primera lo fue): es negligencia.


Las cosas se podrían haber hecho mucho mejor, y si no se han hecho ha sido por una mezcla de ideología e incompetencia.


En el terreno concreto de la educación, voy a exponer algunas de las medidas que se deberían haber adoptado. De tercero de la ESO en adelante (incluso, tal vez, desde primero) se podrían haber organizado clases telemáticas. Esto habría liberado un montón de espacio en los centros educativos. Este espacio se podría haber aprovechado para dividir los grupos de cursos inferiores y conseguir, así, más distancia de seguridad. También se tendrían que haber aprovechado centros cívicos, Universidades (cuyos alumnos, por supuesto, tendrían que estar todos recibiendo clases a distancia) y cualquier sitio que la administración pública hubiera podido conseguir que fuera apto para impartir clases. Es cierto: hay un montón de situaciones personales. Pero ninguna que no se pueda resolver a base de organización. Tal vez haya familias sin una buena conexión a internet o sin ordenadores suficientes. Se les deberían haber proporcionado medios. Hay muchas familias con personas vulnerables (niños diabéticos, por ejemplo, o algún progenitor enfermo de cáncer y en tratamiento…). A estas familias se les debería haber ofrecido la posiblidad de clases telemáticas. Se tendría que haber ofrecido esta posibilidad incluso sin tener personas vulnerables: simplemente porque haya padres que preferirán que sus hijos no vayan al colegio. Y, ya que se habla tanto de conciliación familiar, las empresas tendrían que haber colaborado, de buen grado u obligadas. Además, se tendría que haber verificado que la ventilación de las aulas fuera eficiente, tanto en centros privados y concertados como en Institutos y Universidades. Y, por supuesto, algo que hubiera beneficiado a todos: por una parte, aumentar la frecuencia de autobuses, trenes y metro, y por otra, obligar a la implantación de RADAR-COVID.


No se ha hecho nada.


Los responsables políticos se han limitado a redactar protocolos creyendo que la realidad acata lo que haya escrito en un papel, se han lavado las manos y han pasado la responsabilidad a los directores de cada uno de los centros que, en el mejor de los casos, han hecho lo que han podido. No ha sido por falta de tiempo o de recursos: han tenido todo el verano, de hecho, toda la primavera también (¿o pensaban que éste iba a ser un curso normal?), y si organizar esto nos parece caro, recordemos que España ya ha perdido el 13% del PIB y el futuro está lleno de incertidumbre. Pero es cierto, sí: organizar una sociedad, mantener el caos a raya, construir una civilización… es caro y exige un esfuerzo enorme. Sin embargo, más caro aún es abandonarla a su suerte, despreciar a la gente, prescindir de las personas. La Historia nos lo enseña, y la sensibilidad también. Claro que, para optar a tales maestros, antes hay que tener empatía.


Los que crean que no es para tanto, o aquellos que no estén sobrecogidos, carecen de ella. Con un virus entre nosotros del cual no conocemos bien las consecuencias a largo plazo, decenas de miles de cadáveres aún calientes sobre la mesa (sólo en nuestro país), y del orden de más de cien muertos diarios (de momento)… ¿qué más hace falta para que la sociedad reaccione? ¿Qué es necesario para que las cosas por fin se hagan bien y dejemos de estar en la inopia? 


No sólo son nuestros responsables políticos y funcionarios adláteres quienes no creen en los DDHH (que no vengan nunca más intentando venderme la moto de que luchan por la libertad y por la democracia). Todos aquellos que ven “normal”, o “inevitable” esta situación, o que consideran que las cosas se están haciendo bien y no se pueden hacer mejor, tampoco creen en ellos. Es más, demostráis todos vosotros que, en realidad, nunca desapareció cierta sociedad de la Antigüedad en la que era costumbre deshacerse de sus miembros más débiles arrojándolos por un precipicio. Cuando yo era niño, esto parecía escandalizar a todos los que me rodeaban. Sin embargo, a la hora de la verdad, demostráis que vuestro escándalo era muy superficial porque, más de dos mil años después, seguimos haciendo lo mismo. Sí: demostráis que Esparta sigue viva. Sois vosotros. Diréis que no. A los hechos me remito.


viernes, septiembre 18, 2020

NÚMEROS IRRACIONALES Y FÍSICA

En el accidentado tercer trimestre del curso 2019-2020, en clase de Matemáticas, expliqué a mis alumnos que existe una sucesión, (1+1/n)^n, cuyo límite cuando n tiende a infinito es el número “e”, y también que el número “e” es un número irracional, como el número pi.

Era la primera vez que alguien les explicaba esto, así que aproveché para advertirles de que ya no dejarían de encontrarse una y otra vez con el número “e”, y con otros números irracionales, puesto que para la Ciencia en general, y la Física en particular, eran imprescindibles. Tal afirmación sorprendió mucho a un alumno en concreto. Le resultó muy chocante porque… “¿cómo pueden unos números con infinitos decimales y sin periodo alguno ser fundamentales para una ciencia como la Física, que aspira a ser exacta?”

Consideré que era el momento de aclarar una serie de conceptos que suelen estar un tanto olvidados en los planes de estudio. Ahora que tengo un poco más de tiempo, aprovecho para poner por escrito y ampliar lo que dije en su momento en la clase:

Primero:

La Física aspira a ser precisa (1 ), no necesariamente exacta (2). Para conseguirlo, los números irracionales no son un problema. Cuando se realiza la medida de una magnitud, se procura cometer el mínimo error posible (que es, precisamente, lo que significa ser preciso) pero no se pretende necesariamente que el resultado de esa medida represente el valor real de la magnitud (que es lo que significa, en este contexto, ser exacto).

Por ejemplo, supongamos que medimos la longitud de una mesa con una regla que tiene una precisión de milímetros y obtenemos el resultado de la imagen:


Como podemos ver, la longitud de la mesa está comprendida entre 741 mm y 742 mm. Este resultado se puede expresar como 741.5±0.5 mm. Al realizar una medida como ésta, y como tantas otras, no esperamos obtener la longitud exacta de la mesa sino un valor que esté afectado por un margen de error (el ±0.5 mm) lo más pequeño posible.

Puede que os estéis preguntando: ¿Cómo es posible que la Física no pretenda descubrir el valor real de las magnitudes que mide? ¿No es lo que hacemos en clase cuando calculamos la posición o la velocidad de un coche o de un tren?

Respecto a la primera pregunta:

Por una parte, el valor exacto no existe, al menos en la mayor parte de las ocasiones. Hoy en día, se ha asumido que los estados físicos de los sistemas que estudiamos no están asociados necesariamente a un número perfectamente definido; que, al final, a escala atómica y subatómica, siempre habrá una cierta bruma ineludible; y no es que la bruma oculte el número exacto y nos impida acceder a él, es que ni siquiera existe tal número (8).

Por otra parte, todas las medidas llevan asociado inevitablemente un error (3), esto imposibilita dar un valor exacto de la magnitud que se mide. Puede haber algunas excepciones muy concretas; por ejemplo, si queremos contar el número de moléculas contenidas en un sistema pequeño, con paciencia, tal vez podríamos acabar diciendo que hay diez moléculas y no once ni nueve. Pero esto es anecdótico. No hay nada que obligue a que sea necesariamente así y, de hecho, la inmensa mayor parte de las veces, no lo es.

Respecto a la segunda pregunta:

Cuando en clase calculamos la posición de un tren o la tensión de una cuerda estamos obteniendo una descripción de la realidad, pero no hay que confundir esta descripción con la realidad misma.

Para obtener nuestras respuestas, nuestra descripción, utilizamos las leyes de la Física, que se expresan mediante modelos matemáticos. Es decir, en clase lo que hacemos es utilizar modelos matemáticos para obtener una descripción del mundo, y sabemos que los resultados de nuestros cálculos tienen que ver con la realidad porque, al fin y al cabo, los aviones vuelan, las gafas son útiles, las neveras funcionan, etc… pero tenemos que tener claro que no son la realidad misma. Lo que esto significa es que si la calculadora nos está dando la posición del tren con veinte decimales, no tenemos que creer que la posición del tren sea exactamente ese número de veinte decimales que hemos obtenido. Hay que tener cuidado con los decimales.

De hecho, en más de una ocasión, sin necesidad de usar números irracionales, nos hemos topado como respuesta a las típicas preguntas que se resuelven en Bachillerato (¿En qué momento se cruzan los trenes? ¿Cuándo llega el proyectil al punto más alto de su trayectoria? ¿En qué posición cae el paquete lanzado desde el avión? ¿Cuánta energía consume el ascensor? ¿Cuál es el periodo del satélite?) con números de infinitos decimales. A los físicos, ingenieros y matemáticos que trabajan en problemas cotidianos (LHC, LIGO, ALMA, PLANCK, GPS, centrales de producción de energía, redes de comunicación y distribución, motores de barcos, trenes y aviones,...) les ocurre lo mismo. Todos ellos saben que carece de sentido dar una respuesta más allá de cierto número de decimales. El límite lo marca la precisión de nuestros aparatos de medida (no tiene sentido decir que la longitud de la mesa es de 741.637832 mm si hemos medido con una regla como la de la foto), y también la calidad de los datos iniciales. Dar una respuesta con muchos decimales no significa necesariamente conocer mejor el Universo; la mayor parte de los decimales que os proporcionan las supercalculadoras de que disfrutáis hoy en día son artefactos matemáticos sin un significado físico real.

Sin embargo, es cierto que cuando nuestros aparatos de medida mejoran, podemos distinguir con más precisión la posición de los planetas, por ejemplo. Es decir: podemos dar su posición con más decimales; y si descubrimos que no coinciden con los que preveían los modelos entonces intentaremos cambiar el modelo para que describa aún mejor el Universo. Ha ocurrido constantemente a lo largo de los últimos siglos en la historia de la Humanidad; al menos, desde que fue importante hacer experimentos y cuantificar los resultados.

Se podría equiparar a los físicos, y a los científicos en general, con cartógrafos que intentan dibujar un mapa del Universo. Es natural querer tener el mejor mapa posible, el más ajustado a la realidad. Un buen mapa evita que nos caigamos por un barranco o pisemos una trampa, por eso cada día que pasa se esfuerzan en hacerlo cada vez más detallado (más preciso).

Esta labor cartográfica puede parecer sencilla gracias a nuestros sentidos. Al fin y al cabo, sin que nosotros tengamos que esforzarnos, es lo que hacen constantemente nuestra visión, oído, tacto, sabor y olfato: trazar un mapa de nuestro entorno que garantice nuestra supervivencia (me voy por la derecha que por la izquierda hay una serpiente, por ejemplo; o bien: me voy de aquí que huele a podrido y eso no puede ser bueno). Lamentablemente, nuestros sentidos distan mucho de ser perfectos. Si no hubiéramos utilizado aparatos externos a nosotros mismos (microscopio, telescopio, etc…), y si no hubiéramos aprendido a razonar sobre los datos que nos ofrecían estas extensiones de nosotros mismos, no habríamos descubierto nunca las células, las bacterias, los átomos ni las estrellas de neutrones. Descubrir todas estas cosas sí requiere un esfuerzo consciente, y una disciplina casi espartana. A cambio, disponemos del mejor mapa de la realidad que jamás haya poseído la Humanidad, y, gracias a ello, podemos disfrutar en nuestras casas de agua corriente y potable, pan relativamente barato y, por si fuera poco, sabemos que lo que está ocurriendo en el mundo es debido a un virus y no a una maldición divina.

Lo que hacemos en clase, por lo tanto, son mapas. O mejor dicho, intento enseñaros a razonar para que hagáis mapas lo más precisos posibles de la realidad. Es decir, intento convertiros en buenos cartógrafos. 

Segundo:

y más importante aún, la Física aspira a estudiar y determinar las relaciones que se dan en el Universo, más que a caracterizar un estado con un número exacto, cosa que, tal y como he explicado en el primer punto, sabemos hoy en día que no es necesariamente posible.

Lo realmente catastrófico para la Física, y para la Ciencia en general, sería que las cosas sucedieran de una forma arbitraria. Al parecer, a juzgar por nuestras observaciones, no es así como ocurre el Universo: no es arbitrario, hay una regularidad. Si salimos por la ventana, en lugar de por la puerta, caeremos a tal velocidad que es altamente probable que nos hagamos mucho daño, sobre todo si vivimos en un quinto. Los eclipses son previsibles, las estaciones también.

Es más, vemos que la presión, el volumen y la temperatura de un gas, por ejemplo, son magnitudes relacionadas entre sí y que el comportamiento del gas obedece a esta relación: que la presión, por ejemplo, no es indiferente a lo que hagan el volumen o la temperatura. Además, vemos que esa relación es lógica, coherente consigo misma: mediremos siempre la misma presión en un gas situado siempre al mismo volumen y temperatura; de la misma forma, unas gafas que funcionan bien hoy, seguirán siendo útiles mañana.

Es decir: en el sistema parece que operan unas reglas, y el sistema parece ser fiel a ellas. Estas relaciones lógicas implican la aparición de patrones (por ejemplo, las fases de la Luna). Nuestro cerebro está continuamente intentando descubrir patrones en el mundo; es muy bueno relacionando cosas; demasiado, a veces. Es tarea del pensamiento científico descubrir qué patrones existen realmente y son relevantes (órbitas periódicas de los planetas), y qué relaciones lógicas revelan, y cuáles ni siquiera existen o son irrelevantes (astrología, pareidolías, correlaciones espurias (5) ).

Si el cerebro humano, tal como lo conocemos hoy en día, llegará o no a ser capaz de comprender en su totalidad las relaciones lógicas en las que se basa el Universo es un tema abierto, pero teniendo en cuenta los logros alcanzados parecería precipitado tirar ya la toalla; y, al mismo tiempo, contemplando los retos que aún tenemos por delante, tal vez un poco prematuro e inocente dejarse llevar por la euforia.

Para acabar, me gustaría hacer un comentario sobre la relación entre la Física, y todas las ciencias en general, y las Matemáticas. La vinculación profunda entre las Matemáticas y el mundo natural no es que podamos describir éste con números (cinco dedos, tres vacas…) sino que podemos describir las relaciones lógicas que descubrimos en el mundo natural mediante las Matemáticas. Esta vinculación entre mundo natural y mundo matemático es hermosa y nos llama la atención, nos parece algo valioso (y desde luego lo es, si queremos vivir como humanos y no como meros animales), incluso nos sorprende, pero no es casualidad.

En la entrevista a Rudolf Carnap que os pasé (y que enlazo al final de esta respuesta (6) , el filósofo de la Ciencia explicaba que las Matemáticas se pueden reducir a un conjunto de relaciones lógicas, tal y como habían mostrado Gottlob Frege y Bertrand Russell a finales del siglo XIX y principios del XX, respectivamente. Si tanto el mundo natural como el matemático se fundamentan en la lógica, no es de extrañar que podamos emplear éste para explorar aquél. De hecho, la vinculación entre Matemáticas y mundo natural se ha mostrado más fiable que muchas de nuestras ideas intuitivas sobre el espacio en el que vivimos.

En conclusión:

Si la importancia de los números irracionales para la Física os ha sorprendido, ya veréis vuestra sorpresa cuando descubráis los números complejos, que sin ni siquiera “existir” (razón por la que se les llama también número imaginarios) son absolutamente imprescindibles.

La historia reciente de la Física nos invita a reflexionar sobre la naturaleza última de la realidad: más que una serie de magnitudes asociadas a números exactos, da la impresión de que la sustancia última de la realidad tenga más que ver con relaciones lógicas entre las magnitudes físicas que en ella se manifiestan. Sin embargo, no es el momento de tirar de este hilo...

El que os parezca escandaloso que no se pueda describir con un número exacto el estado de los sistemas que estudiamos indica que, en cierta medida, en este momento de vuestro aprendizaje, sois herederos de los filósofos de la escuela pitagórica, para quienes la esencia de todas las cosas (la realidad última) eran los números, y el hecho de que haya números inconmensurables, los irracionales, les supuso un verdadero trauma cuando lo descubrieron hace 2500 años. Para ellos, el que existieran números como los irracionales era casi como poner en peligro la existencia misma de la realidad.

A la Humanidad le ha llevado mucho tiempo comprender que estos números no son una amenaza para la existencia de un orden en el Cosmos, como también nos ha llevado mucho tiempo entender que el que no se pueda asociar un número exacto a un estado físico no significa que no exista la realidad.

El descubridor de los números irracionales, Hipaso de Metaponto (7), desapareció durante un viaje en barco; se supone que murió ahogado. Cuenta la leyenda que, en realidad, fueron sus propios condiscípulos pitagóricos los que le arrojaron por la borda, al no poder soportar la verdad que les había revelado.

Espero que los milenios transcurridos hayan dotado de más recursos a los seres humanos y vuestra gestión emocional sea mejor que la de los pitagóricos, sobre todo porque no me gustaría que me arrojarais al asfalto justo en el momento en que pasa un autobús urbano de Barcelona que, como todo el mundo sabe, son mucho más peligrosos que las sirenas del mar Jónico.

NOTAS:

(1preciso/a 3. adj. Dicho de un instrumento de medida: Que permite medir magnitudes con un error mínimo. Este instrumento es muy preciso: mide milésimas de milímetro.

(2) exacto/a adj. Dicho de un instrumento de medida: que mide el valor real de una magnitud, sin defecto ni exceso.

(La primera definición es del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la segunda es una elaboración propia)

(3) En el acto de medir, los errores son compañeros a los que no podemos dejar atrás. No importa lo bien que planteemos la medida: siempre llevará asociado un cierto grado de imprecisión. Esto hace que sea fundamental saber trazar y cuantificar los errores si queremos interpretar correctamente los resultados. Saber trabajar con los errores es imprescindible para saber si se puede extraer conocimiento de los resultados obtenidos.

(5) http://www.tylervigen.com/spurious-correlations

(6Rudolf Carnap: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/carnap.htm

Entrevista (recordad que hay disponibles subtítulos):

https://youtu.be/nim5t-hhV2A



(8No solo estoy pensando en el principio de incertidumbre de Heisenberg: es que, además, en muchas ocasiones, el sentido de una medición está ligado a la definición que hagamos de sistema, y esta definición dependerá del modelo que estemos considerando. Por ejemplo, al medir la longitud de la mesa... ¿tendremos en cuenta la vibración de los átomos de la mesa? Si lo hacemos, no podemos asociar un número concreto a la longitud de la mesa, sino un rango. Si no lo hacemos, entonces la longitud de lo que interpretamos como mesa no tiene en cuenta un rasgo importante (aunque tal vez no fundamental a nivel práctico para la mayoría de aplicaciones) de la realidad.