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viernes, diciembre 26, 2025

¿POR QUÉ SABEMOS QUE LA HOMEOPATÍA NO FUNCIONA?

Niño enfermo, pintura al óleo de Ricard Canals (1876-1931)

Hace unos años escribí una serie de artículos explicando por qué sabemos que la homeopatía no funciona. A partir de estos artículos he generado sendos vídeos usando NotebookLM. Los vídeos presentan el contenido de cada uno de los artículos de forma resumida.


Aquí os dejo el enlace a cada uno de los vídeos:


“Un cable de cobre en mis manos”

https://youtu.be/ScpSUn_hk1Q

“Una copa de vino en mi piscina”

https://youtu.be/t0zaYi2YUtQ

“Un OVNI en la ensalada”

https://youtu.be/IkUpOuUZ7DQ

“Una duda en mi nariz”

https://youtu.be/2SPAqIsRshU


Quien esté interesado en profundizar en el tema, puede consultar los artículos originales a través de los siguientes enlaces:


“Un cable de cobre en mis manos”:

https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/10/un-cable-de-cobre-en-mis-manos.html

“Una copa de vino en mi piscina”:

https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/11/una-copa-de-vino-en-mi-piscina.html

“Un ovni en la ensalada”:

https://callejonsinsalida.blogspot.com/2019/09/un-ovni-en-la-ensalada_25.html

“Una duda en mi nariz”:

https://callejonsinsalida.blogspot.com/2021/05/una-duda-en-mi-nariz.html


Los cuatro artículos son extensos y complejos. No se han escrito para proporcionar al lector un entretenimiento superficial y pasajero sino para dotarlo de una base de conocimiento que le permita entender por sí mismo por qué no funciona la homeopatía. 

domingo, mayo 02, 2021

UNA DUDA EN MI NARIZ

 ATENCIÓN:

Este artículo es el último de una serie de artículos sobre la homeopatía y por qué sabemos que no funciona. Se puede leer independientemente de los anteriores, pero también es muy recomendable leer los anteriores, sobre todo si el lector no está familiarizado con una serie de ideas fundamentales como son las de átomo, molécula o dosis:


1- Una barra de cobre en mis manos (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/10/un-cable-de-cobre-en-mis-manos.html)

 

2- Una copa de vino en la piscina (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2017/11/una-copa-de-vino-en-mi-piscina.html)


3- Un OVNI en la ensalada (https://callejonsinsalida.blogspot.com/2019/09/un-ovni-en-la-ensalada_25.html)

Los cuatro artículos son extensos y complejos. No se han escrito para proporcionar al lector un entretenimiento superficial y pasajero sino para dotarlo de una base de conocimiento que le permita entender por sí mismo por qué no funciona la homeopatía.


Gracias por su atención y buena suerte.



UNA DUDA EN MI NARIZ


Todos los seres humanos intentamos proteger nuestras creencias. Forman parte de nosotros hasta el punto de confundirlas con nosotros mismos en no pocas ocasiones. Esta confusión conduce a que nuestro instinto de supervivencia se active cada vez que las cuestionan. No sólo nos sentimos incómodos sino incluso amenazados, como si nuestra preservación, o la de nuestra tribu, estuviese comprometida. Sin embargo, cuestionar, dudar, o más bien saber dudar, sobre todo de nosotros mismos, es imprescindible para llegar a conocer (1). Y conocer, a su vez, es imprescindible para el florecimiento humano.


Probablemente, creer y dudar sean parte ineludible de una genuina existencia humana. Conseguir combinar ambas tendencias de forma fértil y constructiva no es en absoluto sencillo, pero tampoco es una tarea imposible. Exige, eso sí, aprendizaje y entrenamiento, y por supuesto una reflexión constante, consciente, honesta y rigurosa acerca de nuestras lealtades y de nuestros supuestos conocimientos. Tal reflexión conlleva un gran esfuerzo y un gran gasto de energía. A cambio, nos permite conocer el mundo más allá de nuestras heurísticas y gozar en toda su magnitud de nuestra condición de seres conscientes y limitados ante un Universo inmenso e indiferente.


Sin embargo, teniendo en cuenta que la disponibilidad de energía es limitada y que nuestra supervivencia y desarrollo personal no depende sólo de la exactitud de nuestro mapa mental del mundo externo sino también de nuestra posición en el grupo con el que convivimos, la realidad es que raramente cuestionamos al pelotón. Simplemente, nos dejamos llevar. Energéticamente hablando, la mayor parte de las veces nos sale más a cuenta mantenernos tras su estela que poner en duda su formación. Esta estrategia nos permite aprovechar todas las ventajas del creer sin tener que asumir ninguno de los inconvenientes del dudar.


Es un comportamiento natural y espontáneo en todos nosotros, los homo sapiens, como seres sociales que somos. Es más: es necesario. No sólo la debilidad de nuestra condición natural nos impele a agregarnos para aumentar las probabilidades de supervivencia, nuestra propia condición humana no puede desarrollarse fuera del grupo. Ningún ser humano sobrevive solo ni se hace a sí mismo. Para conseguir un buen dominio del lenguaje y las primeras representaciones abstractas del mundo necesitamos al grupo. Mientras otros géneros afilaban garras o colmillos, u olfato o vista, o cualquier otra característica física, el género homo desarrollaba una gran capacidad de representación abstracta del mundo gracias a un cerebro creciente, sustento de una mente cada vez más compleja que necesitaba crecer en el seno de un grupo, si quería alcanzar todo su potencial. La soledad no sienta bien a las mentes complejas, a no ser que seas un pulpo. En nuestro caso, el grupo nos aúpa a nuestra condición humana, y nos ofrece una ayuda imprescindible para conseguir un mapa mental del mundo.


A pesar de todo, si nos limitáramos a aceptar las ideas que nos llegan a través de otros, a seguir al grupo sin cuestionar nada para encajar mejor en él, a no dudar de nosotros mismos, probablemente estaríamos disminuyéndonos como seres humanos.


Claro que… ¿quién nos lo podría reprochar? No es culpa nuestra ser seres tan débiles y con unos sistemas perceptivos tan plagados de sesgos. Enfrentarse al grupo y a nosotros mismos en busca de la verdad es un esfuerzo considerable, incluso un riesgo inasumible, a veces. La vida es dura, el sufrimiento frecuente, la intemperie inhóspita... ¿Qué le debemos a la verdad, al Universo, a nadie? De hecho, siendo como somos (seres sociales) y siendo como es la vida, el Universo y todo lo demás (una lucha constante contra la entropía y la falta de recursos), todos nosotros acabamos fiándonos, en mayor o menor medida, de la palabra de otros, en quienes depositamos nuestra confianza, buscamos una tribu en la que acomodarnos y, en no pocas ocasiones, sin ni siquiera darnos cuenta, nos basta con la profundidad espiritual de un vendedor de crecepelos para ir tirando; sobre todo si el esfuerzo que han hecho los que nos precedieron nos aísla en una cómoda burbuja tecnológica del inclemente mundo natural (2).


Y aun así... no debemos olvidar nunca que las ideas tienen repercusiones en el mundo externo; y que nuestro deber como seres humanos es asumir la responsabilidad de dichas repercusiones, aunque lo único que hayamos hecho haya sido seguir la estela del pelotón. 


Ciertas ideas pueden destrozar la vida de muchísimas personas. Es el caso de la que ha defendido Europa contra la pandemia (“convivencia con el virus”), de la que ha defendido Greenpeace contra el arroz dorado (“los transgénicos son malos”) o de las que sostienen las pseudoterapias (“lo antiguo es más natural y, por lo tanto, mejor”, por ejemplo) (3). Los que defienden estas ideas, o han guardado silencio frente a ellas,  siempre se podrán quitar de encima la responsabilidad de las víctimas que se vayan produciendo por el camino echando la culpa a terceros o a circunstancias, y encontrar paz gracias a sus creencias (que es precisamente para lo que en realidad las quieren: para no tener consciencia, y por eso necesitan que sean incuestionables, o bien racionalizarlas hasta el punto de blindarlas frente a cualquier posible objeción).


Hay que asumir que el conocimiento no será una recompensa valiosa para la mayoría, menos aún teniendo en cuenta el gasto enorme de energía que implica, el vértigo ante un Universo indiferente y la responsabilidad colosal que conlleva en la mayor parte de casos; y todavía menos pudiendo disfrutar de la tecnología sin realizar el esfuerzo de tener que inventarla nosotros mismos (4). Al final, el que estemos dispuestos a jugárnosla dudando, en un intento continuo por conseguir mapas del mundo cuanto más precisos mejor, a pesar del desgaste y exposición que esto implica, dependerá de nuestros valores más íntimos como personas.


En el caso concreto de la homeopatía y otras pseudoterapias, no son pocos los que deciden proteger sus creencias en ellas diciendo que “la Ciencia no lo sabe todo”. Tal afirmación, en realidad, es bastante vaga. Si lo que quieren decir es que la Ciencia no puede saberlo todo, es decir, que hay fenómenos arbitrarios que están más allá de la capacidad de explicación de la Ciencia entonces deberían admitir, los que sostienen tal cosa, que creen en milagros, pero, al mismo tiempo, en la posibilidad de tasarlos, venderlos y comprarlos en los establecimientos correspondientes. No pasa nada, la vida es dura y la intemperie inhóspita… Tal vez, incluso tengan razón y al final resulte que la Ciencia no pueda explicarlo todo. Quién sabe. Pero no pueden pretender tener razón a base de invocar la magia cuando les convenga, es decir, cuando se les acaben los argumentos y no sepan cómo justificar su postura. Si la homeopatía tiene unas reglas (las estipuladas por Samuel Hahnemann) que indican cómo manipular el medio natural para obtener unos resultados, significa que admite la existencia de una estructura lógica subyacente en el medio natural, y por lo tanto los efectos de la aplicación de estas reglas deberían poder valorarse empíricamente. O hablamos de magia, o hablamos de razón. O hablamos de milagros, o hablamos de Física y Química. Los creyentes en la homeopatía, en este caso, deberían admitir, en definitiva, que no están dispuestos a un debate racional y que cuando defienden la homeopatía, o cualquier otra pseudoterapia, no están reivindicando un hecho sino haciendo proselitismo a favor de su religión.


Si lo que quieren decir, en cambio, es que la Ciencia aún no lo sabe todo, es decir, que hay cosas que la Ciencia simplemente aún no puede explicar entonces puede que sí quede margen para el debate racional, pues es verdad que ocurren cosas en el Universo que la Ciencia aún no puede explicar, como por ejemplo: su expansión acelerada, o el propio Universo, sin ir más lejos.


Ahora bien… ¡Atención!... tenemos un cierto grado de certidumbre de que el Universo ocurre, existe; sin embargo, ¿tenemos el mismo grado de certidumbre de que “ocurre” la homeopatía, quiero decir, de que funciona como terapia, de que sea eficaz?


En principio, podríamos responder a priori que la homeopatía no ocurre, porque aunque no lo sepamos todo, sí hay cosas que sabemos con un grado de certidumbre altísimo. Sabemos, por ejemplo, que la materia está constituida por átomos y moléculas (Una barra de cobre en mis manos), que los efectos de una sustancia en nuestro organismo dependen de la dosis, y que estos efectos tienden a diluirse con la dilución de la substancia (Una copa de vino en mi piscina), y que las moléculas de agua no pueden formar estructuras estables, al menos a temperatura ambiente o mayores, debido al ruido térmico (Un ovni en la ensalada), y que por lo tanto no puede tener “memoria”. 


Por todo esto, que es lo que sabemos, podríamos apostar con decisión por que los dos principios en los que se basa la homeopatía (lo semejante cura a lo semejante, y cuanto mayor sea la dilución, más potente es el efecto) no deberían funcionar y, por lo tanto, por que la homeopatía no ocurre en nuestro Universo. Una sustancia que provoque unos determinados síntomas no tiene por qué curar esos mismos síntomas (5), y cuanto más se diluye un principio activo, menor será su dosis y, por lo tanto, menor su efecto hasta que llegará un momento en que no habrá efecto alguno.


A pesar de todo, y precisamente porque admitimos que no lo sabemos todo, para responder a la pregunta de si la homeopatía funciona o no, no nos queda más remedio que observar con atención. La probabilidad a priori de que funcione es extremadamente baja, sí, pero si mediante la observación recogemos nuevas evidencias, podría ser que esta probabilidad aumentara.


Sin embargo, no es nada sencillo observar con rigor y honestidad el mundo. La integración que realiza nuestro cerebro a partir de la información sensorial que recibe tiene muchas limitaciones y adolece de numerosos sesgos. Los sesgos son desequilibrios en la percepción de nuestro entorno, errores que nos llevan a engaños a la hora de construir una imagen del mundo: cosas que vemos de una manera, y en realidad son de otra. Los engaños más conocidos son las ilusiones ópticas, pero los más peligrosos son las ilusiones cognitivas, es decir, cuando creemos saber algo que, en el fondo, no sabemos. Creer saber algo nos proporciona una gran sensación de seguridad, sin duda, pero si las cosas son de forma diferente a como creemos que son, podemos acabar tomando decisiones erróneas por culpa de las cuales sufriremos y haremos sufrir a los demás.


Con el paso de los siglos, los seres humanos hemos comprendido que la construcción de conocimiento a partir de nuestras observaciones y pensamientos es una labor ardua y difícil, y además necesariamente colectiva. Como parte de esta labor colectiva, los científicos publican el resultado de sus estudios y observaciones en revistas especializadas. De esta forma, comparten su trabajo con la comunidad, reciben críticas, aportaciones y contribuyen al conocimiento sobre una materia. No todas las revistas tienen estándares de calidad altos, ni todos los estudios que se publican en las que tienen más prestigio son confiables. La verdad es que se publica muchísima basura: trabajos mal hechos, observaciones deficientes, estudios llenos de sesgos o que se deben más a intereses espúreos que a la búsqueda de conocimiento, etc...


Para poner un poco de orden y tener una visión diáfana del estado en el que se encuentra el conocimiento sobre una materia concreta, hay personas que se dedican a hacer revisiones sistemáticas de todos los estudios que se publican sobre tal materia. Estas evaluaciones también se publican en revistas especializadas y se llaman metaestudios o metaanálisis. En estos metaestudios se examina estudio por estudio, se descartan los que no cumplen unos mínimos requisitos de calidad y se evalúan las conclusiones. Sobre este tema en concreto se puede leer el excelente artículo de Javier Yanes, enlazado al final de este texto (6). La clave es comprender que en los metaestudios se exponen las conclusiones más sólidas a las que se ha podido llegar a raíz de las observaciones llevadas a cabo.


Muy bien, y ¿qué es lo que dicen los metaestudios sobre la homeopatía? ¿Ocurren en el Universo sus supuestos efectos terapéuticos con el mismo grado de certidumbre que ocurre el propio Universo? La respuesta es rotundamente no. Y no lo digo yo, que soy un completo desconocido, lo dice un montón de gente que se juega el prestigio en estas lides. A continuación, presentaré una lista de conclusiones a las que han llegado grupos de investigación independientes que se han dedicado a analizar la evidencia presentada y, como podrá ver el lector, lo que tienen en común todas ellas es que la homeopatía no funciona mejor que un placebo, es decir, no funciona: no es un medicamento, no es una terapia (7). Vamos allá:


1 - INFORME ENCARGADO POR LA CASA DE LOS COMUNES AL COMITÉ DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA (2010) (8)


Conclusiones (extracto):


1.1 - “70. In our view, the systematic reviews and meta-analyses conclusively demonstrate that homeopathic products perform no better than placebos.” (70. En nuestra opinión, las revisiones sistemáticas y los metanálisis demuestran de manera concluyente que los productos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos.”) (8)


1.2 - “157. By providing homeopathy on the NHS and allowing MHRA licensing of products which subsequently appear on pharmacy shelves, the Government runs the risk of endorsing homeopathy as an efficacious system of medicine. To maintain patient trust, choice and safety, the Government should not endorse the use of placebo treatments, including homeopathy. Homeopathy should not be funded on the NHS and the MHRA should stop licensing homeopathic products.” (157. Al ofrecer homeopatía en el NHS y permitir que la MHRA conceda licencias de productos que posteriormente aparecen en los estantes de las farmacias, el Gobierno corre el riesgo de respaldar la homeopatía como un sistema de medicina eficaz. Para mantener la confianza, la elección y la seguridad del paciente, el gobierno no debe respaldar el uso de placebos como tratamientos, incluida la homeopatía. La homeopatía no debería ser financiada por el NHS y la MHRA debería dejar de otorgar licencias de productos homeopáticos.) (9) 2 - INFORME DE LA REAL ACADEMIA DE FARMACIA SOBRE LA POSICIÓN ACTUAL DE LOS PRODUCTOS HOMEOPÁTICOS (junio, 2017) (10): Conclusiones (extracto): “4. (...) La baja calidad en el diseño de los estudios dirigidos a demostrar la eficacia de los productos homeopáticos da poco valor a los escasos resultados positivos que están recogidos en la bibliografía. En definitiva, las conclusiones no tienen suficiente consistencia.” “6. La legislación europea en materia de medicamentos homeopáticos no obliga a los fabricantes a incluir en las especificaciones de la formulación los componentes ni sus cantidades. Sin embargo esta información es exigida en el etiquetado de alimentos y medicamentos. Las autoridades deben corregir esta anomalía y mejorar la transparencia sobre la información de medicamentos homeopáticos.” “11. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que desde un punto de vista científico no hay argumentos que apoyen la eficacia de los medicamentos homeopáticos y justifiquen su utilización clínica. Este método terapéutico puede crear falsas expectativas, sustituir a los tratamientos con eficacia demostrada, retrasar la consulta médica, e incluso llegar a comprometer la vida del paciente, y pueden poner en riesgo la salud de los ciudadanos. “12. La Real Academia Nacional de Farmacia considera que las autoridades sanitarias deberían advertir a la población de la carencia de pruebas científicas que demuestren la eficacia de los medicamentos homeopáticos. Los profesionales sanitarios y concretamente los farmacéuticos deben estar comprometidos con la educación sobre medicamentos homeopáticos a la población.” En el informe de la Real Academia Nacional de Farmacia se incluyen las opiniones de diferentes organismos públicos (OMS, NHMCR, NICE,...), agencias reguladoras (FDA, EMA,...) y sociedades científicas (RCGP, RPS,...) que han realizado análisis críticos sobre los productos homeopáticos, destacando la falta de evidencia en relación a su eficacia (11).


3. El COMITÉ CIENTÍFICO ASESOR DE LAS ACADEMIAS EUROPEAS (EASAC), formado por las academias de ciencias nacionales de los países miembros de la Unión Europea, emitió el informe "PRODUCTOS Y PRÁCTICAS HOMEOPÁTICOS: EVALUANDO LAS PRUEBAS Y ASEGURANDO LA COHERENCIA EN LA REGULACIÓN DE LAS ALEGACIONES MÉDICAS EN LA UNIÓN EUROPEA”


En sus conclusiones deja claro que “no hay ninguna enfermedad conocida para la que exista evidencia sólida y reproducible de que la homeopatía sea efectiva más allá del efecto placebo.”


Además, se advierte de los daños que pueden ocasionar los productos sin evidencia científica demostrada, como son los productos homeopáticos.


Por si fuera poco: “La institución, que agrupa a una treintena de sociedades científicas —entre ellas, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales—, sostiene que las afirmaciones de los defensores de la homeopatía, como la idea de que el agua tiene una supuesta memoria —algo que no se ha demostrado nunca— son "inverosímiles e inconsistentes".” (12)


Esta es una lista sucinta de informes que se basan a su vez en metaestudios, pero que ya da una idea, a pesar de su brevedad, de la falta de evidencia sólida a favor de los supuestos efectos terapéuticos de la homeopatía. La lista podría ser mucho más extensa. Aquellos que estén interesados pueden consultar el artículo de José Vicente Soler, Catedrático Emérito de la Universidad de Murcia, titulado “Todo sobre la homeopatía” (enlazado en la referencia 12) y “Homeopathy: what does the “best” evidence tell us?” (Homeopatía: ¿Qué es lo que nos dice la mejor evidencia?), artículo en el cual Edzard Ernst realiza una revisión exhaustiva de las bases de datos Cochrane para concluir que no hay nada que indique que los productos homeopáticos tienen efecto más allá del placebo (13).


Este último autor, Edzard Ernst, también dispone de un blog personal en el que se puede encontrar mucha información sobre la homeopatía y otras pseudoterapias (14).


En conclusión: no hay un sólo metaestudio riguroso que haya encontrado indicios de que la homeopatía sea más eficaz que un placebo.


Por lo tanto, no es que la Ciencia aún no sepa explicar la homeopatía: es que no hay nada que explicar. Los preparados homeopáticos no inducen ningún fenómeno imprevisto en el Universo, no provocan nada que requiera proponer nueva Física o Química para poder explicarlo.


Ante tal panorama, lo más razonable sería evitar perder el tiempo con tal pseudoterapia (y con tantas otras…). En muchas dolencias, al retrasar la aplicación de un tratamiento realmente eficaz se pierde un tiempo precioso y esto puede acabar teniendo consecuencias nefastas. Desgraciadamente, no son pocos los padres, u otros familiares, que han puesto en manos de “médicos homeópatas” a sus seres queridos, y han visto cómo éstos pagaban las consecuencias (15).


Sin embargo, a pesar de tener todas las evidencias en contra, en un intento desesperado por salvar sus creencias, aún hoy en día quedan personas que recurren a la Mecánica Cuántica para especular sobre fenómenos cuánticos desconocidos gracias a los cuales pudiera existir la homeopatía. Es decir: se inventan teorías para justificar cosas que no existen. Cuando uno se encuentra ante fenómenos extraños o imprevistos, está bien especular, en el sentido de invertir tiempo intentando explicarlos. ¡Pero es que la homeopatía no existe! ¡No nos encontramos ante ningún fenómeno interesante e imprevisto! Más valdría perder el tiempo especulando sobre qué condiciones deberían darse en Alfa Centauri para que las hadas existieran allí. Sería un ejercicio de creatividad muchísimo más interesante.


Muchas personas ocultan su ignorancia con palabras rimbombantes con las que intentan deslumbrar a su público. En estos juegos tristes, de circo viejo y payasos fracasados, la Mecánica Cuántica es una fuente inagotable de términos. Esta rama de la Física tiene un aura de misterio del que se aprovechan innumerables charlatanes para arrimar el ascua a su sardina pero, por muy deslumbrante que parezca su discurso, no se dejen amedrentar: ¿campos cuánticos? ¿microburbujas cuánticas? ¿entrelazamiento? ¿funciones de onda? ¿no localidad?... Da igual, da lo mismo, respondan siempre lo mismo: la homeopatía no existe, en el sentido de que no es útil como terapia, más allá de lo que sería un placebo. Así que todas estas personas que mentan la cuántica para explicarla ni siquiera están haciendo ciencia-ficción sino fantasía, como si escribieran una novela de caballeros y dragones. Las novelas de fantasía pueden ser realmente entretenidas pero, por favor, si padece una enfermedad… vaya a un médico de verdad, no confíe en las hadas o en los dragones. Y mucho menos en alguien que se gane la vida defendiendo su existencia.


Al mismo tiempo, y no necesariamente de forma excluyente, otras muchas personas, para defender su creencia en la homeopatía y pseudoterapias, acusan a todas las personas que llevan a cabo estos metaestudios bien de estar subyugados por un sistema académico e institucional que les impide ver la verdad o bien de formar parte de una especie de conspiración mundial en contra de la homeopatía, es decir, que todos aquellos que niegan su eficacia están, a la postre, de una forma u otra, a sueldo de instituciones, farmacéuticas convencionales y otras industrias que estarían interesadas en negar la utilidad del invento de Hahnemann. En realidad, si la homeopatía funcionara, miles de científicos y desde luego todas las farmacéuticas estarían encantados de investigarlo. Los primeros porque tendrían la oportunidad de descubrir nuevas leyes de la Física y la Química, y eso les reservaría sin duda un hueco en los libros de Historia, al menos en los de Historia de la Ciencia, y los segundos, las farmacéuticas, porque implicaría una rentabilidad muchísimo más alta de la que obtienen ahora mismo con las medicinas convencionales, que son productos que exigen muchísima inversión para sacar beneficio. Con los productos homeopáticos, en cambio, se ahorrarían un montón de dinero en investigación y en producción y prácticamente todo serían beneficios.


A diferencia de lo que mucha gente cree, científicos e ingenieros ponen a prueba continuamente el cuerpo de conocimientos que ha acumulado la Humanidad a lo largo del tiempo. No sólo se realizan constantemente experimentos a lo largo y ancho del mundo para comprobar hasta qué punto son válidos nuestros conocimientos sino que se utilizan estos conocimientos para construir nuestro mundo. Constantemente. Si estos conocimientos no funcionaran, no habríamos podido construir el mundo que conocemos: un gesto tan sencillo, y necesario, como el de beber agua seguiría siendo una especie de ruleta rusa, todos nosotros seguiríamos infestados de virus, bacterias y parásitos; la electricidad y el magnetismo seguirían siendo misterios de circo; no habría lentes, ni aviones, ni teléfonos… en definitiva: nuestro mundo no funcionaría.


Las personas que deciden estudiar carreras de ciencias, al igual que las que deciden seguir otras ramas, no lo hacen porque pretendan vivir del engaño y la mentira sino porque tienen curiosidad por conocer el mundo y ven en esos estudios una posibilidad de vivir de sus conocimientos, no del cuento. Y esto puede ser así porque el conocimiento que acumula la Humanidad… funciona: los puentes no se derrumban, los aviones vuelan, los marcapasos marcan correctamente el ritmo y la insulina y otras medicinas mantienen con vida a millones de personas cada día a lo largo y ancho del mundo.


El consenso científico y tecnológico no es una conspiración mundial, ni una una red (una “matrix”) que nos mantenga ciegos a la auténtica realidad; es el que es porque funciona. Gracias a él disponemos de agua potable, de aluminio, cobre, acero, ropa, ascensores, calefacción y un montón de comodidades más que utilizamos prácticamente sin ser conscientes. Si no funcionara, tampoco funcionaría nuestro mundo actual, la sociedad en la que vivimos: no tendríamos agua corriente ni potable, ni ropa, ni gafas útiles, ni comida barata, ni calefacción y las máquinas que funcionan con electricidad dejarían de funcionar, en fin: todo lo que damos por hecho se derrumbaría.


¿Podría ser que nos estuviéramos perdiendo un universo entero de posibilidades, regido por leyes que aún no conozcamos? No es sólo probable que así sea sino que es seguro que así es. Nuestro conocimiento del mundo no es completo, pero esto no significa que cualquier cosa sea posible. Que no sepamos todo, no significa que no sepamos nada. Sí sabemos algunas cosas con una certeza muy alta, y ese conjunto de cosas que sabemos limita el conjunto de cosas posibles, nos guste o no. Tarde o temprano, las mejores teorías de que disponemos hoy en día serán sustituidas por otras aún mejores que nos permitirán conocer con más detalle nuestro mundo, y abrirán, efectivamente, un universo entero de posibilidades, pero eso no significa que todo lo que sabemos hoy vaya a dejar de funcionar mañana.


¿Cómo es esto posible?


Muchas personas creen que cuando se desarrolla una teoría científica nueva quedan invalidadas las anteriores. Sin embargo, esto no es exactamente así. La nueva teoría tiene que explicar nuevos hechos, sí, pero también tiene que explicar todos los anteriores, debido a lo cual, lo que acaba pasando es que la nueva teoría incorpora a la antigua como un caso particular, es decir, una teoría válida en determinadas circunstancias. El ejemplo típico es el de la Teoría General de la Relatividad de Einstein, que incorpora la de la Gravitación Universal de Newton como un caso particular válido para determinadas circunstancias. En estas circunstancias, la teoría de Einstein no invalida la de Newton en absoluto: ambas coinciden en sus previsiones.


La ampliación del conocimiento humano se debe llevar a cabo a partir de pruebas empíricas que la comunidad haya examinado y que muestren, con un grado suficientemente alto de certidumbre, que hay algún detalle fundamental que se nos ha escapado en nuestra descripción del mundo. Esta es la base de todo el progreso científico y tecnológico que sustenta nuestra sociedad moderna. Fue la observación de las fases de Venus, realizada por Galileo Galilei por primera vez, lo que hizo que el modelo heliocéntrico empezara a triunfar sobre el geocéntrico. Y fueron las observaciones del espectro de cuerpo negro y el efecto fotoeléctrico lo que impulsó la revolución de la Física Cuántica. Y no olvidemos que Darwin planteó la teoría de la evolución para explicar las observaciones realizadas a lo largo de toda una vida, y sobre todo durante su viaje en el Beagle. Wallace llegó a las mismas conclusiones de una forma completamente independiente. Un siglo después, el genetista Dobzhansky afirmó, respaldado por toda una vida de observaciones: “Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución” (16). Siempre que el conocimiento humano ha progresado, ha sido a base de resultados empíricos que había que explicar, no como resultado de querer justificar unas creencias personales sin base empírica alguna. Poco a poco, el conocimiento científico se va ampliando, con mucho esfuerzo y tesón, pero no porque forcemos nuestras teorías a respaldar nuestras creencias más queridas sino más bien por lo contrario: porque procuramos construir nuestras creencias en base a las mejores observaciones de que disponemos.


Todo el conocimiento científico que la Humanidad ha acumulado, se ha podido acumular gracias a que parece haber unas reglas lógicas operando en el mundo, es decir, lo que sucede en el Universo no parece ser arbitrario ni mucho menos estar sometido a nuestros deseos cambiantes; y porque, además, nos hemos dedicado a investigar cuáles son estas reglas lógicas, con gran esfuerzo y sacrificio.


¿Qué le debemos a la verdad para esforzarnos tanto por ella, qué le debemos al Universo, a nadie? Nada. Nos lo debemos a nosotros mismos, como seres humanos, para seguir fomentando lo mejor que hay en nosotros mismos: aquello que ve la verdad como algo hermoso y la mentira como algo feo, sucio. Si el lector decide ser fiel a la verdad por encima de cualquier otra lealtad (“Amigo soy de Platón, pero más amigo aún de la verdad”) que lo haga por amor a la belleza, o a las estrellas. Al final, ninguna otra recompensa tendrá.


Aprovecho para el último pie de foto de esta serie de artículos la frase de Hayao Miyazaki con la que Jose Blanca finaliza su libro El oficio de la duda: “Un cerdo que no vuela es sólo un cerdo”.(Foto de Sergi Periche www.BarcelonaSkyline.com)


AGRADECIMIENTOS:

He de reconocer que este último artículo ha sido posible gracias a las conversaciones que he mantenido con Jose Blanca, ilustrado y genetista, autor de “El oficio de la duda” y amigo. Gracias a sus conocimientos y a su generosidad a la hora de compartirlos, he podido ordenar y aclarar mis propias ideas. Muchas gracias, Jose, y espero que perdones que haya utilizado, como pie de foto de la última foto, la misma frase de Hayao Miyazaki que usaste tú para finalizar tu libro. Lo siento, nos inspira a los dos por igual. Si no me matas, prometo hacer algo útil por la Humanidad, algún día.

También estoy muy agradecido a mi amigo Sergi Periche por permitir que cierre esta serie de artículos con su foto del ciclista y las estrellas: si no utilizo alguna de sus fotos, siempre tengo la impresión de que me falta algo. Sergi, también me comprometo contigo a hacer algo útil por la Humanidad, algún día, si no te cansas de mí antes :)



NOTAS:


1. El papel fundamental que juega el saber dudar en la construcción del conocimiento se explica en profundidad en el libro “El oficio de la duda”, de Jose Blanca: https://jblanca.net/el_oficio_de_la_duda/. Se trata de una introducción imprescindible a la filosofía de la Ciencia.


2. Agua corriente y potable, energía y comida en abundancia, ropa barata, transportes, libros, comunicaciones instantáneas de punta a punta del planeta, medicina moderna…


3. No son pocos ya los informes que se acumulan, a estas alturas de la historia, de personas que, por tomar productos homeopáticos (o seguir cualquier otra pseudoterapia), han abandonado tratamientos médicos y este error les ha costado la vida. Desde personas víctimas del cáncer hasta niños con infecciones de oídos que hubieran remitido con un simple tratamiento antibiótico. La lista es una cadena de ejemplos que ojalá tenga fin pronto. Para casos concretos se puede consultar: 

https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa 


Y para hacerse una idea más amplia y profunda de toda esta problemática: https://www.apetp.com/ 

Por otra parte, la oposición de Greenpeace al arroz dorado, y a cualquier transgénico en general, ha contribuido a retrasar la solución a la falta de vitamina A en el sudeste asiático, lo cual obliga a la multinacional y a sus seguidores a asumir una parte de la responsabilidad de las miles de víctimas que se producen cada año debido a este problema. Para más información:

“Biotecnología y seguridad alimentaria” http://www.fao.org/worldfoodsummit/spanish/fsheets/biotech.pdf

Lo último sobre el arroz dorado: http://www.fao.org/biotech/biotech-add-edit-section/biotech-add-edit-news/biotech-news-detail/es/c/1394815/

Sobre el arroz: http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/36887/article_36967es.html

Sobre las mentiras de Greenpeace:

https://jmmulet.naukas.com/2014/06/09/greenpeace-y-el-arroz-dorado-historia-de-una-infamia/

Finalmente, la gestión de la pandemia de SARS-COV-2 que han hecho países como Australia, Vietnam o Corea del Sur, por ejemplo, demuestra que se podría haber conseguido evitar la mayor parte de víctimas que se han producido en otras regiones, como Europa. Para más información:

“Australia es una isla”, https://callejonsinsalida.blogspot.com/2021/04/australia-es-una-isla.html

4. Si la comida, el agua y el calor de cada día, día a día, dependen de lo bien que conozcas tu entorno, lo bien que sigas rastros y lo bien que sepas encender fuegos, no puedes hacer muchas tonterías. El margen para cometer errores es pequeño, y sale muy a cuenta enfrentarse al líder si empieza a decir tonterías, como por ejemplo que hay que utilizar madera húmeda para hacer fuego; pero en esta sociedad en la que basta con pagar facturas y comprar en el supermercado para tener necesidades básicas cubiertas, tal vez enfrentarse al líder, o a sus ideas equivocadas, sea un gasto de energía que no salga rentable y se obtengan más beneficios siguiéndole la corriente o guardando silencio.


5. Tomemos, por ejemplo, el caso de la cafeína: en dosis habituales, puede producir insomnio, pero eso no significa que a dosis bajas cure el insomnio. Y a dosis homeopáticas simplemente no tendrá efecto alguno, incluso con la dosis que hay en un café descafeinado no tendrá efecto alguno. Otro ejemplo: el etanol (alcohol que llevan las bebidas alcohólicas). A dosis altas, provoca borracheras, pero a nadie se le pasa la borrachera tomando una dosis pequeña de alcohol, por muy reducida que sea la dosis. Es más, el consumo habitual provoca alcoholismo y, desde luego, esta adicción no se cura tomando pequeñas dosis de alcohol.


6. Artículo de Javier Yanes sobre metaestudios: https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/tag/metaestudios/


7. El efecto placebo es aquel por el que el paciente puede experimentar una mejoría sin haber tomado medicamento real alguno. No implica una curación real, sólo una sensación de alivio transitorio de los síntomas. Es un efecto muy estudiado. Se ha detectado en niños, bebés e incluso en animales.


8. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4502.htm


9. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4504.htm#a15


10. https://publications.parliament.uk/pa/cm200910/cmselect/cmsctech/45/4506.htm


11. https://www.ranf.com/wp-content/uploads/noticias/2017/Homeopatiacompleto1.pdf


12. https://sites.google.com/view/psedociencias-jose-vicente/todo-sobre-la-homeopat%C3%ADa


13. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.5694/j.1326-5377.2010.tb03585.x


14. https://edzardernst.com


15. Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas: https://www.apetp.com


16. https://online.ucpress.edu/abt/article/35/3/125/9833/Nothing-in-Biology-Makes-Sense-except-in-the-Light


miércoles, septiembre 25, 2019

UN OVNI EN LA ENSALADA

ADVERTENCIA

Apreciado lector, este artículo es muy extenso. No es una lectura ligera ni rápida. Su objetivo es transmitir un par de ideas fundamentales:

la primera es que las moléculas de agua están constantemente en movimiento,

la segunda es que la velocidad a la que se mueven en estado líquido (o gaseoso) impide que formen estructuras estables.


Si para decir esto bastan dos o tres líneas, ¿por qué, entonces, escribir un artículo tan largo? Porque considero que es importante comprender cómo hemos llegado a saber lo que sabemos, cuáles son las evidencias de que disponemos y cómo las interpretamos. Si se conforma con creer en lo que digan los divulgadores científicos, este artículo no es para usted. Pero si le gusta profundizar en el conocimiento científico y en su historia, creo que le gustará, a pesar de su extensión.

En el siguiente texto se asume que el lector está familiarizado con los conceptos de átomo y de molécula. Si no es así, es muy recomendable leer los dos primeros artículos de esta serie antes de iniciar la lectura del presente:

I) Una barra de cobre en mis manos
II) Una copa de vino en mi piscina

Buena suerte.

UN OVNI EN LA ENSALADA

..I..
..EL MISTERIO..

  Me pasé buena parte de mi infancia contemplando el firmamento. Tenía la esperanza de avistar una nave extraterrestre tarde o temprano. Aparentemente, era un niño normal: iba al colegio, estudiaba, cumplía con los recados que me encargaban mis padres. No daba problemas. Sin embargo, en el fondo, me parecía más a un náufrago o a un vigía que a un niño. Creía que ver un OVNI, un Objeto Volador No Identificado, un prodigio inexplicable en el cielo, algo que mi imaginación infantil inmediatamente identificaría con una nave extraterrestre, me demostraría, como ningún otro fenómeno, que el Universo no se acababa entre las cuatro paredes de mi casa, o del colegio, o en el diminuto pueblo donde vivía; me rescataría de la rutina, haría evidente, en definitiva, que no estaba condenado al aburrimiento.

Portada del libro Los visitantes, libro que marcó mi infancia.

        Mientras esperaba a que se produjera tan feliz avistamiento, pasaba las semanas, y los meses, y los años, leyendo artículos de divulgación de Isaac Asimov y Carl Sagan, libros de Erich von Däniken y viendo películas de Spielberg y programas del Dr. Jiménez del Oso. Aún no lo sabía, porque aún no había tenido tiempo de ir poniendo nombre a tantas cosas como contiene el mundo, pero era un cazador de misterios.
  Sólo había una cosa que me molestaba más que la falta de imaginación y la ausencia de OVNIs en el cielo, y era que intentaran engañarme con el misterio. No podía soportar que me mintieran. Esto no ha cambiado; en este sentido sigo siendo tan niño como lo era hace décadas: no llevo nada bien que se aprovechen de mi ignorancia y mi capacidad de maravilla, ni de la de nadie, para vender supercherías, menos aún si intentan arropar tal venta con el prestigio de la Ciencia.

Pirámides de Gizah. Lugar común de los cazadores de misterios, tanto de los honestos como de los deshonestos.

  Poco a poco, a fuego lento, y de vez en cuando a martillazos, se iba forjando mi mentalidad científica. Dicho sea de paso, siempre he creído que en la base de tal mentalidad hay más un impulso visceral hacia la belleza que una búsqueda ordenada de conocimiento: me parecía más bella la verdad que la mentira, simplemente. El engaño se me antojaba, y se me antoja, repulsivo. Como una mala obra de arte, una de esas que en lugar de inspirarte te dejan vacío por dentro. Hasta donde llega mi memoria, siempre he tenido, o he intentado tener, la misma actitud que Richard Feynman: “Puedo vivir con la duda. Y con la incertidumbre. Y no sabiendo. Pienso que es mucho más interesante vivir no sabiendo que tener respuestas que pueden estar equivocadas.” (1)

Richard Feynman (1918-1988). Fotografía en su placa de identificación en el laboratorio de Los Álamos
Con el tiempo he aprendido dos cosas, a saber: que el mundo está lleno de misterios, y que los mejores son los más humildes. Poco a poco, fui vislumbrando que para descubrir hechos misteriosos que expandieran las fronteras de mi entorno cotidiano bastaba con observar atentamente ese mismo entorno cotidiano. No eran necesarias, en realidad, naves en los cielos. Hay que aprender a observar, y también a pensar, porque los mejores misterios no parecen misterios y están al alcance de cualquiera.
Ver un fantasma, ser testigo de un fenómeno de telekinesia o comunicarme telepáticamente con alguno de mis amigos hubiera sido espectacular (hicimos varios experimentos), pero al final fue mucho más gratificante y transformador estudiar cosas tan cotidianas como los péndulos, las brújulas, los fósiles o, simplemente, las gotas de agua. Observando con atención una simple gota de agua, podemos enfrentarnos de repente a hechos desconcertantes.

Reunión de gotitas de agua sobrevolando la ciudad de Barcelona. Fotografía de Sergi Periche - BarcelonaSkyline.com

Esto es lo que le ocurrió a Robert Brown, un botánico escocés nacido en 1773. Mientras estudiaba la polinización de las plantas, se dio de bruces con algo sorprendente, profundamente enigmático. Fue como si encontrara un OVNI en algo tan cotidiano y familiar como una ensalada. Y, a diferencia de otros avistamientos, éste sí quedó certificado por toda la comunidad científica, a pesar de que ni uno sólo de sus miembros fue capaz de darle una explicación satisfactoria durante casi ochenta años.

Robert Brown (1773-1857)
Camarero, hay un OVNI en mi ensalada.
¿Qué clase de objeto volador vio Robert Brown? En realidad, más que volador, avistó objetos en suspensión. Cuando los granos de polen se rompen, liberan su contenido en el medio. Gracias a un microscopio de la época, Robert Brown vio este contenido como partículas que salían del grano de polen y se dispersaban por el agua. Estudiando estas partículas con atención, Robert Brown se dio cuenta de que se movían continuamente, sin descanso, y además de forma errática, imprevisible.
La pregunta era: ¿por qué se movían? Si el agua en la cual estaban en suspensión se encontraba totalmente en reposo, si no había corriente alguna... ¿por qué no se detenían aquellas partículas diminutas? ¿Qué era lo que las impulsaba? Resultaba muy desconcertante.

Cuando al coche se le acabe la gasolina, o la batería, se parará. ¿Por qué las partículas que contienen los granos de polen, suspendidas en el agua, no se paran nunca?
Brown no fue el primero en observar este OVNI en la ensalada, pero sí fue el primero en prestarle la atención que merecía. Otros investigadores habían descubierto anteriormente los gránulos bailarines, y habían dejado constancia de sus observaciones, sin darles mayor importancia. Seguramente, no pocos de ellos confundieron las partículas en suspensión y su movimiento sin descanso con animales microscópicos, con seres invisibles a simple vista. No sería de extrañar que, otros muchos, dada la época y sabiendo perfectamente lo que estaban observando, atribuyeran el movimiento incesante de los gránulos a su cualidad de cosa viva, es decir, no sería de extrañar que consideraran su movimiento como una manifestación de su “esencia vital”. Al fin y al cabo, una de las características que distinguen la materia viva de la inerte es, precisamente, el movimiento, y según una creencia muy extendida de la época, heredada de la antigúedad, este movimiento sería posible gracias a una energía propia de lo vivo: una “energía vital”, una esencia que habitaba los cuerpos vivos y los impulsaba. Hay que aclarar que lo que entendían ellos por movimiento era más amplio que lo que entendemos hoy en día: “movimiento” no era sólo cambio de posición (que sería su significado actual), también era cambio de estado. Por ejemplo, razonaban, las plantas no cambian de posición, pero sin duda son seres vivos porque cambian de estado: florecen, dan fruto, se reproducen,... El movimiento de estas partículas, por lo tanto, no era más que una manifestación de su “vitalidad”. Y lo dejaron ahí.

Robert Brown cita en su trabajo que observa movimiento incesante en partículas que hay en el interior de los granos de polen, una vez se rompen estos y su contenido se desparrama por el medio. Según Brown, estas partículas, en el caso de la especie que estaba estudiando, son del orden de entre 5 y 6 micrómetros, aproximadamente. El tamaño de los granos de polen depende de la especie. El grano de polen más pequeño es del orden de 6 micrómetros de diámetro, mientras que los mayores pueden llegar a 90-100 micrómetros. Un micrómetro es la millonésima parte de un metro, o la milésima parte de un milímetro. La imagen está tomada de un vídeo muy recomendable de Alejandro del Mazo Vivar. El grano de polen de la imagen es demasiado grande como para experimentar movimiento browniano, en cambio, las partículas que contenía sí lo experimentan, tal y como se puede apreciar en el vídeo

Pero Brown no: algo había en aquellos movimientos inquietos de las partículas surgidas de los granos de polen que fascinó a Brown como me habría fascinado a mí ver un OVNI en el firmamento. Tal vez, digno súbdito de una monarquía que estaba a punto de entrar en la era Victoriana, no se dejó secuestrar por epifanía emotiva alguna; pero, en cualquier caso, lo más importante es que hizo lo que había que hacer: estudió el fenómeno realizando experimentos.
La primera tarea a la que se entregó fue comprobar que esos mismos movimientos se produjeran con partículas procedentes de otras plantas diferentes a las que utilizó por primera vez, y vio que sí; luego probó con partículas de plantas que llevaban mucho tiempo muertas. Y se producían igualmente. Pero, claro, ¿quién podía asegurar que tales partículas, y en especial los granos de polen, no conservaran algo de “esencia vital”?
Así que lo siguiente que probó fue pulverizar multitud de sustancias de diferentes procedencias y constató que todas, una vez reducidas a partículas de tamaño equiparable al de las partículas que surgían de los granos de polen, presentaban movimientos incesantes cuando se suspendían en agua. No importaba su procedencia. Pulverizó fragmentos de fósiles, y sustancias que nada tenían que ver con lo vivo, incluso una muestra de la Esfinge, y estalactitas, obsidiana, lava, meteoritos de diversos orígenes, manganeso, bismuto, cenizas volcánicas... Todo ello machacado y trillado hasta obtener partículas del mismo tamaño que el de aquellas partículas contenidas en los granos de polen, y al observarlas al microscopio, suspendidas en agua, exhibían todas ellas el mismo movimiento caótico de los granos de polen, fuera cual fuera su origen, orgánico o no. Estaba claro que la causa del movimiento nada tenía que ver con esencia vital alguna.

Conocer el mundo es como escalar una montaña. No hay cima fácil si el reto vale la pena, y el peligro de caer en el abismo del error es constante. Fotografía de George Lowe de la expedición de 1953 al Everest. En esta expedición Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros seres humanos que lograron coronar la cima del Everest.

Robert Brown comunicó sus observaciones a la comunidad científica en 1828 (2), y no tardaron en proponerse diferentes explicaciones para el fenómeno. Hubo quien supuso que las partículas estaban cargadas eléctricamente y su movimiento era debido a la atracción o repulsión electrostáticas; o que el proceso de evaporación que sufría constantemente el agua provocaba micro-corrientes en su interior que, a su vez, causaban el movimiento caótico de las partículas en suspensión. Ninguna de estas explicaciones convenció a Brown y, para refutarlas, realizó un experimento muy interesante.
Cubrió las gotas de agua, en las que se encontraban en suspensión los gránulos, con otro fluido que no pudiera mezclarse con el agua y, a la vez, que no se evaporara fácilmente. Un fluido que cumple todos estos requisitos es el aceite y, en particular, el aceite de almendra, que fue el que utilizó Brown. Gracias al aceite, la evaporación del agua quedaba bloqueada, sin embargo, el movimiento caótico de los gránulos en suspensión seguía como si tal cosa: era tan impredecible y vigoroso como antes de utilizar aceite, así que no parecía tener nada que ver con corrientes debidas a la evaporación. Por si fuera poco, Brown observó que en algunas gotitas de agua quedaba encerrado, en ocasiones, un único gránulo, e incluso así manifestaba el típico comportamiento errático, por lo que tampoco parecía necesario que hubiera repulsión eléctrica entre granos.

El ser humano ante el misterio. La imagen corresponde a la carátula de la película La niebla, basada en un relato de Stephen King.
¿Qué era, entonces, lo que generaba el movimiento incesante de las partículas microscópicas en suspensión en el agua? ¿De dónde sacaban su energía, que parecía inagotable? Robert Brown y sus contemporáneos, y los científicos de las generaciones siguientes durante casi ochenta años, tuvieron que admitir que no lo sabían. No es que les faltara imaginación para entender lo que estaba ocurriendo, es que no se habían desarrollado aún las herramientas adecuadas. Si Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) hubiera nacido en la época en la que se construyeron las pirámides, nunca habría escrito su Requiem, ni ninguna de sus sinfonías. Somos hijos de nuestra época tanto, o más, que de nuestros genes. La persona que nació en el siglo XVIII y llegó a ser W. A. Mozart habría sido una persona totalmente diferente si hubiera nacido antes de que existieran las orquestas sinfónicas. Tanto el arte como la ciencia son labores colectivas, aunque haya un fuerte componente individual en ambos campos (3).

..II..
..LA SOLUCIÓN..

Las herramientas matemáticas y los conceptos necesarios para entender lo que estaba ocurriendo no se habían desarrollado aún del todo en el momento en que Brown comunicó sus observaciones; pero los cimientos sobre los que asentar la comprensión de lo que se dio en llamar “movimiento browniano” sí empezaban a fraguarse ya. La visión corpuscular de la materia, que hundía sus raíces en la Grecia clásica, no había logrado nunca imponerse, pero tampoco había desaparecido por completo del pensamiento occidental. A partir de principios del siglo XVIII hubo pensadores que se atrevieron a sugerir que ciertas propiedades de los gases podían explicarse por el movimiento de las partículas que los constituyen. Estas primeras hipótesis no tuvieron mucho recorrido, y en algunos casos extremos condenaron a sus autores al ostracismo, pues se consideraban ideas sin fundamento y demasiado especulativas. De hecho, en aquella época aún no podían explicar ningún fenómeno que no pudiera explicarse mediante otras ideas más aceptadas (4).
Las cosas iban a empezar a cambiar apreciablemente a partir de principios del siglo XIX, momento en el que la concepción corpuscular de la materia entraría, por fin, con fuerza en la historia de la Ciencia gracias a John Dalton (1766-1844), quien dio a conocer en 1803 su teoría atómica de la materia, aproximadamente unos veinte años antes de que Brown publicara sus observaciones. Según la teoría atómica de Dalton toda la materia está formada por corpúsculos extremadamente pequeños (muchísimo más pequeños que un grano de polen, incluso muchísimo más pequeños que las partículas que contienen).

John Dalton (1766-1844)
        Para referirse a estas porciones menudísimas de materia, John Dalton recuperó una palabra muy antigua: “átomo”, que significa “sin división” en griego clásico. Los átomos de una sustancia tendrían características propias que los distinguirían de los de otras, un peso diferente, por ejemplo; es decir, el peso de los átomos de azufre sería diferente al correspondiente a los de plomo, y el de éstos sería diferente al de los de flúor, oxígeno o cobre.
Con el tiempo, se vio que los átomos más ligeros son los de hidrógeno, y que el agua está formada por una combinación de átomos de oxígeno e hidrógeno. Hoy en día, a las combinaciones entre átomos, las llamamos moléculas. Estableciendo un símil con el lenguaje, podríamos decir que los átomos son letras, y las palabras, moléculas. En las escasas dos décadas entre la publicación de la teoría atómica de Dalton y las observaciones de Brown no había habido tiempo para asimilar y desarrollar todas las implicaciones que la teoría ofrecía; de hecho, aún quedaba alrededor de un siglo para que los átomos fueran universalmente aceptados como entes reales.
Un siglo es mucho tiempo para un ser humano, pero para la Historia no es más que un suspiro. En el momento en que Dalton enunció su modelo atómico, la idea de que la materia es discontinua y está formada por átomos ya era antigua. La habían propuesto Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera en la Grecia clásica, entre los siglos V y IV a. C, pero nunca durante esos milenios, a pesar de mantenerse viva en la mente de muchos pensadores, se había llegado a imponer a la visión preponderante, según la cual la materia se podía dividir indefinidamente.

Demócrito de Abdera (siglos V - IV a. C.). Busto de bronce identificado con Demócrito de Abdera, aunque con dudas. Actualmente en el Museo Arqueológico de Nápoles

¿Qué diferencia fundamental había entre la propuesta de los filósofos clásicos y la de John Dalton? La de Leucipo y Demócrito era una idea filosófica que no buscaba el contraste experimental: lo que querían era entender el mundo mediante la razón pura. No concebían la posibilidad de realizar experimentos. John Dalton, en cambio, formaba parte de una época en la que los laboratorios se consideraban las forjas del conocimiento y los experimentos tenían que ser parte fundamental de un discurso, si éste quería ser considerado científico. Como consecuencia de esta mentalidad moderna, John Dalton recuperó la visión atomista de la materia y la sintetizó en unos pocos principios con la intención de poder explicar una serie de resultados experimentales sobre los que había acuerdo generalizado a esas alturas de la Historia, como, por ejemplo, la conservación de la masa durante las reacciones químicas, bien establecida años atrás por Antoine de Lavoisier (1743-1794) (5).
El que la masa se conserve durante cualquier reacción química no es evidente, más bien es contra-intuitivo; pero Lavoisier había demostrado que así era, y había consenso en la comunidad de filósofos naturales a este respecto. John Dalton, con su teoría atómica, no sólo explicó por qué era así sino que demostró que necesariamente tenía que ser así, en caso de que la materia estuviera formada por átomos.
Por lo tanto, a diferencia de Leucipo y Demócrito, Dalton había planteado una hipótesis en un lenguaje lo más preciso posible para que tal hipótesis pudiera estar sujeta a revisión empírica; es decir, había planteado una hipótesis científica moderna: su teoría atómica de la materia era una forma de explicar por qué en el laboratorio se obtenían unos resultados y no otros; y cuando se encontraran resultados que no encajaran en lo que preveía, habría que matizarla para poder explicar lo que se fuera encontrando (tal y como ocurrió con los experimentos con tubos de rayos catódicos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y en adelante...)

Malvados científicos cientificistas manipulando genes de gatito inocente para llevar al mundo a la hecatombe definitiva… Bueno, no: en realidad es sólo un cuadro de Joaquín Sorolla titulado “Una investigación”. En él se puede ver a un grupo de científicos reunidos en un laboratorio.

La idea de átomo que propuso Dalton fue un éxito, en el sentido de que podía explicar multitud de resultados experimentales y prever otros. Gracias al nuevo planteamiento, las reacciones químicas podían comprenderse y explicarse como nunca antes en toda la historia de la Humanidad. A pesar de ello, no fue aceptada fácilmente por buena parte de la comunidad científica. El que la materia estuviera formada por partículas tan diminutas que ni siquiera fueran visibles era algo demasiado alejado de la experiencia cotidiana (sobre todo en una época en la que ya existían microscopios, y a pesar de ello seguían sin poder atisbarse tales briznas de materia) y fue considerada, por muchos y durante mucho tiempo, sólo un truco conveniente que permitía cuadrar los números, pero nada más. Ni siquiera el trabajo de James Clerk Maxwell (1831-1879) y Ludwig Boltzmann (1844-1906), desarrollado a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, logró convencer a los más escépticos.

James Clerk Maxwell

Ludwig Boltzmann

Ambos físicos fueron más allá de Dalton. No se conformaron con aplicar la teoría atómica a las reacciones químicas. Recogieron el testigo de aquellos que habían trabajado en la línea de pensamiento según la cual las propiedades de los gases se podían explicar a partir del movimiento de las partículas que los forman; y no se limitaron a los gases: Maxwell y Boltzmann intentaron deducir todas las propiedades de la materia a partir de estas ideas. Inauguraron, de hecho, la Mecánica Estadística, una rama de la Física cuyo objetivo es explicar cuantitativamente cómo las características de los sistemas físicos suficientemente grandes como para ser visibles emergen a partir de los constituyentes microscópicos que los forman. ¿Por qué la presión de un gas es la que es cuando se encuentra a tal volumen y temperatura, y no otra? ¿Qué son las transiciones de fase? ¿Por qué se producen cuando una sustancia absorbe o pierde calor? ¿Qué es el calor? ¿Qué es la temperatura? ¿Por qué se necesita una cantidad de calor para subir una cierta temperatura el hielo y otra cantidad diferente para subir la misma temperatura el agua líquida? ¿Por qué las máquinas no pueden alcanzar nunca un rendimiento del 100%? La Mecánica Estadística de Maxwell y Boltzmann era un intento de encontrar respuesta a todas estas preguntas, y muchas otras, a partir de la idea de que toda la materia está formada por átomos, o moléculas, que se mueven a diferentes velocidades. Gracias a los desarrollos con que Maxwell y Boltzmann enriquecieron la visión atomista de la materia empezaron a encontrarse respuestas empíricamente revisables. ¿Cómo lo lograron?

Escena de la serie Genius dedicada a Einstein en la que Einstein intenta explicar mediante la dispersión de lápices el planteamiento de Boltzmann sobre la irreversibilidad de los procesos macroscópicos.

Desde luego, no empezaron de cero. Heredaron el trabajo realizado por pioneros como Daniel Bernouilli (1700-1782) y Rudolf Clausius (1822-1888), pero también de otros que les precedieron y les sucedieron y que habían ido plantando ideas como semillas que luego Maxwell y Boltzmann harían madurar hasta su plenitud. Gracias a los desarrollos de estos últimos, lo que se había dado en llamar teoría cinético-molecular de la materia consiguió explicar los primeros fenómenos que no podían explicar teorías rivales (6).
       En esencia, Maxwell y Boltzmann aplicaron las matemáticas estadísticas a grandes colectividades de partículas que no podían ser tratadas individualmente. A partir de su trabajo, aprendimos a contar en cuántos estados diferentes podían encontrarse las partículas del sistema, y cuál era la población de cada uno de estos estados y, por lo tanto, pudimos aplicar probabilidades y extraer resultados y propiedades macroscópicas sin necesidad de resolver trillones de ecuaciones del movimiento (una para cada átomo o molécula que forme el sistema).
Tras el trabajo de Maxwell y Boltzmann, quedó claro que no todos los átomos o moléculas que constituyen un sistema físico (como, por ejemplo, el agua contenida en un vaso) se mueven a la misma velocidad. Demostraron, así mismo, que la temperatura de un sistema es una medida de la velocidad promedio a la que se desplazan, o vibran, las partículas que lo integran: cuanto mayor sea la velocidad promedio, más alta será la temperatura del sistema.

En el eje horizontal se sitúan las velocidades posibles, en el vertical, el número de partículas que se mueven a esa velocidad. Hay partículas que se mueven a una velocidad muy por encima de la media, y otras bastante por debajo. La temperatura de un cuerpo está relacionada con la media de la velocidad a la que se mueven sus partículas. La mayoría de moléculas de oxígeno en el aire a 20ºC se mueven a velocidades que se sitúan alrededor de los 450 metros por segundo, y la mayoría de moléculas de agua, a la misma temperatura, a unos 600 m/s. Esta gráfica está tomada del artículo de la Wikipedia dedicado a la distribución de Maxwell-Boltzmann. En la esquina superior derecha se indica la temperatura y el color correspondiente. Como puede observarse, a medida que la temperatura aumenta también lo hace la velocidad media de las partículas (moléculas de oxígeno, en este caso)

Aplicando Matemáticas Estadísticas al inmenso conjunto de átomos que forman cualquier objeto macroscópico, lograban deducir sus propiedades termodinámicas, ya fuera el sistema en cuestión un cierto volumen de atmósfera, un grano de sal o un vaso de agua (7). Es decir, deducían las características de los objetos visibles (macroscópicos) a partir del comportamiento de sus constituyentes microscópicos (invisibles a simple vista). Boltzmann, además, consiguió relacionar un concepto fundamental como el de entropía con el estado del sistema a escala microscópica, relación que fue grabada para la posteridad como epitafio en su tumba en Viena (8).

Ludwig Boltzmann. Epitafio en su tumba.

A pesar de todos los éxitos que cosechó, la idea de átomo siguió viéndose como algo extravagante por buena parte de la comunidad científica hasta bien entrado el siglo XX. Ernst Mach (1838-1916), y otros, consideraban que la Ciencia no debía recurrir a ideas metafísicas, sino que debía fundamentarse en objetos percibidos directamente por nuestros sentidos. En aquella época, no había forma de ver los átomos. En consecuencia, según Mach, y otros que pensaban como él, no sólo NO debía considerarse a los átomos como entes reales sino que debía descartarse la misma idea de átomo como algo sobre lo que pudiera hacerse Ciencia. Sostenían que era innecesario preguntarse cuál era la realidad subyacente a la Termodinámica. Consideraban que ésta ya era una Ciencia completa, e ideal, pues se limitaba a hacer lo que tenía que hacer la Ciencia: ordenar nuestras percepciones, decirnos qué podíamos esperar ver en el laboratorio y qué no, sin recurrir a ideas que no tuvieran lo que ellos consideraban una comprobación sensorial directa (9).

Ernst Mach (1838-1916)
Para Ernst Mach, por lo tanto, la labor a la que se entregaron durante buena parte de su vida Maxwell y, sobre todo, Boltzmann no valía la pena y rayaba en lo ridículo. De hecho, Boltzmann y Mach sostuvieron al respecto agrias polémicas durante años; enfrentamientos que contribuyeron a hundir a Boltzmann en depresiones cada vez más profundas hasta que, tristemente, justo cuando sus ideas estaban a punto de conseguir la relevancia que merecían, sintiéndose aislado e incomprendido, se quitó la vida un día de finales de verano del año 1906 (10).
Precisamente, un año antes, en 1905, se había publicado un artículo que iba a dar el impulso definitivo a la teoría cinético-molecular de la materia. El autor de este artículo fue un joven físico de la época, influenciado por el trabajo de Clausius y fascinado por el hecho de que leyes sin aparente explicación fundamental (las leyes de la Termodinámica) pudieran deducirse a partir de las matemáticas estadísticas que Maxwell y Boltzmann aplicaban a la colectividad de átomos y moléculas que forman la materia. ¿Quién era aquel físico, que se pasó años trabajando discretamente en una oficina de patentes de Berna? Albert Einstein (1879-1955).

Albert Einstein (1879-1955), alrededor de 1946.

La visión que la teoría cinético-molecular proporcionaba de la materia le parecía a Einstein una herramienta ideal para resolver problemas. Así que se atrevió a aplicar dicha visión al estudio de partículas diminutas en suspensión en el agua. Al hacerlo, introdujo un nuevo concepto importantísimo: el de fluctuación. Mediante este concepto, consiguió explicar el desplazamiento aleatorio e incesante de dichas partículas. Partículas como las que contienen los granos de polen, por ejemplo. Einstein publicó sus resultados teóricos en la revista Annalen Der Physik en el año 1905 bajo el título: “Sobre el movimiento, requerido por la teoría cinético-molecular del calor, de partículas pequeñas en un líquido estacionario” (11). En este artículo predecía, además, un determinado patrón de dispersión para tales partículas. Poco tiempo después, Jean Baptiste Perrin (1870-1942) comprobó experimentalmente las predicciones de Einstein. De esta forma, quedaba resuelto el enigma del movimiento browniano y se zanjaba la larga disputa sobre la estructura de la materia.
El artículo de Einstein y los experimentos de Perrin ayudaron de forma decisiva a convencer a la comunidad científica de que la teoría cinético-molecular de la materia encerraba verdades fundamentales sobre nuestro universo y era, por lo tanto, el camino a seguir en nuestros diálogos con él, es decir, a la hora de plantear experimentos. En 1926, Jean Perrin recibiría el Premio Nobel de Física por sus trabajos sobre la estructura discontinua de la materia.

Jean Baptiste Perrin (1870-1942)

..III..
..LA REFLEXIÓN..

El misterio del movimiento browniano había quedó resuelto, pero... ¿qué es una fluctuación?¿Y por qué explica el movimiento browniano? Merece la pena desarrollarlo con un poco más de detalle.
        Ya años antes, entre 1877 y 1880, los jesuitas belgas Joseph Delsaulx e Ignacio Carbonelle habían dado cualitativamente la explicación correcta del movimiento browniano al atribuir su origen a los “choques moleculares no compensados”, según explica Jean Perrin en su libro Movimiento browniano y realidad molecular. Pero su propuesta no pasó de una mera idea. Fue Einstein quien logró demostrar matemáticamente la conexión entre los choques moleculares no compensados y el movimiento de las partículas contenidas en los granos de polen, o de cualquier otro corpúsculo de tamaño similar que se encontrara en suspensión en el agua.
¿Por qué hablaban los jesuitas de “choques moleculares no compensados”? Porque incluso antes que ellos, los defensores de la visión cinético-molecular de la materia habían tenido en cuenta los choques de las moléculas de agua sobre las partículas que pudieran estar en suspensión en su seno, pero no se entendía muy bien cómo estos choques podían llegar a producir el movimiento browniano pues se consideraba que los choques de un lado se compensarían en promedio con los del lado opuesto, dejando a la partícula en la misma posición.

Un pequeño recordatorio de la escala de la que estamos hablando. La mesoscala es la escala correspondiente a las partículas que contienen los granos de polen. Es del orden de unas diezmil moléculas de agua.
Delsaulx y Carbonelle propusieron que, tal vez, la compensación no era perfecta y eso provocaba el vaivén típico de las partículas en suspensión, siempre y cuando éstas fueran suficientemente pequeñas. Lo que hizo Einstein fue demostrar que, efectivamente, los impulsos que recibía la partícula en suspensión por un lado y por otro no tenían por qué compensarse perfectamente siempre, en todo momento, sino que, aleatoriamente, a veces por un lado, a veces por otro, los impulsos de un grupo importante de moléculas podían sumarse hasta llegar a ser una cantidad que se apartara apreciablemente del promedio y no encontrara compensación por el lado contrario, de tal forma que, gracias a este impulso anómalo, gracias a esta fluctuación, la partícula en suspensión se moviera. Dicho de otra forma: estos “choques no compensados”, estas fluctuaciones, sí eran relevantes, sí influían en el comportamiento de las partículas, produciendo un patrón de movimiento característico que se podía medir; y que cuando se midió resultó ser el mismo que el del movimiento browniano.

Choques compensados. "Foto" de un momento en el que los choques están compensados. Representación esquemática. La geometría se ha simplificado para que sea más fácil captar la idea principal. Las flechas representan choques. Una mayor longitud implica un choque más fuerte. En la época de Delsaulx y Carbonelle suponían que si se suman los de un lado y los de otro, el resultado siempre es cero, o lo suficientemente próximo a cero como para que la partícula en suspensión no reciba un impulso neto apreciable.
Choques no compensados - Fluctuación. "Fotografía" en un momento en el que hay una descompensación entre los impulsos de un lado y de otro lo suficientemente grande como para provocar un desplazamiento de la partícula. Delsaulx y Carbonelle propusieron que estas descompensaciones eran responsables del movimiento browniano. Einstein demostró que si la materia estaba formada por moléculas necesariamente tenían que existir estas fluctuaciones, y que éstas, efectivamente, eran las responsables del movimiento browniano.
Gráfica de la fuerza lateral que recibe la partícula frente al tiempo. Cada puntito representa la suma de todos los impulsos que recibe la partícula, por un lado y por otro, en un instante dado. A veces estará por encima de cero y otras veces por debajo. No se compensan perfectamente puesto que son el resultado de miles o millones de choques debidos a partículas aún más pequeñas: las moléculas. Cada choque de una molécula aporta una pequeña cantidad de impulso. A veces, esta descompensación es lo suficientemente grande como para mover la partícula que estaba dentro del grano de polen. Este movimiento es el movimiento browniano. Lo que revela el movimiento browniano es la naturaleza corpuscular de la materia. (12)

Es importante recalcar que Einstein no se quedó en una mera idea cualitativa sino que demostró matemáticamente que una cualidad del movimiento caótico de las moléculas de agua (de cualquier sistema compuesto por partículas a una determinada temperatura, en realidad), podía producir tal efecto macroscópico, y caracterizó este efecto cuantitativamente, para que pudiera comprobarse empíricamente en el laboratorio.
Para conectar lo que ocurría a nivel molecular en el agua con lo que ocurría a nivel mesoscópico, que es el correspondiente al de las partículas contenidas en los granos de polen, Einstein introdujo una función matemática estadística muy general que no dependía de las características particulares del agua, sino únicamente de que las moléculas de agua cumplieran, a nivel colectivo, leyes probabilísticas muy generales. La propuesta de Maxwell y Boltzmann era: por muy complicado que sea a nivel individual el movimiento de una molécula de agua, el comportamiento conjunto de las moléculas se puede describir calculando la media de funciones estadísticas sencillas. Einstein añadió: y si, además, tenemos en cuenta las desviaciones respecto a la media, es decir, las fluctuaciones, entonces también podremos explicar el movimiento browniano. En su artículo de 1905 conectaba cuantitativamente estas desviaciones respecto a la media con la dispersión de las partículas en suspensión. Perrin midió esta dispersión y vio que era tal y como había previsto Einstein.


Imagen original de Perrin, con la tabla correspondiente.

Las fluctuaciones… ¿sólo son importantes para entender el movimiento browniano? No, también son importantes para comprender otras magnitudes y fenómenos macroscópicos, como las transiciones de fase, por ejemplo. Una transición de fase se da porque las condiciones son propicias para que las fluctuaciones, en lugar de disiparse rápidamente, se amplifiquen hasta conseguir que grupos grandes de moléculas actúen de forma coordinada. Pero esto sólo ocurre bajo valores muy concretos de presión y temperatura. En cuanto el sistema se aparta de tales valores, la influencia que pueda ejercer una molécula en su entorno es de cortísimo alcance y duración.
Es cierto que si nuestra visión tuviera resolución y velocidad suficiente y, además, pudiera detectar uniones entre moléculas (en realidad, está muy lejos de tener tales características) apreciaríamos cómo en el seno del agua aparecen y desaparecen continuamente redes de moléculas unidas unas con otras a través de un tipo de enlace al que llamamos puente de hidrógeno. Esta clase de enlace se debe a fuerzas eléctricas atractivas entre moléculas dipolares que contienen hidrógeno, y puede engarzar una molécula de agua con otra hasta acabar formando estructuras tridimensionales y redes mucho mayores que una única molécula. Sin embargo, estas estructuras son extremadamente fugaces porque el enlace por puente de hidrógeno es muy débil y, a temperaturas por encima de la temperatura de congelación, no sobrevive al ímpetu del movimiento térmico de las moléculas; así que, en realidad, si nuestra visión tuviera tal poder de resolución apreciaríamos el agua más como un baile de locos en el que las moléculas “chocan” constantemente unas con otras que como un vals en el que las parejas se mueven de forma coordinada con el resto de parejas.
Sin embargo, estas fuerzas atractivas entre moléculas tienen un papel importante en las propiedades del agua. A escala macroscópica, se manifiestan como una propiedad a la que llamamos viscosidad. La viscosidad de un fluido es una medida de la resistencia que opone a la deformación. Es el efecto, en el mundo visible, de las redes moleculares que se forman en el seno del fluido (13).
La consecuencia de la debilidad de los puentes de hidrógeno frente al movimiento térmico de las moléculas es que las estructuras que aparecen en el agua líquida son extremadamente frágiles y fugaces: duran, como máximo, del orden de billonésimas de segundo (es decir, se hacen y deshacen en un único segundo del orden de un billón de veces o, dicho de otra forma, mil veces mil millones de veces, reconfigurándose de formas distintas cada vez). La velocidad a la que se mueven las moléculas de agua impide que duren más. Si las moléculas mantienen su estructura a pesar de los choques entre ellas es porque los átomos que las forman están sujetos por enlaces químicos covalentes; un tipo de enlace mucho más resistente que el de los puentes de hidrógeno.

Diferencia entre puente de hidrógeno y enlace covalente entre átomos.
Al bajar la temperatura, la velocidad promedio de las moléculas de agua también baja, hasta que es suficientemente pequeña como para no poder librarse del puente de hidrógeno, y entonces sí se generan estructuras estables: el agua se congela, es decir, se forma una red en la que cada nodo está ocupado por una molécula de agua; pero, incluso atrapadas como están en la red, cada molécula de agua sigue vibrando de forma incesante, es decir: sigue habiendo temperatura. Si ésta baja suficiente, incluso se pueden observar las moléculas enlazadas, tal y como se aprecia en la ilustración.

Moléculas de agua sobre superficie de cobre y enlaces por puente de hidrógeno entre ellas. Imagen obtenida mediante microscopio de fuerza atómica (AFM), gracias a que la muestra se ha enfriado a 4.8K.Si aumentara la temperatura, la agitación térmica destruiría la estructura y haría inviable la  observación con este grado de detalle. Fuente: “Ultrahigh-resolution imaging of water networks by atomic force microscopy” Akitoshi Shiotari, Yoshiaki Sugimoto https://www.nature.com/articles/ncomms14313
La única forma de extraer trabajo útil de este movimiento caótico e ininterrumpido al que están sometidas las moléculas de agua en cuanto la temperatura se aleja suficiente del cero absoluto es conectando dos sistemas a diferentes temperaturas (14). De hecho, esto es precisamente lo que se hace en las centrales térmicas de producción de energía, ya sean centrales nucleares, de carbón o de ciclo combinado: en todas ellas hay dos focos a diferentes temperaturas. Y las energías renovables también funcionan así: aprovechándose de la conexión entre dos puntos a diferentes temperaturas: la superficie del Sol y la superficie de la Tierra, en su caso. No es casualidad: es termodinámica.
Cuando una fuente de energía se agota, no es que la energía haya desaparecido (la energía se mantiene constante, no aparece ni desaparece) sino que ha pasado de ser de aprovechamiento fácil a difícil, o imposible. Además, por muy fácil que sea su aprovechamiento, o muy habilidosos que seamos implementando el proceso tecnológico necesario, nunca conseguiremos transformar toda la energía existente en trabajo útil: siempre habrá una parte que se perderá en forma de calor. Es un tributo que hay que pagar de forma ineludible. A “Dios”, es decir, a la entropía. Pero esta es otra historia, también llena de Premios Nobel (Ilya Prigogine) que se enfrentan a genios (Stephen Hawking) que saludan de tú a tú a monstruos inconmensurables (los agujeros negros) y diablillos antiguos (de Maxwell) que son derrotados por matemáticos modernos (von Neumann). Tal vez algún día tenga tiempo de contarla…
Ahora, en este momento, es necesario preguntarse… ¿Acabó Einstein con el misterio? ¿Sacó el OVNI de la ensalada para sazonarla con condimentos tan previsibles como el aceite y la sal? No, en absoluto. Al contrario: nos proporcionó juguetes nuevos. Expandió nuestros horizontes. Hizo aún mayor nuestro asombro. Y nos ayudó a protegernos, aún mejor, de los charlatanes. Einstein dejó por escrito, en un texto que posteriormente quemaron los nazis y estuvo a punto de desaparecer (15):

“La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse ni maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados.”

         Nuestra fascinación por el Universo no puede depender de cuán ignorantes seamos. Si la capacidad de maravilla frente al Cosmos desaparece con el conocimiento, es que nos hemos olvidado del niño que fuimos, de la ilusión que le hacía tener juguetes nuevos y del disfrute inagotable que le proporcionaba jugar con ellos.


..RESUMEN..

El movimiento browniano se debe a los choques moleculares no compensados contra las partículas en suspensión en el agua. Estos choques moleculares no compensados son fluctuaciones que zarandean de un lado a otro las partículas que están en el agua. Evidentemente, las partículas en suspensión tienen que ser suficientemente pequeñas. Si son demasiado grandes entonces será muy poco probable que se produzcan fluctuaciones suficientemente grandes como para moverlas.
        El movimiento de las moléculas de agua es incesante y caótico. A nivel macroscópico lo percibimos como temperatura. Cuanto más frío esté el líquido (cualquier cuerpo, en realidad), más lentamente se mueven las moléculas, o los átomos, que lo forman. Y al revés: cuanto más caliente esté, más rápidamente se mueven.
Si bajamos la temperatura del agua donde están en suspensión las partículas que llevan a cabo el movimiento browniano, observaremos que este movimiento se ralentiza hasta llegar a detenerse por completo en el cero absoluto.
Mientras haya temperatura, habrá energía para que se produzcan fluctuaciones. Evidentemente, cuanto menor sea la temperatura, más pequeñas serán éstas y, en consecuencia, menos impulso transmitirán. El movimiento browniano, por lo tanto, no viola ningún principio de la Termodinámica, lo único que hace es revelar, tal y como demostró Einstein en 1905, la constitución corpuscular de la materia y que el movimiento al que llamamos temperatura es esencialmente caótico y se puede describir mediante funciones estadísticas sencillas.
Las estructuras que se forman en el agua a temperaturas lejos del cero absoluto son débiles y fugaces, duran como máximo billonésimas de segundo a pocos grados centígrados: el movimiento desordenado de las moléculas de agua no permite que sobrevivan más tiempo.

..NOTAS..

(1) La incertidumbre del conocimiento, Richard Feynman: https://youtu.be/vD_viDauQuU
(2) Brown, Robert (1828). "A brief account of microscopical observations made in the months of June, July and August, 1827, on the particles contained in the pollen of plants; and on the general existence of active molecules in organic and inorganic bodies" https://sciweb.nybg.org/science2/pdfs/dws/Brownian.pdf
(3) El clásico “Self made man” (“Hombre hecho a sí mismo”) no es más que un mito: ningún ser humano se hace a sí mismo, todos dependemos de la época y de las interacciones sociales que vivimos desde el momento en que nacemos.
(4) Hoy en día sabemos que los átomos que forman los gases (como el aire que respiramos, por ejemplo) son los mismos que los que forman líquidos y sólidos, pero este conocimiento no siempre estuvo disponible. Es decir, las moléculas de nitrógeno (formadas cada una de ellas por dos átomos de nitrógeno) que hay en el aire en estado gaseoso pasarán a estado líquido si bajamos suficientemente su temperatura, pero eso no afectará a la naturaleza de sus átomos: seguirán siendo átomos de nitrógeno. En realidad, costó mucho poner orden en el guirigay de observaciones e ideas que se habían ido acumulando a lo largo de los siglos. Para hacerse una idea de la confusión que ha imperado durante la mayor parte de la historia al respecto de la constitución de la materia, baste con saber que no fue hasta el siglo XVIII cuando se propuso por primera vez que la naturaleza de los átomos que forman los sólidos y los líquidos es la misma que la de aquellos que forman los gases. Tal afirmación fue realizada por Roger Joseph Boscovich (1711-1787), y lo hizo en contra de la opinión mayoritaria de la época. Boscovich también intentó establecer una teoría unificada de los fenómenos físicos basada en ideas kantianas.
(5) Se puede consultar, al respecto, por ejemplo: Breve historia de la Química, de Isaac Asimov http://www.librosmaravillosos.com/brevehistoriaquimica/ Otros hechos que la teoría atómica de Dalton permitió explicar fueron por qué las sustancias químicas reaccionaban en proporciones estequiométricas fijas y por qué cuando dos sustancias formaban diferentes tipos de compuestos la proporción entre las relaciones en que lo hacen es siempre un número entero.
(6) En realidad, la historia de la concepción corpuscular de la materia es mucho más compleja de lo que se expone en este artículo. Se ha simplificado para evitar que los árboles impidieran ver el bosque. Una historia más detallada de la teoría cinético-molecular antes de Maxwell y Boltzmann se puede ver en: http://www.argumentos.us.es/casado.htm
(7) Esta afirmación hay que matizarla: uno de los caminos que nos llevó a la Física Cuántica fue, precisamente, que la estadística de Maxwell-Boltzmann fallaba en algunas circunstancias, como, por ejemplo, la radiación de un cuerpo negro. Se puede consultar: Física cuántica, de Eisberg y Resnick; o Conceptos de Relatividad y Teoría Cuántica, de Resnick.
(8) Fotografía de la tumba de Ludwig Boltzmann tomada de: https://www.esepuntoazulpalido.com/2011/07/inmortalidad-extracto-de-el-ascenso-del.html
(9) En cierta forma, las ideas de Mach y otros eran muy inocentes: confiaban totalmente en sus sentidos, es decir, todo lo contrario que los filósofos griegos clásicos, quienes no se fiaban en absoluto de ellos.
(10) Para saber más sobre Ludwig Boltzmann: https://losmundosdebrana.com/2014/09/09/henriette-y-ludwig-los-boltzmann/
(11) Einstein, Albert (1905c) [manuscrito recibido 11 de mayo 1905], «Über die von der molekularkinetischen Theorie der Wärme geforderte Bewegung von in ruhenden Flüssigkeiten suspendierten Teilchen» [On the Motion – Required by the Molecular Kinetic Theory of Heat – of Small Particles Suspended in a Stationary Liquid] (PDF), escrito en Berna, Suiza, Annalen der Physik (Berlin) (en alemán) (Hoboken, NJ, publicado el 10 de marzo de 2006) 322(8): 549-560, Bibcode:1905AnP...322..549E, doi:10.1002/andp.19053220806 – via Wiley Online Library
(12) Cada molécula, al chocar, contribuye con una pequeña cantidad de impulso. Si sumamos a lo largo de una dirección, la suma nunca será perfectamente cero, es decir, nunca se compensarán a la perfección los choques de un lado y de otro. Habrá veces que la descompensación será suficientemente grande como para transmitir un impulso apreciable a la partícula, y ésta se moverá (son aquellos puntos que caen por encima o por debajo de la línea roja discontinua). Según este esquema, y puesto que no puede haber un sentido privilegiado (es decir, tiene que haber, a la larga, el mismo número de fluctuaciones por encima que por debajo y ser, además, en conjunto de la misma magnitud) la partícula debería acabar regresando a su punto de partida. Y, efectivamente, así ocurrirá… si se espera el tiempo suficiente.
¿Por qué se dice, entonces, que el camino recorrido es proporcional a la raíz cuadrada del tiempo? En realidad, esto sólo se puede decir cuando hablamos de la difusión de una colectividad de partículas o de una única partícula en más de una dimensión: el instante de tiempo en el que vuelva a encontrarse en la posición de salida lo largo de X no tiene por qué ser el mismo que el correspondiente al momento en que vuelva al inicio a lo largo del eje Y o Z. De la misma forma, si tenemos una colectividad, no tienen por qué volver todas a la vez al punto de partida: cada una volverá en un momento diferente. La probabilidad de que coincidan todas, de nuevo, en el mismo punto al mismo tiempo es verdaderamente infinitesimal, por lo que a través del movimiento browniano también se puede llegar a explicar irreversibilidad.
(13) Viscosidad: https://en.wikipedia.org/wiki/Viscosity
(14) El cero absoluto, cero kelvin (0 K), se produce cuando cesa por completo la agitación térmica. Es inalcanzable debido a las fluctuaciones cuánticas. Se sitúa a 273.15ºC bajo cero en la escala celsius de temperatura.
(15) “El mundo tal como yo lo veo”, Albert Einstein:
http://www.xaviergari.com/uploads/5/7/2/7/57278655/albert_einstein_el_mundo_tal_como_lo_veo.pdf