martes, junio 07, 2022

LOS DIEZ MIL NOMBRES



ATENCIÓN: El plazo se acaba el 10 de este mes de junio.


"Los diez mil nombres", la segunda parte de la saga del igualma, se publicará en la colección Somos papel hacia finales de junio. El prólogo es de Leticia Lara, la portada de Pedro Tornero y se imprimirá junto con un relato inédito titulado "Las reglas del verano". 


Esta edición funciona bajo suscripción. Para reservar un ejemplar hay que escribir al correo loscuentosfantasticos@gmail.com indicando en el asunto "Los diez mil nombres" y en el texto, vuestro nombre y las señas de envío.


Si queréis más información, escribidme un mensaje. 

Aquí os dejo con la información que proporciona el editor:





Hola a todos.


Abrimos la suscripción para esta novela de Víctor Guisado en la colección Somos Papel. Serán dos libros pues en uno solo no cabe y corresponderán a los números 7 y 8 de la colección.


Los libros tendrán los siguientes contenidos:

1.- Prólogo por Leticia Lara.

2.- «¿Podemos celebrar ya la victoria?». Novela corta que ya publicamos en el número 2 de esta colección pero que inicia al lector en el universo de la novela que da título al libro, así como a los personajes que la conforman, por lo que hemos decidido volverla a publicar en este libro pues del anterior, y como nunca hacemos almacén, no quedan ejemplares disponibles en ningún lado.

3.- «Los diez mil nombres». Novela de Víctor Guisado que publicó por entregas semanales en su blog durante un año, y que es la segunda parte del Igualma. Este universo está contado al revés por lo que su primera parte conforma el futuro de la trama que en este libro se desarrolla. Ese primer libro, «Me tragó el igualma», publicado por la editorial El Transbordador (2017), afortunadamente sigue disponible en las librerías a día de hoy.

4.- «Las reglas del verano». Novela corta. Al comentar a Víctor que íbamos a publicar otra vez «¿Podemos celebrar ya la victoria?», pues era prolegómeno de «Los diez mil nombres», me comentó que tenía ya empezada otra novela corta que servía como colofón y no nos pudimos resistir a esperar a que la terminase y publicarla también, de tal forma que en este libro reuniese los tres originales que conforman esta parte del universo «Igualma».


Debido a la extensión de los contenidos y como ya hemos comentado antes, hemos tenido que publicarlo en dos libros. Cada libro tiene 580 páginas y los dos libros (no se pueden pedir por separado), salen por 25€ con los gastos de envío incluidos. No cada libro por 25€, los dos por 25€. Disculpadme la insistencia pero alguien siempre me pregunta por esto. ¡Anda que no se ha notado el aumento del coste de papel! Lo normal es que hubiesen salido por 18/19€, pero es lo que hay.


La ilustración de la tapa es de Pedro Tornero.


Hay hasta el 10 de junio para inscribirse y esperamos que los tengáis en casa sobre la segunda quincena de junio, principios de julio a más tardar.


Como siempre comentar que no hacemos almacén y que se imprimirán exclusivamente los ejemplares que se pidan (y paguen).


Interesados escribid un email al correo loscuentosfantasticos@gmail.com indicando en el Asunto: "Los diez mil nombres" y en el texto, vuestro nombre y las señas de envío.


sábado, abril 23, 2022

LOS DIEZ MIL NOMBRES

Portada de Los diez mil nombres. Ilustración de Pedro Tornero.


“Un cerdo que no vuela, no es más que un cerdo”.
Hayao Miyazaki en Porco Rosso.

“Los diez mil nombres” es una novela de terror. De terror cósmico. Prácticamente no tendrá lectores, prácticamente no gustará a nadie. Es normal. Lo que queremos es que nos entretengan, no que nos recuerden quiénes somos, dónde estamos, qué hacemos. Ni siquiera queremos que nos inspiren. Todo aquello que nos inspira, nos obliga a participar, y participar en el juego de la vida aspirando a ser algo más que un cerdo que no vuela es enfrentarse al infinito, a la incertidumbre, a lo inquietante, a las estrellas indiferentes, a la nada… un reto difícil de asumir para seres finitos como nosotros. Los diez mil nombres es una novela de terror porque nos recuerda que somos insignificantes y frágiles. Una posible respuesta es el entretenimiento, sí. Otra posibilidad es arder en llamas, como las estrellas. Y si has llegado hasta aquí, estás obligado a escoger:

Entretenimiento: huye y olvídame, quítate la mascarilla y sé feliz
Estrellas: escribe a loscuentosfantasticosADgmailPUNTOcom

lunes, abril 04, 2022

EL VALLE DE LOS AVASALLADOS


Desde que empezó la pandemia, intentar preservar la salud es nadar contracorriente. La sociedad en su conjunto ha decidido no atender a lo que sabemos sobre el virus y su transmisión, vencida por la inercia de las costumbres. Actuar de forma coherente con el conocimiento que tenemos sobre el virus, en realidad, no habría supuesto un gran sacrificio, si hubiéramos actuado de forma coordinada. Llevar bien ajustada una mascarilla de calidad, ventilar e instalar filtros adecuados para higienizar el aire habría ayudado significativamente a reducir el número de víctimas y el dolor de muchos a cambio de un esfuerzo insignificante. Lo que afirmo no es mi opinión: está respaldado por la mejor evidencia disponible, y por lo que sabemos de Física y Biología básicas. Sin embargo, a pesar de todo, se ha decidido, de forma colectiva, que no valía la pena intentarlo.


Algunos se atreven a decir que llevar mascarilla va contra la libertad individual, cuando la realidad es que no hacerlo es un acto de violencia contra los demás, el gobierno ni siquiera se ha atrevido a prohibir las mascarillas de rejilla, a imponer las FFP2 en el transporte público, a reducir su iva, a hacer cumplir las normas. No ha atendido al deber de ejercer la autoridad, y no lo ha hecho por quedar a bien con los votantes. Ha preferido no molestar a organizar. En esta sociedad, en la que todo tiene que ser blandito para no ofender a nadie, han ganado claramente los miserables. 


Aquellos que no saben que respiran por la nariz, y les da igual llevarla al aire, o directamente viajan sin mascarilla en el transporte público, o están en recintos cerrados repartiendo su aliento por todas partes, no sienten vergüenza. De hecho, se atreven a sacar pecho, y caminan altivos; se diría que se creen auténticos revolucionarios a los que los demás les debiéramos algo. Incluso aquellos que se tapan la boca con una bufanda o con un buff se atreven a mirarnos a los ojos y a sostener nuestra mirada, como si no se hubiera explicado incontables veces que esos tejidos no sirven para filtrar los aerosoles.


Por si fuera poco, respecto a la ventilación, la mayor parte de la gente tampoco ha querido entender que los aerosoles pueden permanecer durante horas en suspensión, y que abrir las ventanas consigue que se dispersen y salva vidas y ahorra dolor. Al parecer, no tienen recursos suficientes para evitar pasar frío abrigándose adecuadamente. Y eso en un país como éste, donde temperaturas extremas son prácticamente desconocidas. Incluso un gesto tan sencillo como abrir una ventana parece un esfuerzo tan grande en esta sociedad española como el de subir una montaña. A pesar de todo, la gente está orgullosa de sí misma.


El gobierno, en sintonía con la sociedad a la que representa, no ha hecho absolutamente nada. Se ha limitado a comprar vacunas y a hacer teatro. Al ver lo poco que, en general, importa este tema, a pesar de los fallecidos y el dolor, se atreve ahora incluso a decir que la pandemia se ha acabado y actúa en consecuencia, incitándonos a volver a locales cerrados en los que no se ha tomado ninguna medida higiénica, ninguna en absoluto. Lo de comprar vacunas está muy bien, y sólo faltaría que no lo hubieran hecho, pero entiendo que quien ha asumido un cargo político (a nadie se le obliga a ello) tiene una responsabilidad que no se limita a eso. Va mucho más allá.


Hace unos años Jordi Évole acompañó unos días al entonces presidente de Bolivia Evo Morales, con la intención de entrevistarlo y hacer un reportaje sobre su gobierno. Entre otros lugares, estuvieron en un pueblo lejos de cualquier ciudad importante, un pueblo rodeado de selva y de difícil acceso. Fueron allí porque se inauguraba un polideportivo recién construido y el Sr. Morales quería jugar el partido de fútbol inaugural. Aprovechando su estancia allí, los que acompañaban a Jordi Évole tomaron imágenes del pueblo, de sus habitantes, de las calles, de los niños que jugaban en ellas…


Eran calles sin pavimentar y todos los espectadores pudimos ver grupos de niños jugando en medio de zanjas que dividían la calzada. Esas zanjas eran riachuelillos por donde corrían aguas residuales. Sí: no había alcantarillado.


Jordi Évole, después de la inauguración del polideportivo, le preguntó a Evo Morales si no era más urgente dotar de alcantarillado al pueblo. El presidente, sin inmutarse y lleno de convicción, respondió: “Se votó, y el polideportivo fue lo que la gente escogió”.


No sé si la respuesta de Evo Morales se ajusta a lo que realmente pasó en aquel pueblo boliviano, pero tengo la sensación de que sí se ajusta perfectamente a lo que hemos vivido aquí en Europa estos dos últimos años.


sábado, febrero 19, 2022

EL FIN DE LA FE





Hace unos años, un Papa hizo unas declaraciones sobre la fe que tuvieron bastante repercusión en los medios de comunicación de masas. No recuerdo exactamente qué dijo, pero sí recuerdo que tuve la impresión de que yo conocía la fe de una forma más profunda y personal que él.

No creo en el dios de la iglesia católica, ni en ningún otro. Veo el Universo vacío de voluntad o de propósito alguno. Me enfrento cada día a ese vacío, a esa falta total de sentido. A veces, sonrío con estoicismo, otras veces, alzo el escudo y escucho la lluvia repiquetear sobre su vieja madera espartana. De una forma u otra, siempre sobrevivo.

La fe de la que hablaba el Papa era un muro de cemento armado. Hiciera frío o lloviera, se mantenía impasible, como el buen cemento. Vivía de espaldas al mundo. Era una fe de animal herido, de cachorro en busca de algo mayor que él, de un padre, de alguien en los brazos del cual pudiera descansar. Lo único capaz de erosionarla era la duda. Por eso no admitía la contemplación tranquila del paisaje, ni pregunta alguna. Por eso se llamaba fe.

Mi fe, en cambio, es frágil. Camina de la mano de la duda. Es una fe de barrio pobre y asfalto roto, de despertador proletario y transporte público. De luz de sodio iluminando una autopista vacía. De amanecer luminoso y bostezo diario. Mi fe no niega el mundo. Lo busca, lo abraza. Lo mira cara a cara. Mi fe es un rostro embadurnado con el barro del mundo. Es un motor que no entiendo, y que sin embargo hace que cada mañana me ponga en marcha sin dudarlo, y que cada noche sueñe. Porque yo sueño, lo confieso. Cada noche, y también durante el día, a pesar de tener miedo, frío y hambre, porque mi fe no me priva de ninguna de estas calamidades; sólo me permite contemplar el abismo sin olvidar a quién amo, y quién me ama.

Sobre todo, mi fe no me protege del desaliento.

Envidio a David, el personaje de Las sandalias del pescador porque, ante una comisión del Vaticano, afirma que, si por un mal destino, perdiera su fe en Cristo, mantendría siempre su fe en el mundo, en la bondad del mundo.

Yo perdí mi fe en Cristo de niño, mi fe en la bondad del mundo con Darwin y mi fe en la Humanidad con la COVID-19. Cincuenta años después de haber nacido estoy cansado de la hipocresía y de las ínfulas de mis semejantes; de los automatismos y las vanidades que sustentan al ser humano. Admito que soy débil. Condorcet nunca perdió su fe en el progreso de la Humanidad, a pesar de morir guillotinado. Otros soportaron guerras mundiales y nunca perdieron su fe. No pocos, en cambio, al ver el desastre, se suicidaron.

¿Qué nos queda a los humanistas si ya no vemos humanos sobre la faz de la Tierra?

Mi fe era ingenua, como la del Papa, como la de los ilustrados, como la de los niños. Se había templado en el vacío cósmico pero no había ido las veces suficientes a comprar pan, a discutir al foro, a mendigar por los arrabales de la miseria humana.

Mi fe conocía el dolor y la soledad, pero no la estupidez humana, ni sus humos asfixiantes.

Hoy escucho el repiquetear de la lluvia, aprieto los dientes y pienso en Étienne Cabet, y en tantos otros. “Los imbéciles no sentían la tiranía, los cobardes la toleraban, los codiciosos la servían; pero… otros resistían.”, escribió el socialista utópico, francés por casualidad, humanista por vocación. Resistir.

Saber resistir.

No recuerdo con precisión lo que dijo el Papa, pero sí lo que oí en una película de Hollywood; más que una frase, o una cita, se trataba de la principal herencia que un padre le legaba a su hija, y decía así: “En el seno de la sociedad luchan dos lobos, uno blanco y otro negro. ¿Cuál de los dos ganará? Aquél al que alimentes”.

Tal vez exista un ser superior a todo, quién sabe, cómo saberlo, me da igual. No lo necesito. Necesito a mis semejantes. El ser humano es lo único que tiene el ser humano para enfrentarse a la vacuidad de todo.

Hay que rescatar al ser humano del propio ser humano. Pero no seré yo quien lo intente, pobre de mí, ratoncillo asustadizo, alimaña nocturna que evita a los dinosaurios, ignorante y torpe hasta la náusea. Esa es la fe del Papa, es su trabajo, eso es lo que el Papa pretende hacer.

Yo soy un mero cronista. 

El fracaso del hombre ante el volcán donde se forjó el anillo único no es algo mítico, ni ancestral, ni siquiera evitable: ocurre cada día, varias veces al día, casi continuamente, de hecho, y en todas partes. Yo soy testigo diario de la derrota y humillación del hombre, de la caída de la humanidad, casi de su aniquilación, vencida por sus automatismos y pasiones, sobrepasada por sus propias debilidades y miserias.

Y, sin embargo, como cronista, estoy obligado a decir que, a pesar de todo, hay una luz que brilla siempre, que no se apaga nunca. Es apenas un destello raquítico, ínfimo, pero ahí está. La voluntad de un profesor de explicar bien una idea, a pesar de tenerlo todo en contra, la capacidad de un alumno de cambiar su visión sobre el mundo, la bondad de un médico de hablar con sus pacientes para que no se sientan solos en sus males. La sabiduría de no luchar por una barra de pan en medio de una avalancha de hambrientos, aunque sepas que es la última barra de pan del mundo. La sabiduría y la bondad. Siempre en minoría.

Mi fe es no luchar por esa última barra de pan, explicar bien la lección, atender al que sufre para que no se sienta solo. Mi fe es sencilla y razonable. No es un muro de cemento, es un ratón asustado.

Mi fe es la firmeza de no aceptar las reglas de juego, si las reglas de juego son robar el pan, o no ponerte en la piel de los demás. No jugaré y me quedaré tranquilo. Tal vez me embargará la tristeza al ver los hongos nucleares iluminar el horizonte, pero no cederé: el día que no queden humanos en el mundo, yo seré la Humanidad, y moriré con dignidad. No te preocupes, Cervantes, no te preocupes, Condorcet, Rita-Levi Montalcini, Pío Baroja, Étienne no os preocupéis: ojalá estuvierais aquí para ver lo que hemos conseguido, y lo que nos queda aún por conseguir, ojalá pudiera haceros llegar este conocimiento. Pero no os preocupéis: si al final todo se hunde, vosotros seréis los últimos en mirar el mundo, vuestra bandera será lo último que caiga.

Si al final todo se hunde, con el último humano, sea quien sea, desaparecerá la Humanidad, pero estará bien, no pediremos más: nos habremos alzado del barro y habremos mirado cara a cara a las estrellas. Tal vez no consigamos llegar nunca hasta ellas, pero estará bien, porque no volveremos a ponernos nunca más de rodillas.

Mi fe es sencilla y razonable: intenta conocer el mundo, pero no para aceptarlo sino para cambiarlo. Y si no puedo cambiarlo, no renunciaré a la belleza por culpa de mi estómago. Esa es mi fe. Por eso se llama fe, y por eso es peligrosa: asquea a mis semejantes. No tolera disidentes. Obliga a las más altas metas. Molesta a los cobardes, incomoda a los ignorantes, enfurece a los codiciosos. No consuela a nadie.

Mi fe no consiste en creer en algo más allá de toda duda, sino en ser fiel a la belleza independientemente de cómo sea el mundo. No tiene mérito, es sólo conocimiento y compasión.

No tengo muchos amigos.

Pero peor sería no tener fe. Si no tuviera fe, ¿qué me distinguiría de las amebas? ¿Qué os distingue a vosotros?

domingo, mayo 30, 2021

LA SEGUNDA PRIMAVERA


 

A veces tengo la sensación de ser un personaje en una película de Miyazaki. Vivo cerca de un almendro en flor y al lado de una vía por donde los trenes vienen de y van al horizonte. En ocasiones, los oigo por la noche, pero a lo lejos. Como si la oscuridad atenuara el mundo. A mi alrededor, hay descampados donde todo está por hacer aún, y jardines donde ya se hizo todo y han sido abandonados. Acaricio a menudo a gatos cariñosos que deambulan por las calles, y veo otros que no me hacen ni caso; el aire es frío y nítido y, de vez en cuando, huele a tierra húmeda después de la lluvia. Suelen brillar las estrellas en el firmamento,  porque las luces urbanas aún son minoría, aquí donde vivo. Lo único que consiguen con su fulgor es subrayar la soledad después del toque de queda. Por las noches, las farolas flotan en medio de la oscuridad como peces abisales agazapados en las sombras. Es la segunda primavera del virus. Los humanos han quedado en evidencia, pero no importa: siguen diciendo una cosa y haciendo la contraria. No son muy diferentes a las hienas. Mientras tanto, mi mujer y yo caminamos agarrados de la mano por la calle, mirando a las montañas o a las nubes, buscando siempre la belleza, y nuestro balcón sigue regado de pétalos de flor de limonero y jazmín.

domingo, mayo 02, 2021

UNA DUDA EN MI NARIZ

 ATENCIÓN:

Este artículo es el último de una serie de artículos sobre la homeopatía y por qué sabemos que no funciona. Se puede leer independientemente de los anteriores, pero también es muy recomendable leer los anteriores, sobre todo si el lector no está familiarizado con una serie de ideas fundamentales como son las de átomo, molécula o dosis:


1- Una barra de cobre en mis manos (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/10/un-cable-de-cobre-en-mis-manos.html)

 

2- Una copa de vino en la piscina (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/11/una-copa-de-vino-en-mi-piscina.html)


3- Un OVNI en la ensalada (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2019/09/un-ovni-en-la-ensalada_25.html)

Los cuatro artículos son extensos y complejos. No se han escrito para proporcionar al lector un entretenimiento superficial y pasajero sino para dotarlo de una base de conocimiento que le permita entender por sí mismo por qué no funciona la homeopatía.


Gracias por su atención y buena suerte.



UNA DUDA EN MI NARIZ


Todos los seres humanos intentamos proteger nuestras creencias. Forman parte de nosotros hasta el punto de confundirlas con nosotros mismos en no pocas ocasiones. Esta confusión conduce a que nuestro instinto de supervivencia se active cada vez que las cuestionan. No sólo nos sentimos incómodos sino incluso amenazados, como si nuestra preservación, o la de nuestra tribu, estuviese comprometida. Sin embargo, cuestionar, dudar, o más bien saber dudar, sobre todo de nosotros mismos, es imprescindible para llegar a conocer (1). Y conocer, a su vez, es imprescindible para el florecimiento humano.


Probablemente, creer y dudar sean parte ineludible de una genuina existencia humana. Conseguir combinar ambas tendencias de forma fértil y constructiva no es en absoluto sencillo, pero tampoco es una tarea imposible. Exige, eso sí, aprendizaje y entrenamiento, y por supuesto una reflexión constante, consciente, honesta y rigurosa acerca de nuestras lealtades y de nuestros supuestos conocimientos. Tal reflexión conlleva un gran esfuerzo y un gran gasto de energía. A cambio, nos permite conocer el mundo más allá de nuestras heurísticas y gozar en toda su magnitud de nuestra condición de seres conscientes y limitados ante un Universo inmenso e indiferente.


Sin embargo, teniendo en cuenta que la disponibilidad de energía es limitada y que nuestra supervivencia y desarrollo personal no depende sólo de la exactitud de nuestro mapa mental del mundo externo sino también de nuestra posición en el grupo con el que convivimos, la realidad es que raramente cuestionamos al pelotón. Simplemente, nos dejamos llevar. Energéticamente hablando, la mayor parte de las veces nos sale más a cuenta mantenernos tras su estela que poner en duda su formación. Esta estrategia nos permite aprovechar todas las ventajas del creer sin tener que asumir ninguno de los inconvenientes del dudar.


Es un comportamiento natural y espontáneo en todos nosotros, los homo sapiens, como seres sociales que somos. Es más: es necesario. No sólo la debilidad de nuestra condición natural nos impele a agregarnos para aumentar las probabilidades de supervivencia, nuestra propia condición humana no puede desarrollarse fuera del grupo. Ningún ser humano sobrevive solo ni se hace a sí mismo. Para conseguir un buen dominio del lenguaje y las primeras representaciones abstractas del mundo necesitamos al grupo. Mientras otros géneros afilaban garras o colmillos, u olfato o vista, o cualquier otra característica física, el género homo desarrollaba una gran capacidad de representación abstracta del mundo gracias a un cerebro creciente, sustento de una mente cada vez más compleja que necesitaba crecer en el seno de un grupo, si quería alcanzar todo su potencial. La soledad no sienta bien a las mentes complejas, a no ser que seas un pulpo. En nuestro caso, el grupo nos aúpa a nuestra condición humana, y nos ofrece una ayuda imprescindible para conseguir un mapa mental del mundo.


A pesar de todo, si nos limitáramos a aceptar las ideas que nos llegan a través de otros, a seguir al grupo sin cuestionar nada para encajar mejor en él, a no dudar de nosotros mismos, probablemente estaríamos disminuyéndonos como seres humanos.


Claro que… ¿quién nos lo podría reprochar? No es culpa nuestra ser seres tan débiles y con unos sistemas perceptivos tan plagados de sesgos. Enfrentarse al grupo y a nosotros mismos en busca de la verdad es un esfuerzo considerable, incluso un riesgo inasumible, a veces. La vida es dura, el sufrimiento frecuente, la intemperie inhóspita... ¿Qué le debemos a la verdad, al Universo, a nadie? De hecho, siendo como somos (seres sociales) y siendo como es la vida, el Universo y todo lo demás (una lucha constante contra la entropía y la falta de recursos), todos nosotros acabamos fiándonos, en mayor o menor medida, de la palabra de otros, en quienes depositamos nuestra confianza, buscamos una tribu en la que acomodarnos y, en no pocas ocasiones, sin ni siquiera darnos cuenta, nos basta con la profundidad espiritual de un vendedor de crecepelos para ir tirando; sobre todo si el esfuerzo que han hecho los que nos precedieron nos aísla en una cómoda burbuja tecnológica del inclemente mundo natural (2).


Y aun así... no debemos olvidar nunca que las ideas tienen repercusiones en el mundo externo; y que nuestro deber como seres humanos es asumir la responsabilidad de dichas repercusiones, aunque lo único que hayamos hecho haya sido seguir la estela del pelotón. 


Ciertas ideas pueden destrozar la vida de muchísimas personas. Es el caso de la que ha defendido Europa contra la pandemia (“convivencia con el virus”), de la que ha defendido Greenpeace contra el arroz dorado (“los transgénicos son malos”) o de las que sostienen las pseudoterapias (“lo antiguo es más natural y, por lo tanto, mejor”, por ejemplo) (3). Los que defienden estas ideas, o han guardado silencio frente a ellas,  siempre se podrán quitar de encima la responsabilidad de las víctimas que se vayan produciendo por el camino echando la culpa a terceros o a circunstancias, y encontrar paz gracias a sus creencias (que es precisamente para lo que en realidad las quieren: para no tener consciencia, y por eso necesitan que sean incuestionables, o bien racionalizarlas hasta el punto de blindarlas frente a cualquier posible objeción).


Hay que asumir que el conocimiento no será una recompensa valiosa para la mayoría, menos aún teniendo en cuenta el gasto enorme de energía que implica, el vértigo ante un Universo indiferente y la responsabilidad colosal que conlleva en la mayor parte de casos; y todavía menos pudiendo disfrutar de la tecnología sin realizar el esfuerzo de tener que inventarla nosotros mismos (4). Al final, el que estemos dispuestos a jugárnosla dudando, en un intento continuo por conseguir mapas del mundo cuanto más precisos mejor, a pesar del desgaste y exposición que esto implica, dependerá de nuestros valores más íntimos como personas.


En el caso concreto de la homeopatía y otras pseudoterapias, no son pocos los que deciden proteger sus creencias en ellas diciendo que “la Ciencia no lo sabe todo”. Tal afirmación, en realidad, es bastante vaga. Si lo que quieren decir es que la Ciencia no puede saberlo todo, es decir, que hay fenómenos arbitrarios que están más allá de la capacidad de explicación de la Ciencia entonces deberían admitir, los que sostienen tal cosa, que creen en milagros, pero, al mismo tiempo, en la posibilidad de tasarlos, venderlos y comprarlos en los establecimientos correspondientes. No pasa nada, la vida es dura y la intemperie inhóspita… Tal vez, incluso tengan razón y al final resulte que la Ciencia no pueda explicarlo todo. Quién sabe. Pero no pueden pretender tener razón a base de invocar la magia cuando les convenga, es decir, cuando se les acaben los argumentos y no sepan cómo justificar su postura. Si la homeopatía tiene unas reglas (las estipuladas por Samuel Hahnemann) que indican cómo manipular el medio natural para obtener unos resultados, significa que admite la existencia de una estructura lógica subyacente en el medio natural, y por lo tanto los efectos de la aplicación de estas reglas deberían poder valorarse empíricamente. O hablamos de magia, o hablamos de razón. O hablamos de milagros, o hablamos de Física y Química. Los creyentes en la homeopatía, en este caso, deberían admitir, en definitiva, que no están dispuestos a un debate racional y que cuando defienden la homeopatía, o cualquier otra pseudoterapia, no están reivindicando un hecho sino haciendo proselitismo a favor de su religión.


Si lo que quieren decir, en cambio, es que la Ciencia aún no lo sabe todo, es decir, que hay cosas que la Ciencia simplemente aún no puede explicar entonces puede que sí quede margen para el debate racional, pues es verdad que ocurren cosas en el Universo que la Ciencia aún no puede explicar, como por ejemplo: su expansión acelerada, o el propio Universo, sin ir más lejos.


Ahora bien… ¡Atención!... tenemos un cierto grado de certidumbre de que el Universo ocurre, existe; sin embargo, ¿tenemos el mismo grado de certidumbre de que “ocurre” la homeopatía, quiero decir, de que funciona como terapia, de que sea eficaz?


En principio, podríamos responder a priori que la homeopatía no ocurre, porque aunque no lo sepamos todo, sí hay cosas que sabemos con un grado de certidumbre altísimo. Sabemos, por ejemplo, que la materia está constituida por átomos y moléculas (Una barra de cobre en mis manos), que los efectos de una sustancia en nuestro organismo dependen de la dosis, y que estos efectos tienden a diluirse con la dilución de la substancia (Una copa de vino en mi piscina), y que las moléculas de agua no pueden formar estructuras estables, al menos a temperatura ambiente o mayores, debido al ruido térmico (Un ovni en la ensalada), y que por lo tanto no puede tener “memoria”. 


Por todo esto, que es lo que sabemos, podríamos apostar con decisión por que los dos principios en los que se basa la homeopatía (lo semejante cura a lo semejante, y cuanto mayor sea la dilución, más potente es el efecto) no deberían funcionar y, por lo tanto, por que la homeopatía no ocurre en nuestro Universo. Una sustancia que provoque unos determinados síntomas no tiene por qué curar esos mismos síntomas (5), y cuanto más se diluye un principio activo, menor será su dosis y, por lo tanto, menor su efecto hasta que llegará un momento en que no habrá efecto alguno.


A pesar de todo, y precisamente porque admitimos que no lo sabemos todo, para responder a la pregunta de si la homeopatía funciona o no, no nos queda más remedio que observar con atención. La probabilidad a priori de que funcione es extremadamente baja, sí, pero si mediante la observación recogemos nuevas evidencias, podría ser que esta probabilidad aumentara.


Sin embargo, no es nada sencillo observar con rigor y honestidad el mundo. La integración que realiza nuestro cerebro a partir de la información sensorial que recibe tiene muchas limitaciones y adolece de numerosos sesgos. Los sesgos son desequilibrios en la percepción de nuestro entorno, errores que nos llevan a engaños a la hora de construir una imagen del mundo: cosas que vemos de una manera, y en realidad son de otra. Los engaños más conocidos son las ilusiones ópticas, pero los más peligrosos son las ilusiones cognitivas, es decir, cuando creemos saber algo que, en el fondo, no sabemos. Creer saber algo nos proporciona una gran sensación de seguridad, sin duda, pero si las cosas son de forma diferente a como creemos que son, podemos acabar tomando decisiones erróneas por culpa de las cuales sufriremos y haremos sufrir a los demás.


Con el paso de los siglos, los seres humanos hemos comprendido que la construcción de conocimiento a partir de nuestras observaciones y pensamientos es una labor ardua y difícil, y además necesariamente colectiva. Como parte de esta labor colectiva, los científicos publican el resultado de sus estudios y observaciones en revistas especializadas. De esta forma, comparten su trabajo con la comunidad, reciben críticas, aportaciones y contribuyen al conocimiento sobre una materia. No todas las revistas tienen estándares de calidad altos, ni todos los estudios que se publican en las que tienen más prestigio son confiables. La verdad es que se publica muchísima basura: trabajos mal hechos, observaciones deficientes, estudios llenos de sesgos o que se deben más a intereses espúreos que a la búsqueda de conocimiento, etc...


Para poner un poco de orden y tener una visión diáfana del estado en el que se encuentra el conocimiento sobre una materia concreta, hay personas que se dedican a hacer revisiones sistemáticas de todos los estudios que se publican sobre tal materia. Estas evaluaciones también se publican en revistas especializadas y se llaman metaestudios o metaanálisis. En estos metaestudios se examina estudio por estudio, se descartan los que no cumplen unos mínimos requisitos de calidad y se evalúan las conclusiones. Sobre este tema en concreto se puede leer el excelente artículo de Javier Yanes, enlazado al final de este texto (6). La clave es comprender que en los metaestudios se exponen las conclusiones más sólidas a las que se ha podido llegar a raíz de las observaciones llevadas a cabo.


Muy bien, y ¿qué es lo que dicen los metaestudios sobre la homeopatía? ¿Ocurren en el Universo sus supuestos efectos terapéuticos con el mismo grado de certidumbre que ocurre el propio Universo? La respuesta es rotundamente no. Y no lo digo yo, que soy un completo desconocido, lo dice un montón de gente que se juega el prestigio en estas lides. A continuación, presentaré una lista de conclusiones a las que han llegado grupos de investigación independientes que se han dedicado a analizar la evidencia presentada y, como podrá ver el lector, lo que tienen en común todas ellas es que la homeopatía no funciona mejor que un placebo, es decir, no funciona: no es un medicamento, no es una terapia (7). Vamos allá:


1 - INFORME ENCARGADO POR LA CASA DE LOS COMUNES AL COMITÉ DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA (2010) (8)


Conclusiones (extracto):


1.1 - “70. In our view, the systematic reviews and meta-analyses conclusively demonstrate that homeopathic products perform no better than placebos.” (70. En nuestra opinión, las revisiones sistemáticas y los metanálisis demuestran de manera concluyente que los productos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos.”) (8)


1.2 - “157. By providing homeopathy on the NHS and allowing MHRA licensing of products which subsequently appear on pharmacy shelves, the Government runs the risk of endorsing homeopathy as an efficacious system of medicine. To maintain patient trust, choice and safety, the Government should not endorse the use of placebo treatments, including homeopathy. Homeopathy should not be funded on the NHS and the MHRA should stop licensing homeopathic products.” (157. Al ofrecer homeopatía en el NHS y permitir que la MHRA conceda licencias de productos que posteriormente aparecen en los estantes de las farmacias, el Gobierno corre el riesgo de respaldar la homeopatía como un sistema de medicina eficaz. Para mantener la confianza, la elección y la seguridad del paciente, el gobierno no debe respaldar el uso de placebos como tratamientos, incluida la homeopatía. La homeopatía no debería ser financiada por el NHS y la MHRA debería dejar de otorgar licencias de productos homeopáticos.) (9) 2 - INFORME DE LA REAL ACADEMIA DE FARMACIA SOBRE LA POSICIÓN ACTUAL DE LOS PRODUCTOS HOMEOPÁTICOS (junio, 2017) (10): Conclusiones (extracto): “4. (...) La baja calidad en el diseño de los estudios dirigidos a demostrar la eficacia de los productos homeopáticos da poco valor a los escasos resultados positivos que están recogidos en la bibliografía. En definitiva, las conclusiones no tienen suficiente consistencia.” “6. La legislación europea en materia de medicamentos homeopáticos no obliga a los fabricantes a incluir en las especificaciones de la formulación los componentes ni sus cantidades. Sin embargo esta información es exigida en el etiquetado de alimentos y medicamentos. Las autoridades deben corregir esta anomalía y mejorar la transparencia sobre la información de medicamentos homeopáticos.” “11. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que desde un punto de vista científico no hay argumentos que apoyen la eficacia de los medicamentos homeopáticos y justifiquen su utilización clínica. Este método terapéutico puede crear falsas expectativas, sustituir a los tratamientos con eficacia demostrada, retrasar la consulta médica, e incluso llegar a comprometer la vida del paciente, y pueden poner en riesgo la salud de los ciudadanos. “12. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que las autoridades sanitarias deberían advertir a la población de la carencia de pruebas científicas que demuestren la eficacia de los medicamentos homeopáticos. Los profesionales sanitarios y concretamente los farmacéuticos deben estar comprometidos con la educación sobre medicamentos homeopáticos a la población.” En el informe de la Real Academia Nacional de Farmacia se incluyen las opiniones de diferentes organismos públicos (OMS, NHMCR, NICE,...), agencias reguladoras (FDA, EMA,...) y sociedades científicas (RCGP, RPS,...) que han realizado análisis críticos sobre los productos homeopáticos, destacando la falta de evidencia en relación a su eficacia (11).


3. El COMITÉ CIENTÍFICO ASESOR DE LAS ACADEMIAS EUROPEAS (EASAC), formado por las academias de ciencias nacionales de los países miembros de la Unión Europea, emitió el informe "PRODUCTOS Y PRÁCTICAS HOMEOPÁTICOS: EVALUANDO LAS PRUEBAS Y ASEGURANDO LA COHERENCIA EN LA REGULACIÓN DE LAS ALEGACIONES MÉDICAS EN LA UNIÓN EUROPEA”


En sus conclusiones deja claro que “no hay ninguna enfermedad conocida para la que exista evidencia sólida y reproducible de que la homeopatía sea efectiva más allá del efecto placebo.”


Además, se advierte de los daños que pueden ocasionar los productos sin evidencia científica demostrada, como son los productos homeopáticos.


Por si fuera poco: “La institución, que agrupa a una treintena de sociedades científicas —entre ellas, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales—, sostiene que las afirmaciones de los defensores de la homeopatía, como la idea de que el agua tiene una supuesta memoria —algo que no se ha demostrado nunca— son "inverosímiles e inconsistentes".” (12)


Esta es una lista sucinta de informes que se basan a su vez en metaestudios, pero que ya da una idea, a pesar de su brevedad, de la falta de evidencia sólida a favor de los supuestos efectos terapéuticos de la homeopatía. La lista podría ser mucho más extensa. Aquellos que estén interesados pueden consultar el artículo de José Vicente Soler, Catedrático Emérito de la Universidad de Murcia, titulado “Todo sobre la homeopatía” (enlazado en la referencia 12) y “Homeopathy: what does the “best” evidence tell us?” (Homeopatía: ¿Qué es lo que nos dice la mejor evidencia?), artículo en el cual Edzard Ernst realiza una revisión exhaustiva de las bases de datos Cochrane para concluir que no hay nada que indique que los productos homeopáticos tienen efecto más allá del placebo (13).


Este último autor, Edzard Ernst, también dispone de un blog personal en el que se puede encontrar mucha información sobre la homeopatía y otras pseudoterapias (14).


En conclusión: no hay un sólo metaestudio riguroso que haya encontrado indicios de que la homeopatía sea más eficaz que un placebo.


Por lo tanto, no es que la Ciencia aún no sepa explicar la homeopatía: es que no hay nada que explicar. Los preparados homeopáticos no inducen ningún fenómeno imprevisto en el Universo, no provocan nada que requiera proponer nueva Física o Química para poder explicarlo.


Ante tal panorama, lo más razonable sería evitar perder el tiempo con tal pseudoterapia (y con tantas otras…). En muchas dolencias, al retrasar la aplicación de un tratamiento realmente eficaz se pierde un tiempo precioso y esto puede acabar teniendo consecuencias nefastas. Desgraciadamente, no son pocos los padres, u otros familiares, que han puesto en manos de “médicos homeópatas” a sus seres queridos, y han visto cómo éstos pagaban las consecuencias (15).


Sin embargo, a pesar de tener todas las evidencias en contra, en un intento desesperado por salvar sus creencias, aún hoy en día quedan personas que recurren a la Mecánica Cuántica para especular sobre fenómenos cuánticos desconocidos gracias a los cuales pudiera existir la homeopatía. Es decir: se inventan teorías para justificar cosas que no existen. Cuando uno se encuentra ante fenómenos extraños o imprevistos, está bien especular, en el sentido de invertir tiempo intentando explicarlos. ¡Pero es que la homeopatía no existe! ¡No nos encontramos ante ningún fenómeno interesante e imprevisto! Más valdría perder el tiempo especulando sobre qué condiciones deberían darse en Alfa Centauri para que las hadas existieran allí. Sería un ejercicio de creatividad muchísimo más interesante.


Muchas personas ocultan su ignorancia con palabras rimbombantes con las que intentan deslumbrar a su público. En estos juegos tristes, de circo viejo y payasos fracasados, la Mecánica Cuántica es una fuente inagotable de términos. Esta rama de la Física tiene un aura de misterio del que se aprovechan innumerables charlatanes para arrimar el ascua a su sardina pero, por muy deslumbrante que parezca su discurso, no se dejen amedrentar: ¿campos cuánticos? ¿microburbujas cuánticas? ¿entrelazamiento? ¿funciones de onda? ¿no localidad?... Da igual, da lo mismo, respondan siempre lo mismo: la homeopatía no existe, en el sentido de que no es útil como terapia, más allá de lo que sería un placebo. Así que todas estas personas que mentan la cuántica para explicarla ni siquiera están haciendo ciencia-ficción sino fantasía, como si escribieran una novela de caballeros y dragones. Las novelas de fantasía pueden ser realmente entretenidas pero, por favor, si padece una enfermedad… vaya a un médico de verdad, no confíe en las hadas o en los dragones. Y mucho menos en alguien que se gane la vida defendiendo su existencia.


Al mismo tiempo, y no necesariamente de forma excluyente, otras muchas personas, para defender su creencia en la homeopatía y pseudoterapias, acusan a todas las personas que llevan a cabo estos metaestudios bien de estar subyugados por un sistema académico e institucional que les impide ver la verdad o bien de formar parte de una especie de conspiración mundial en contra de la homeopatía, es decir, que todos aquellos que niegan su eficacia están, a la postre, de una forma u otra, a sueldo de instituciones, farmacéuticas convencionales y otras industrias que estarían interesadas en negar la utilidad del invento de Hahnemann. En realidad, si la homeopatía funcionara, miles de científicos y desde luego todas las farmacéuticas estarían encantados de investigarlo. Los primeros porque tendrían la oportunidad de descubrir nuevas leyes de la Física y la Química, y eso les reservaría sin duda un hueco en los libros de Historia, al menos en los de Historia de la Ciencia, y los segundos, las farmacéuticas, porque implicaría una rentabilidad muchísimo más alta de la que obtienen ahora mismo con las medicinas convencionales, que son productos que exigen muchísima inversión para sacar beneficio. Con los productos homeopáticos, en cambio, se ahorrarían un montón de dinero en investigación y en producción y prácticamente todo serían beneficios.


A diferencia de lo que mucha gente cree, científicos e ingenieros ponen a prueba continuamente el cuerpo de conocimientos que ha acumulado la Humanidad a lo largo del tiempo. No sólo se realizan constantemente experimentos a lo largo y ancho del mundo para comprobar hasta qué punto son válidos nuestros conocimientos sino que se utilizan estos conocimientos para construir nuestro mundo. Constantemente. Si estos conocimientos no funcionaran, no habríamos podido construir el mundo que conocemos: un gesto tan sencillo, y necesario, como el de beber agua seguiría siendo una especie de ruleta rusa, todos nosotros seguiríamos infestados de virus, bacterias y parásitos; la electricidad y el magnetismo seguirían siendo misterios de circo; no habría lentes, ni aviones, ni teléfonos… en definitiva: nuestro mundo no funcionaría.


Las personas que deciden estudiar carreras de ciencias, al igual que las que deciden seguir otras ramas, no lo hacen porque pretendan vivir del engaño y la mentira sino porque tienen curiosidad por conocer el mundo y ven en esos estudios una posibilidad de vivir de sus conocimientos, no del cuento. Y esto puede ser así porque el conocimiento que acumula la Humanidad… funciona: los puentes no se derrumban, los aviones vuelan, los marcapasos marcan correctamente el ritmo y la insulina y otras medicinas mantienen con vida a millones de personas cada día a lo largo y ancho del mundo.


El consenso científico y tecnológico no es una conspiración mundial, ni una una red (una “matrix”) que nos mantenga ciegos a la auténtica realidad; es el que es porque funciona. Gracias a él disponemos de agua potable, de aluminio, cobre, acero, ropa, ascensores, calefacción y un montón de comodidades más que utilizamos prácticamente sin ser conscientes. Si no funcionara, tampoco funcionaría nuestro mundo actual, la sociedad en la que vivimos: no tendríamos agua corriente ni potable, ni ropa, ni gafas útiles, ni comida barata, ni calefacción y las máquinas que funcionan con electricidad dejarían de funcionar, en fin: todo lo que damos por hecho se derrumbaría.


¿Podría ser que nos estuviéramos perdiendo un universo entero de posibilidades, regido por leyes que aún no conozcamos? No es sólo probable que así sea sino que es seguro que así es. Nuestro conocimiento del mundo no es completo, pero esto no significa que cualquier cosa sea posible. Que no sepamos todo, no significa que no sepamos nada. Sí sabemos algunas cosas con una certeza muy alta, y ese conjunto de cosas que sabemos limita el conjunto de cosas posibles, nos guste o no. Tarde o temprano, las mejores teorías de que disponemos hoy en día serán sustituidas por otras aún mejores que nos permitirán conocer con más detalle nuestro mundo, y abrirán, efectivamente, un universo entero de posibilidades, pero eso no significa que todo lo que sabemos hoy vaya a dejar de funcionar mañana.


¿Cómo es esto posible?


Muchas personas creen que cuando se desarrolla una teoría científica nueva quedan invalidadas las anteriores. Sin embargo, esto no es exactamente así. La nueva teoría tiene que explicar nuevos hechos, sí, pero también tiene que explicar todos los anteriores, debido a lo cual, lo que acaba pasando es que la nueva teoría incorpora a la antigua como un caso particular, es decir, una teoría válida en determinadas circunstancias. El ejemplo típico es el de la Teoría General de la Relatividad de Einstein, que incorpora la de la Gravitación Universal de Newton como un caso particular válido para determinadas circunstancias. En estas circunstancias, la teoría de Einstein no invalida la de Newton en absoluto: ambas coinciden en sus previsiones.


La ampliación del conocimiento humano se debe llevar a cabo a partir de pruebas empíricas que la comunidad haya examinado y que muestren, con un grado suficientemente alto de certidumbre, que hay algún detalle fundamental que se nos ha escapado en nuestra descripción del mundo. Esta es la base de todo el progreso científico y tecnológico que sustenta nuestra sociedad moderna. Fue la observación de las fases de Venus, realizada por Galileo Galilei por primera vez, lo que hizo que el modelo heliocéntrico empezara a triunfar sobre el geocéntrico. Y fueron las observaciones del espectro de cuerpo negro y el efecto fotoeléctrico lo que impulsó la revolución de la Física Cuántica. Y no olvidemos que Darwin planteó la teoría de la evolución para explicar las observaciones realizadas a lo largo de toda una vida, y sobre todo durante su viaje en el Beagle. Wallace llegó a las mismas conclusiones de una forma completamente independiente. Un siglo después, el genetista Dobzhansky afirmó, respaldado por toda una vida de observaciones: “Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución” (16). Siempre que el conocimiento humano ha progresado, ha sido a base de resultados empíricos que había que explicar, no como resultado de querer justificar unas creencias personales sin base empírica alguna. Poco a poco, el conocimiento científico se va ampliando, con mucho esfuerzo y tesón, pero no porque forcemos nuestras teorías a respaldar nuestras creencias más queridas sino más bien por lo contrario: porque procuramos construir nuestras creencias en base a las mejores observaciones de que disponemos.


Todo el conocimiento científico que la Humanidad ha acumulado, se ha podido acumular gracias a que parece haber unas reglas lógicas operando en el mundo, es decir, lo que sucede en el Universo no parece ser arbitrario ni mucho menos estar sometido a nuestros deseos cambiantes; y porque, además, nos hemos dedicado a investigar cuáles son estas reglas lógicas, con gran esfuerzo y sacrificio.


¿Qué le debemos a la verdad para esforzarnos tanto por ella, qué le debemos al Universo, a nadie? Nada. Nos lo debemos a nosotros mismos, como seres humanos, para seguir fomentando lo mejor que hay en nosotros mismos: aquello que ve la verdad como algo hermoso y la mentira como algo feo, sucio. Si el lector decide ser fiel a la verdad por encima de cualquier otra lealtad (“Amigo soy de Platón, pero más amigo aún de la verdad”) que lo haga por amor a la belleza, o a las estrellas. Al final, ninguna otra recompensa tendrá.


Aprovecho para el último pie de foto de esta serie de artículos la frase de Hayao Miyazaki con la que Jose Blanca finaliza su libro El oficio de la duda: “Un cerdo que no vuela es sólo un cerdo”.(Foto de Sergi Periche www.BarcelonaSkyline.com)


AGRADECIMIENTOS:

He de reconocer que este último artículo ha sido posible gracias a las conversaciones que he mantenido con Jose Blanca, ilustrado y genetista, autor de “El oficio de la duda” y amigo. Gracias a sus conocimientos y a su generosidad a la hora de compartirlos, he podido ordenar y aclarar mis propias ideas. Muchas gracias, Jose, y espero que perdones que haya utilizado, como pie de foto de la última foto, la misma frase de Hayao Miyazaki que usaste tú para finalizar tu libro. Lo siento, nos inspira a los dos por igual. Si no me matas, prometo hacer algo útil por la Humanidad, algún día.

También estoy muy agradecido a mi amigo Sergi Periche por permitir que cierre esta serie de artículos con su foto del ciclista y las estrellas: si no utilizo alguna de sus fotos, siempre tengo la impresión de que me falta algo. Sergi, también me comprometo contigo a hacer algo útil por la Humanidad, algún día, si no te cansas de mí antes :)



NOTAS:


1. El papel fundamental que juega el saber dudar en la construcción del conocimiento se explica en profundidad en el libro “El oficio de la duda”, de Jose Blanca: https://jblanca.net/el_oficio_de_la_duda/. Se trata de una introducción imprescindible a la filosofía de la Ciencia.


2. Agua corriente y potable, energía y comida en abundancia, ropa barata, transportes, libros, comunicaciones instantáneas de punta a punta del planeta, medicina moderna…


3. No son pocos ya los informes que se acumulan, a estas alturas de la historia, de personas que, por tomar productos homeopáticos (o seguir cualquier otra pseudoterapia), han abandonado tratamientos médicos y este error les ha costado la vida. Desde personas víctimas del cáncer hasta niños con infecciones de oídos que hubieran remitido con un simple tratamiento antibiótico. La lista es una cadena de ejemplos que ojalá tenga fin pronto. Para casos concretos se puede consultar: 

https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa 


Y para hacerse una idea más amplia y profunda de toda esta problemática: https://www.apetp.com/ 

Por otra parte, la oposición de Greenpeace al arroz dorado, y a cualquier transgénico en general, ha contribuido a retrasar la solución a la falta de vitamina A en el sudeste asiático, lo cual obliga a la multinacional y a sus seguidores a asumir una parte de la responsabilidad de las miles de víctimas que se producen cada año debido a este problema. Para más información:

“Biotecnología y seguridad alimentaria” http://www.fao.org/worldfoodsummit/spanish/fsheets/biotech.pdf

Lo último sobre el arroz dorado: http://www.fao.org/biotech/biotech-add-edit-section/biotech-add-edit-news/biotech-news-detail/es/c/1394815/

Sobre el arroz: http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/36887/article_36967es.html

Sobre las mentiras de Greenpeace:

https://jmmulet.naukas.com/2014/06/09/greenpeace-y-el-arroz-dorado-historia-de-una-infamia/

Finalmente, la gestión de la pandemia de SARS-COV-2 que han hecho países como Australia, Vietnam o Corea del Sur, por ejemplo, demuestra que se podría haber conseguido evitar la mayor parte de víctimas que se han producido en otras regiones, como Europa. Para más información:

“Australia es una isla”, https://callejonsinsalida.blogspot.com/2021/04/australia-es-una-isla.html

4. Si la comida, el agua y el calor de cada día, día a día, dependen de lo bien que conozcas tu entorno, lo bien que sigas rastros y lo bien que sepas encender fuegos, no puedes hacer muchas tonterías. El margen para cometer errores es pequeño, y sale muy a cuenta enfrentarse al líder si empieza a decir tonterías, como por ejemplo que hay que utilizar madera húmeda para hacer fuego; pero en esta sociedad en la que basta con pagar facturas y comprar en el supermercado para tener necesidades básicas cubiertas, tal vez enfrentarse al líder, o a sus ideas equivocadas, sea un gasto de energía que no salga rentable y se obtengan más beneficios siguiéndole la corriente o guardando silencio.


5. Tomemos, por ejemplo, el caso de la cafeína: en dosis habituales, puede producir insomnio, pero eso no significa que a dosis bajas cure el insomnio. Y a dosis homeopáticas simplemente no tendrá efecto alguno, incluso con la dosis que hay en un café descafeinado no tendrá efecto alguno. Otro ejemplo: el etanol (alcohol que llevan las bebidas alcohólicas). A dosis altas, provoca borracheras, pero a nadie se le pasa la borrachera tomando una dosis pequeña de alcohol, por muy reducida que sea la dosis. Es más, el consumo habitual provoca alcoholismo y, desde luego, esta adicción no se cura tomando pequeñas dosis de alcohol.


6. Artículo de Javier Yanes sobre metaestudios: https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/tag/metaestudios/


7. El efecto placebo es aquel por el que el paciente puede experimentar una mejoría sin haber tomado medicamento real alguno. No implica una curación real, sólo una sensación de alivio transitorio de los síntomas. Es un efecto muy estudiado. Se ha detectado en niños, bebés e incluso en animales.


8. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4502.htm


9. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4504.htm#a15


10. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4506.htm


11. https://www.ranf.com/wp-content/uploads/noticias/2017/Homeopatiacompleto1.pdf


12. https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa


13. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.5694/j.1326-5377.2010.tb03585.x


14. https://edzardernst.com


15. Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas: https://www.apetp.com


16. https://online.ucpress.edu/abt/article/35/3/125/9833/Nothing-in-Biology-Makes-Sense-except-in-the-Light


jueves, abril 22, 2021

AUSTRALIA ES UNA ISLA

En el gráfico que acompaña a esta entrada se representa el número de tests llevados a cabo por positivo detectado en cada uno de los países tenidos en cuenta frente al número de fallecidos por millón de habitantes, a día 21 de abril de 2021. La siguiente es la tabla de datos:




La fuente de los datos es:  https://www.worldometers.info/coronavirus/

En el gráfico, cada país viene representado por una burbuja, las coordenadas de la cual se establecen a partir de los datos numéricos de las columnas B y C (Bi=coordenada X, Ci=coordenada Y)

Por ejemplo, si se fijan, podrán ver que Vietnam ha llevado a cabo unos 900 tests por positivo (concretamente, 914) y su burbuja está justo sobre el eje vertical. Esto indica que el número de fallecidos por millón de habitantes en Vietnam debido al SARS-COV-2 es tan pequeño que no se puede apreciar en la escala de este gráfico (concretamente, es 0,4). En el otro extremo, en cambio, podríamos fijarnos en Italia, situada en el eje horizontal y muy lejos del vertical, con casi dos mil muertos por millón de habitantes (1948) y muy pocos tests por positivo (14). El detalle importante en esta gráfica es que muestra el número de tests llevados a cabo por infectado detectado, no el número de tests totales.

De esta forma se puede apreciar claramente que, en general, los países que han realizado más tests por positivo detectado son los que han tenido un número menor de víctimas por millón de habitantes.

De hecho, se pueden observar dos grupos bien diferenciados: los que han hecho pocos tests por infectado, y han tenido muchos fallecidos (una muestra de países europeos); y los que han hecho muchos tests, y han tenido pocos fallecidos (una muestra de países y regiones de Asia y Oceanía). En el primer grupo están los países que decidieron convivir con el virus; en el segundo grupo, los que decidieron adoptar políticas de covid cero. Pero, cuidado, no hay que olvidar que son tests por positivo detectado y, por lo tanto, puede que hayan acabado haciendo menos tests totales que los países que han decidido convivir con el virus.

También hay un grupo de países (Corea del Sur y Japón) que se encuentra cerca del origen de coordenadas, entre los dos grupos bien diferenciados. Corea del Sur ha realizado claramente más tests por positivo detectado que los países europeos que aparecen en el gráfico, pero no tantos como Australia y el resto de éste grupo. Japón ha realizado incluso menos tests que UK (20 frente a 33) pero, aun así, ha conseguido tener muchos menos muertos que UK (77 frente a 1867, siempre por millón de habitantes). ¿Hay alguna cuestión cultural implicada? ¿Ha sido clave la tecnología de trazado que están utilizando los coreanos desde el inicio de la pandemia?

La cultura australiana está más cerca de la europea que de la oriental, pero en el grupo de Australia también está Vietnam, Taiwan y otros. En realidad, al menos en este grupo de países, no creo que se trate de una cuestión cultural sino de toma de decisiones políticas. Por ejemplo, tanto Australia como Vietnam decidieron que los viajeros que entraran en el país debían hacer obligatoriamente una cuarentena antes de circular libremente. Parece razonable en medio de una pandemia. Además, de esta forma, han dado trabajo al sector hotelero. Australia también ha estado utilizando tecnología de rastreo basada en posicionamiento de teléfonos móviles para controlar brotes.

Creo que este gráfico muestra claramente que el número de víctimas debido a la pandemia va a depender de la política que se adopte para enfrentarse a ella. Hay varias opciones, y los resultados van a ser muy diferentes según qué opción se escoja.

Sin embargo, los gobiernos de Europa nos han querido convencer de que la única política posible era la de convivir con el virus, costara lo que costara en vidas humanas, porque había que salvar la economía, la libertad y yo qué sé qué más. Al final, se ha destrozado la economía y la libertad. Y lo único que se ha salvado ha sido la ineptitud y la pereza (hay que recordar, además, que convivir con un virus implica darle oportunidades continuas de mutar, como se ha demostrado todos estos meses, por lo que ya de entrada, a juzgar por lo que sabemos sobre la evolución, no parece muy buena idea). Personalmente, lo que me molesta más es que se lo tengan (nos lo tengamos, como sociedad) tan creído. No soporto las ínfulas, la incapacidad de reconocer errores, la algarabía de la fiesta como si hubiera algo que celebrar. La realidad es que se ha hecho mal, al menos aquí en Europa, y se sigue haciendo mal.

Echo de menos autocrítica y reconocimiento de errores. En las tertulias, en los foros públicos, en las conversaciones entre amigos... no hay discusión sobre cómo se podrían haber hecho mejor las cosas: se acepta la pandemia como un fenómeno sobre las consecuencias del cual nosotros mismos no tuviéramos responsabilidad alguna.

Es más, hay muchas personas que adoptan el discurso triunfalista de los políticos y protegen con sus participaciones en el foro público las políticas oficiales. Australia, en principio, no existe, y cuando sale en la conversación, una de las cosas que se alegan es que no es comparable porque... es una isla. A lo largo de estos meses lo he oído como mínimo dos veces: en una conversación por escrito con amigos y en un programa de noticias matinal, por parte de una tertuliana, mientras el presentador asentía. Yo he de decir, sinceramente, que esta excusa no la entiendo. ¿Qué quieren decir exactamente con que es una isla? ¿Que es un país pequeño? ¿Que está aislado? Pero Australia ni es pequeño ni está aislado. Si definimos isla como "país rodeado por el mar sin vínculos terrestres con ningún otro país"... ¿en qué le beneficiaría exactamente esto a la hora de controlar la propagación de la covid-19? Australia tiene 25760 km de costa y España 4964 km más unos 2000 km de frontera. ¿No debería ser más difícil controlar una línea de casi 26000 km que una de unos 7000 km? En cualquier caso, creo que todas estas disquisiciones no tienen sentido en un mundo donde el tráfico aéreo es el principal medio de transporte de personas. 

Además, Vietnam no es una isla y también ha conseguido controlar la pandemia con un coste en vidas humanas bajísimo. Por si fuera poco, Vietnam es un país mucho más pobre que España: su PIB per cápita no llega a los 3000 dólares cuando el de España ya supera los 30000.


GRÁFICO: