lunes, julio 09, 2018

Teniente coronel Emilio Herrera

Emilio Herrera Linares fue un ingeniero militar español que nació en Granada en 1879 y murió en Ginebra en 1967. Estudió en la Academia de Ingenieros de Guadalajara y solicitó, una vez licenciado con el grado de teniente en 1903, el traslado a la Escuela Práctica de Aeroestación, con el objetivo de aprender a manejar esas máquinas tan fascinantes que eran cada vez más utilizadas y que permitían acceder a nuevas perspectivas sobre nuestro mundo: los aerostatos. Con el tiempo, Emilio Herrera se convertiría en un pionero de la aeronáutica no sólo en España sino en el mundo entero. Su pasión por contemplar la Tierra a alturas cada vez mayores le llevó a diseñar en 1935 un globo que podía alcanzar los veintiséis quilómetros de altura. Un vehículo así no podía ser pilotado con la protección de una simple cazadora de cuero, por muy buena que fuera y mucho que abrigara, así que Emilio Herrera diseñó también la “escafandra estratonáutica”, un traje autónomo pensado para que quien se aventurara en dominios tan elevados pudiera sobrevivir a las duras condiciones que se dan en las capas altas de la atmósfera. La guerra civil, desgraciadamente, interrumpió las investigaciones y desarrollos del para entonces teniente coronel Herrera pero su combinación de idealismo y de conocimientos sólidamento fundamentados no pasó desapercibida en el mundo y, años después, la NASA le ofreció trabajar para su programa espacial. La agencia estadounidense se había basado en los estudios del ingeniero español para desarrollar sus trajes espaciales y ofrecieron a Herrera un cheque en blanco; éste, sin embargo, puso una condición que los estadounidenses no pudieron aceptar: que la bandera española ondeara en la Luna al lado de la de Estados Unidos (lo de ondear, obviamente, es una forma de hablar). Como homenaje a este ingeniero con espíritu científico y pionero que defendió la República frente a la oleada fascista que asoló Europa, y el mundo entero, en uno de los momentos más tristes de la historia, decidí poner su nombre al submarino nuclear que aparece en el relato "El jugador impasible". Así me lo había sugerido Antonio Guisado Giménez al manifestarle yo mis intenciones de bautizar tal escenario con nombre propio, y mis problemas con esta intención porque sólo se me ocurrían nombres tópicos y manidos. He de confesar que al principio dudé: ¿No sería un poco extraño dar a un submarino nuclear el nombre de un ingeniero aeronáutico? En seguida me di cuenta, sin embargo, de que en el fondo no era nada descabellado pues Emilio Herrera sentía auténtica pasión por la Física y sus aplicaciones, tanto en lo civil como en lo militar. No sólo era seguidor y firme defensor de la Teoría de la Relatividad de Einstein (tanto de su versión restringida como de la general) sino que estaba al corriente de los últimos avances en el terreno de la energía nuclear y, de hecho, fue nombrado consultor de la UNESCO sobre física nuclear. Estoy seguro, aunque me encantaría (me respondiera lo que me respondiera) poder preguntarle a él personalmente, que Emilio Herrera veía en la energía nuclear un poder que permitiría al ser humano acceder por fin a espacios a los que antes jamás hubiera soñado llegar. La fotografía que ilustra estas líneas es de Antonio Guisado, a quien agradezco enormemente haberme presentado al teniente coronel Herrera. "El jugador impasible" es el relato que da título a la antología "El jugador impasible y otros gritos camuflados de relato", publicada por Ediciones El Transbordador

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