viernes, febrero 24, 2006
Un albaricoque parlanchín
Mi hermana no aprobaba Física porque se ponía a llorar. Era por empatía con los pasajeros de los trenes que chocan. Yo intentaba explicarle estos problemas y ella me preguntaba con cara compungida ¿Pero son de mercancias o de pasajeros? El resto de mis alumnos de clases particulares me preguntaban: ¿Qué fórmula tengo que utilizar? Esta pregunta siempre me ha sacado de quicio (aún me la hacen). Si me han de preguntar algo, prefiero la pregunta de mi hermana. Intentando explicarle los problemas de Física me inventé infinidad de personajes y cuentos: uno de los personajes que más éxito tuvo fue un albaricoque parlanchín (Albarcoc), y uno de los cuentos contaba la historia de amor entre una hormiga y un melocotón,... en fin, historias. El caso es que mi hermana suspendió Física. En cuanto a las Matemáticas... durante su último examen de matemáticas el profesor le dijo: Señorita Guisado, ¿quiere usted hacer el favor de dejar de mirar por la ventana y hacer el examen? Ay, no, ese no fue su último examen de matemáticas. En el último, en lugar de mirar por la ventana se dedicó a mirar al examen de un compañero. Evidentemente, estaba destinada a tener ataques de asma: la empatía actualmente es un valor que cae en picado en el mercado de valores de la evolución.
jueves, febrero 23, 2006
Primer informe de situación de 2006
La situación no es buena, compañeros. Después de tres décadas de infiltrado en este planeta creo que empiezan a sospechar seriamente de mí. Teníamos previsto que tarde o temprano se dieran cuenta de que no soy uno de ellos y creo que el momento está a punto de llegar. Os escribo para pediros instrucciones. Lo último que ha ocurrido, ha ocurrido esta misma mañana. Hoy me tocaba vigilancia de recreo, y el sitio donde tenía que vigilar era el bar del colegio, así que ahí me he ido cuando ha sonado el timbre a las once de la mañana. Normalmente suelo pasearme entre las mesas pero hoy mis alumnos habían tenido examen conmigo y estaban muy nerviosos y enfadados porque, según ellos, el examen había sido muy difícil, así que he decidido quedarme quieto y callado en un extremo del bar. Estaba cerca de un rincón desde donde podía abarcar con la mirada prácticamente todo el recinto. El bar estaba lleno de estudiantes con bocadillos y libros, comiendo, hablando, riendo, gritando y aprovechando para repasar los últimos minutos antes del siguiente examen. A pocos metros a mi izquierda he visto a una estudiante sentada en el suelo. Enfrente tenía a otras compañeras que también estaban sentadas en el suelo, pero con su espalda apoyada en la pared. Ella, sin embargo, a sus espaldas tenía una mesa con todas las sillas ocupadas. El detalle que me ha llamado la atención es que su falda (si, llevaba falda, no pantalón) se extendía por el suelo como un lago ondulado bajo una brisa suave. Seguramente, si lo hubiera visto su madre, hubiera puesto el grito en el cielo y, con los pelos de punta y los ojos saltones, hubiera chillado: ¡ NIÑA, NO ENSUCIES LA FALDA ! A mí no se me ha ocurrido decirle nada, simplemente me he fijado en su falda extendida por el suelo y ella erguida en medio como si emergiera de las aguas del lago. No decirle nada ha sido un error. Instantes después de que yo me fijara en esta escena intrascendente ha pasado por ahí el otro profesor que tenía guardia en el bar y le ha dicho que se levantara inmediatamente y que hiciera el favor de buscar una silla si quería sentarse. Después, este compañero ha seguido caminando, ha pasado a mi lado y me ha dado los buenos días sonriendo. Yo también le he sonreído. ¡ Pero ese hombre me ha destrozado el lago ! Creo que empiezan a sospechar de mí. Cada mañana me levanto al amanecer y me camuflo entre ellos, pago los billetes del autobús y del metro, subo escaleras, camino por la calle, digo buenos días al llegar al trabajo, cumplo con las tareas del día, no le digo a la gente lo fea que es en el metro, lo tontos que son cuando se quejan lastimosamente del trabajo, lo equivocados que están cuando aceptan un matrimonio insípido... pero todo esto ya no sirve, no es suficiente. Noto que me absorbe la luz cuando miro por las ventanas, como cuando viajábamos entre los soles, compañeros, y ellos también lo notan, notan cómo chirrían los genes humanos con los que me visto, como si no estuvieran bien asentados. Noto cómo mi sangre empuja hacia el horizonte cada vez que miro el océano, y ellos también lo notan: me huelen diferente, como cuando los perros huelen los terremotos. Me quedo en silencio y tengo la sensación de haber llegado a casa, y ellos lo notan, notan que jamás gritaré un slogan, jamás me dejaré definir por una consigna; notan que si me dan a escoger entre una piedra y un desfile de moda, me quedaré contemplando la piedra. Lo notan, compañeros, ya no es suficiente trabajar bien, sonreír, callar, cumplir. Todos sabemos lo que hacen los seres humanos a los espías en tiempo de guerra. No me hago ilusiones sobre mi futuro. Aun y así, espero instrucciones.
martes, febrero 21, 2006
Victorias cotidianas
Una de mis formas favoritas de hacer la revolución es... besando. Piénsenlo: en la época del dólar, ¿qué puede haber más revolucionario que detener el frenesí que nos enajena para... dar un beso?
sábado, febrero 18, 2006
Botánica proletaria y botánica burguesa
Esta tarde he ido a comprar yogures de soja y galletas de arroz y he acabado pensando en la guerra de Vietnam. Normalmente cuando voy a comprar estos víveres acabo pensando en lo buenas que están las galletas de arroz con chocolate. Pero esta vez no: esta vez me he entretenido mirando una estantería con pastillas para la garganta mientras esperaba a que me cobraran en la caja (es increiblemente fabulosa la variedad de pastillas que hay en el mundo). El caso es que mientras perdía el tiempo absorto en esa increíble variedad de pastillas he visto unas que... bueno, quizá ha llegado el momento de decir que este verano leí un libro titulado El dolor de la guerra, de Bao Ninh, un señor vietnamita que luchó durante diez años en la guerra de Vietnam (la de Vietnam del Norte contra los estadounidenses, concretamente) y que, a pesar de tan radical especialización, sobrevivió. Ahora tiene un hijo que estudia en Estados Unidos y escribe libros. En el que me leí este verano, El dolor de la guerra, basado en sus diez años de guerra, explica que fumaban (o mascaban, la verdad es que ahora no recuerdo) rosa canina porque les sumía en un estado de sopor alucinógeno que les ayudaba a sobrellevar la insoportable situación en la que estaban atrapados. Uno de los componentes de las pastillas que he visto esta tarde, mientras esperaba que me cobraran los yogures de soja (no tenían galletas de arroz), era rosa canina. Si empiezo a ver caracoles voladores por encima del teclado o elefantes con zapatillas de bailarina, os aviso.
sábado, febrero 04, 2006
Los bigotes de Freddy Mercury

El viernes hice de Freddy Mercury en una representación que organizó el colegio salesiano donde trabajo con motivo de la fiesta de Don Bosco, el fundador de la congregación salesiana. Canté -bueno, en fin, moví la boca- durante 50 segundos siguiendo el play-back del tema We are the champions, de Queen,... y ante la dirección del colegio y un teatro abarrotado de alumnos. Un par de compañeros profesores me acompañaban en el escenario, pero su dignidad estaba a salvo porque llevaban pelucas y dudo que alguien les reconociera. Yo, en cambio, salí sin mis inseparables gafas y tuve que pintarme el bigote con lápiz de ojos porque el mostacho que me había comprado en una tienda de disfraces se despegaba con facilidad. Los alumnos coreaban el we are the champions y se partían de risa, todo a la vez. Ninguno de ellos sabe que hace unos años en la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona unos compañeros creyentes cristianos católicos se opusieron a que estampáramos camisetas con la foto que encabeza este artículo. El texto que acompañaba a la foto era: Dios no juega a los dados... juega a los bolos. Y luego iba: Física y los años de la promoción. La foto era de una obra de arte que se exponía en aquellos momentos en Londres (no recuerdo ahora mismo el nombre del artista, lo siento). A mí la verdad es que me traía sin cuidado qué estampación tuviera la camiseta de aquel año pero cuando mi amigo Carles subió a la clase y nos contó que un grupo se negaba a estampar esa camiseta porque decían que era ofensiva, tomé cartas en el asunto. La frase me parecía francamente divertida. Yo y unos cuantos montamos una campaña de defensa no ya de la libertad de expresión sino de la libertad creativa. No porque quisieramos molestar, ofender, incordiar o reírnos de las creencias de nadie, sino simplemente porque la frase combinada con esa imagen nos parecía divertida. Un compañero me preguntó si yo aceptaría una camiseta en la que se ofendiera a Buda. Le contesté: primero, no creo que nuestra camiseta ofenda al Papa; segundo, si una camiseta me pareciera ofensiva, simplemente no la compraría y ya está; tercero, he deconvivir día a día con cosas que me parecen realmente ofensivas, como por ejemplo que haya guerras en el mundo y la riqueza y las oportunidades de acceder a ella estén tan injustamente repartidas en el mundo. Eso sí que es ofensivo. ¿Por qué no se queman las casas de los fabricantes de armas? A mi las armas me ofenden profundamente, muy profundamente, y a nadie parece importarle. Al final me compré varias camisetas. Eso sí, no la llevo en el trabajo, qué le vamos a hacer. En el trabajo a veces llevo bigote. Exactamente ... ¿qué fracción de la Humanidad ha dejado atrás la Edad Media, Freddy?
sábado, enero 28, 2006
El gran fracaso de la transición española
Mucha gente anda estos días más despistada que un champiñón en una noria. Mi abuelo Juan, Juan el Pipa para los del pueblo, nunca utilizó Google y sin embargo no andaba por el mundo tan despistado como algunos jóvenes alumnos míos. Claro que luchó en una guerra en el bando de los perdedores y eso debe de desarrollar un sexto sentido para saber por dónde van los tiros. Los jóvenes de hoy en día no han luchado en ninguna guerra (y que siga siendo así, ¡por favor!). Lamentablemente, un porcentaje nada despreciable de ellos se parece más a una esponja porosa que a un ser humano del s. XXI, con miles de años de herencia cultural a sus espaldas. Mi abuelo no entendía ni una palabra de catalán (cosas de haber nacido en la sierra extremeña en los primeros años del s. XX) pero nunca se extrañó de que le hablaran en catalán cuando venía a Cataluña a ver a su hija, su yerno y sus nietos. Un día en Barcelona preguntó por una calle y le contestaron "Cap amunt, cap amunt !" (Hacia arriba, hacia arriba !). A mi abuelo le hizo mucha gracia esa expresión -pero gracia de niño, no gracia cínica- y la incorporó a su propio vocabulario. Hoy en día, años después, el vocabulario de muchos jóvenes es algo más rígido que el de mi abuelo. Cuando trabajaba en un colegio del barrio de Salamanca de Madrid muchos de mis alumnos se asombraban de que en Barcelona les contestaran en catalán si ellos se dirigían a su interlocutor en castellano. Es más, no sólo se asombraban sino que les parecía indignante. Lo sé porque en un par de ocasiones alguno de ellos me comentó, en mitad de la clase, su viaje del fin de semana anterior a Barcelona. Ellos sabían que yo era de Barcelona y querían contarme lo que les había pasado para ver si me parecía normal. Yo intentaba explicarles que en Cataluña había muchísima gente que entendía el catalán pero que no lo hablaban de forma habitual por uno u otro motivo, y que era perfectamente normal una situación en la que un interlocutor utilizara el castellano y el otro el catalán. También les expliqué que muchos catalanes, de hecho, la mayoría, pasaban automáticamente al castellano si te oían hablar en castellano, pero que no siempre era así y que el que no pasaran automáticamente al castellano no se vivía como una falta de respeto sino como un hecho normal, natural, como la utilización de un derecho que no provocaba problemas a nadie. Si ellos no entendían el catalán, sólo tenían que decírselo a su interlocutor y éste les hablaría en castellano sin que eso representara ningún trauma para él. Pero no lo entendían, no lo entendían. No entendían que dos personas pudieran estar comunicándose en dos idiomas diferentes, no entendían la convivencia de dos lenguas. Sus respuestas oscilaban entre la indiferencia y el "si estamos en España, ¿por qué tienen que hablarnos en catalán?". Eran jóvenes de dieciseis años, así que esa era la respuesta de los hijos de la democracia española. ¿Cómo titular esta magna desorientación? ¿Gran fracaso de la transición española? Y cómo no preguntarse ¿a quién interesa este fracaso?.
viernes, enero 20, 2006
¿Por qué no escupir helado a los osos?

Confieso que cuando era niño jugaba a bombardear hormigueros en un parque que había cerca de mi casa. Lanzaba piedras sobre las indefensas hormigas y me dedicaba a ver su reacción. Para mi era como jugar con clikcs de famóbil (esos muñequitos de la era prePlayStation con los que te podías inventar mil y una películas). Supongo que las cosas empezaron a cambiar cuando tuve por primera vez animales en casa. Y supongo que los documentales sobre animales que veía con mi padre también tuvieron su papel en mi pacificación. No recuerdo muy bien cuándo dejé de destrozar hormigueros para ver qué pasaba, pero sí sé perfectamente que el día en que mi gata Alfombra tuvo gatitos por primera vez en mi casa fue un punto de inflexión en lo que a mis opiniones sobre los animales respecta. Aquel día mi hermana y yo estábamos solos en casa y la gata Alfombra (que aún vivía en el patio) empezó a maullar desconsoladamente. Cuando nos asomábamos al patio la veíamos mirando hacia arriba y si nos metíamos en casa sin hacerla mucho caso maullaba con aún más desconsuelo. Al principio no entendíamos y, la verdad, simplemente esperamos a que se le pasara. Sin embargo, como no paraba, al cabo de un rato bajamos a ver qué le pasaba y entonces nos dimos cuenta de que había roto aguas. Como mi hermana esperaba que un grupo de amigos llegara en breve, cogí a Alfombra entre mis brazos y la subí hasta la terraza de arriba, donde solemos tender la ropa en mi casa y donde estaría más tranquila. Luego buscamos un trozo de tela vieja para que la gata no estuviera en el suelo y lo único que encontramos fue una camisa vieja que mi madre tenía en un armario de la cocina preparada para hacer trapos con ella. Cuando subimos la camisa y pusimos a la gata en la tela, llegaron los amigos de mi hermana. Mi hermana estuvo un rato charlando con ellos y al final se fueron todos. Yo me quedé solo con Alfombra. Veía que al animal cada vez le dolía más pero no sabía qué podía hacer. De repente asomó el rabo de una de las crías y comprendí que lo que ocurría es que los gatitos venían de culo. Mi desesperación aumentó. Me sentía completamente impotente. Si no tiraba del rabo, temía que el gatito muriera asfixiado; si tiraba, temía hacer un daño espantoso tanto a la madre como a la cría. En fin, yo en aquel momento estudiaba Física, tenía una ligera idea de cómo resolver ecuaciones diferenciales, pero aquello no se parecía en nada a nada que se pudiera describir con matemáticas y me desbordaba. Decidí bajar a casa y llamar a una amiga de la Facultad, que había tenido animales desde niña y quizá pudiera darme alguna idea y, si no... daba igual, necesitaba hablar con alguien. Me levanté, me alejé de la gata, que seguía tendida sobre la camisa gimiendo de dolor, franqueé la puerta de la terraza y empecé a bajar la escalera que me llevaría hasta casa. Lo que ocurrió fue que no había llegado ni a la mitad de trayecto cuando oí de nuevo el maullido doliente de mi gata. Me giré y cuál sería mi sorpresa al verla detrás de mi. Me había seguido medio arrastras, con el rabo de una de sus crías asomando ya al mundo, y ahora me miraba desde la escalera, unos escalones por encima de mí. No sé muy bien cómo funciona la mente de un gato ni cuántos genes compartimos con esta especie de mamíferos pero tuve la profunda impresión de que no quería que la dejara sola. La cogí entre mis brazos de nuevo y ya no me separé de ella. Mi amiga no pudo ayudarme mucho: simplemente me dijo que le pusiera un recipiente con agua cerca, que dejara que la naturaleza siguiera su curso y que no retirara la placenta porque muchas veces se la comían para recuperar fuerzas. La naturaleza siguió su curso y, a pesar de la pifia inicial, los tres gatitos salieron sanos y salvos. La madre, Alfombra, también salió bien parada y, una vez pasados los dolores y ya más tranquila, dio por finalizada la tregua entre hombres y gatos y agarró sus tres gatitos y se escondió con ellos en un lugar recóndito del patio que no voy a revelar aquí. No la volvimos a ver hasta muchos días después. Y cuando finalmente aceptó vivir en familia con nosotros, yo era el único que podía tocar los gatitos recién nacidos de camadas posteriores que tuvo, no toleraba que nadie más los tocara ni mucho menos los transportara (bufaba a todo el resto de miembros de la familia que osaran acercarse). Me pasaron muchas más cosas con la gata Alfombra pero no quiero extenderme más, y tampoco creo que sea necesario. Creo que después de lo que acabo de explicar basta para comprender mi desconfianza hacia personas que por ser Homo Sapiens Sapiens se consideran en una esfera aparte y por encima de todo el resto del reino animal, y no digamos ya del vegetal. También he llegado a la conclusión de que el dolor y el sufrimiento es dolor y sufrimiento sea cual sea el cuerpo que lo contenga, y que la violencia es violencia sea cual sea el ser víctima de ella. Para ver que los animales sufren y son víctimas sólo hay que mirar con un poco de atención a nuestro alrededor. Mi alrededor hace unos días era el zoo de Barcelona. No sé qué es lo que mira la gente cuando camina por la calle, y mucho menos cuando está rodeada de animales. Mejor dicho, no sé lo que ven cuando miran. Supongo que hay dos planetas diferentes en la misma Tierra, que cada uno de ellos se construye a partir de lo que ven diferentes miradas en unos mismos entes físicos, y supongo que si hay uno con cinco mil millones de habitantes, yo vivo en el otro, en el que hay un continente para cada habitante. Grito todo esto porque yo no sé qué soy si el hombre que escupió helado al oso era Homo sapiens sapiens, porque oso no soy, pero tampoco soy hombre porque yo vi cómo un hombre escupía helado a un oso del zoo de Barcelona, y cómo otros hombres le reían la gracia, y yo no reía, ni siquiera sonreía, de hecho por poco se me olvida respirar de lo atónito que estaba. Y entonces ¿qué soy yo si no escupo helado a los osos ni disfruto cuando humillan a los guepardos encerrándoles en jaulas? Porque oso no soy, mis genes lo demuestran, pero tampoco soy hombre, como demuestra mi asombro. Yo miraba a los ojos del oso y entendía mejor al oso que al hombre. Os lo juro: el oso miraba hacia arriba, hacia donde estábamos nosotros, y el hombre le escupió un trozo del helado que se estaba comiendo, y se lo escupió para demostrar a sus hijos, quienes le acompañaban, junto con otros hombres, que a los osos les gusta el helado. ¡Pero-hombre-de-Dios!, pingüino despistado, me diréis vosotros, si hombres con hijos tiran bombas contra otros hombres, ¿por qué no escupir helado a los osos?.
miércoles, enero 11, 2006
VISIÓN SURREALISTA DE UNA MANDARINA

Menciono a las mandarinas porque me encantan las mandarinas, pero en realidad esto no tiene nada que ver con ellas. O quizá sí, no estoy muy seguro, lo voy a pensar mientras escribo. Estuve en el País Vasco y vi cosas que no entiendo. No estoy hablando de nada complicado ni profundo: estoy hablando de las puertas del metro de Bilbao. Porque.... vamos a ver.... ¿alguien sabe lo que significa el signo de la foto, el que queda más abajo de los tres que están en la puerta del metro de Bilbao? El trayecto era Bilbao-Plentzia, lo digo por si sirve de algo, pero sospecho que si hubiera ido a Sestao hubiera sido el mismo signo, y el mismo también mi desconcierto. No sé, es raro ¿no? Porque vamos a ver, se supone que estos signos son una especie de lenguaje universal, ¿ o no ¿; en China no vi ninguno que no entendiera. Claro que esto es una cosa muy personal, quizá los millones de lectores de este blog lo entienden a la primera, y sin necesidad de haber estudiado semiótica. Si es así, que lo digan, por favor, que lo digan. (Como alguien sugiera que lo que significa es “permitidos los siameses, prohibidas las mandarinas”, lo denuncio).
sábado, enero 07, 2006
Incendio
Agresividad
lunes, diciembre 26, 2005
Lógica y medios de comunicación.
Para entender qué tipo de "lógica" impera hoy en los medios de comunicación y en especial en la televisión imagínese que va y una noche y le da por contemplar las estrellas desde la cima de una montaña. Se pasa la noche mirando el firmamento estrellado. Al día siguiente está costipado y como se niega a tomar el medicamento de moda y prefiere tomar miel y limón (que están muy ricos) y como además hay un millón de canales digitales y con algo hay que llenar tantas horas de emisión, vienen a entrevistarle. Lo primero que le dicen es:
- Cuéntenos: ¿qué es lo que le pasa?
- Que tengo un resfriado -contesta usted.
- ¿Dónde estuvo ayer por la noche? -inquieren los periodistas.
- En la montaña, mirando estrellas.
- ¡Le han colonizado virus extraterrestres! -deducen los periodistas- ¡Y son verdes y amorfos!.
- No, eso son los mocos de toda la vida -explica usted.
También les explica que en la montaña hacía frío y que es muy probable que esa sea la causa de su costipado. Lamentablemente, en lugar de sus explicaciones, y justo después de la deducción de los periodistas, emiten un anuncio de perfumes. Sus mocos se hacen famosos.
Y así en todos los medios de comunicación y con todos los temas.
- Cuéntenos: ¿qué es lo que le pasa?
- Que tengo un resfriado -contesta usted.
- ¿Dónde estuvo ayer por la noche? -inquieren los periodistas.
- En la montaña, mirando estrellas.
- ¡Le han colonizado virus extraterrestres! -deducen los periodistas- ¡Y son verdes y amorfos!.
- No, eso son los mocos de toda la vida -explica usted.
También les explica que en la montaña hacía frío y que es muy probable que esa sea la causa de su costipado. Lamentablemente, en lugar de sus explicaciones, y justo después de la deducción de los periodistas, emiten un anuncio de perfumes. Sus mocos se hacen famosos.
Y así en todos los medios de comunicación y con todos los temas.
Pequeña escena familiar.
Mi madre:
- Hoy han dicho por la tele que comer arroz integral es bueno para evitar la celulitis.
Mi hermana:
- ¿Sí? Pero... ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Es que dicen las cosas así, sin dar explicaciones y luego créetelas o no.
Yo:
- Ten cuidado porque yo empecé así y acabé estudiando Física.
- Hoy han dicho por la tele que comer arroz integral es bueno para evitar la celulitis.
Mi hermana:
- ¿Sí? Pero... ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Es que dicen las cosas así, sin dar explicaciones y luego créetelas o no.
Yo:
- Ten cuidado porque yo empecé así y acabé estudiando Física.
viernes, noviembre 25, 2005
Marciano en la Tierra sin cámara.
Esta mañana estaba en la sala de profesores mirando por una ventana. Una compañera de trabajo me ha visto. “Tú siempre estás que te tiras, que no” me ha dicho. Ha hecho este comentario porque siempre que me ve estoy mirando por una ventana. Tengo otra compañera que siempre que me ve me dice: “Tú siempre estás comiendo”. Y es que siempre me ve comiendo (Sí, como mucho, dar clase es agotador). El caso es que esta mañana, cuando me ha visto mi compañera, mientras miraba por la ventana, no estaba mirando el suelo, no estaba pensando en tirarme, sino que estaba mirando las nubes: había unas nubes curiosísimas, una tenía forma de platillo y era blanco brillante en su panza de ballena y con unos tonos azulados subrayando los bordes curvos; la otra era de un gris plomizo brillante, y se cernía tras el campanario de la capilla de la escuela. Ambas eran impresionantes. Y se lo he dicho a mi compañera: “Mira qué nubes, son formaciones rarísimas – le he explicado, y era cierto: ese tipo de nubes se forman en muy raras ocasiones, al menos en la ciudad donde vivo - , las ves ¿no?”. Sí, me ha contestado ella. “Pues precisamente hoy no he traído la cámara de fotos”. En ese momento ha aparecido el profesor de filosofía y ha preguntado cómo se llamaba ese tipo de formaciones nubosas. Claro, los nombres. La filosofía. “No lo sé” he dicho. No tenía nombres, no tenía cámara. Las nubes continuaron su viaje y al cabo de cinco minutos ya habían cambiado de forma, ya no eran ellas, ya eran simplemente vapor de agua.
lunes, noviembre 21, 2005
Carta a mamá y papá
Queridos mamá y papá,
espero que estéis bien. Yo estoy bien, pero mucho trabajo y poco descanso. Os escribo tumbado en la cama, mientras me duermo, apenas puedo contener el sueño. La gente aquí en este país es muy rara. Se mueven poco en el trabajo y luego tienen que correr por la calle para cansarse, o van a sitios llenos de máquinas y se dedican a levantar barras de hierro y pesos. Lo llaman hacer ejercicio. Yo el ejercicio ya lo hago en el trabajo, luego estoy muy cansado y tengo demasiada hambre como para ir corriendo por la calle. La gente aquí es muy rara. Yo tengo mucho trabajo en el campo, y estoy todo el día llevando peso para un lado y para otro. ¿Os habéis fijado lo despacio que crecen las verduras y lo deprisa que hay que hacer el trabajo para que crezcan bien? Me siento un poco esclavo de las verduras, pero no importa, soy feliz porque aqui tengo trabajo. Papá, mamá, los muros son muy altos, cada vez más altos, pero no hay callejones sin salida. Creo que los muros son cada vez más altos porque aquí saben más de ladrillos que de nuestro país, y nosotros... nosotros no sabemos nada. En la tele de aquí puedo ver cómo vive el presidente de nuestro país y pienso que quiere parecerse a la gente de aquí porque no le veo muy cansado. En cuanto pueda me traere a mis hermanos. Mi cuerpo me dice que es mejor cansarse que pasar hambre. Eso sí, cada uno se cansa a su manera y según sus posibilidades. Creo que este mes os podré mandar un poco de dinero. Decidle a mi hermana que pienso mucho en ella y que la llevaré un regalo cuando pueda ir a veros. A vosotros también os llevaré regalos. Muchos abrazos. Cuidaos mucho. Seguid bien
espero que estéis bien. Yo estoy bien, pero mucho trabajo y poco descanso. Os escribo tumbado en la cama, mientras me duermo, apenas puedo contener el sueño. La gente aquí en este país es muy rara. Se mueven poco en el trabajo y luego tienen que correr por la calle para cansarse, o van a sitios llenos de máquinas y se dedican a levantar barras de hierro y pesos. Lo llaman hacer ejercicio. Yo el ejercicio ya lo hago en el trabajo, luego estoy muy cansado y tengo demasiada hambre como para ir corriendo por la calle. La gente aquí es muy rara. Yo tengo mucho trabajo en el campo, y estoy todo el día llevando peso para un lado y para otro. ¿Os habéis fijado lo despacio que crecen las verduras y lo deprisa que hay que hacer el trabajo para que crezcan bien? Me siento un poco esclavo de las verduras, pero no importa, soy feliz porque aqui tengo trabajo. Papá, mamá, los muros son muy altos, cada vez más altos, pero no hay callejones sin salida. Creo que los muros son cada vez más altos porque aquí saben más de ladrillos que de nuestro país, y nosotros... nosotros no sabemos nada. En la tele de aquí puedo ver cómo vive el presidente de nuestro país y pienso que quiere parecerse a la gente de aquí porque no le veo muy cansado. En cuanto pueda me traere a mis hermanos. Mi cuerpo me dice que es mejor cansarse que pasar hambre. Eso sí, cada uno se cansa a su manera y según sus posibilidades. Creo que este mes os podré mandar un poco de dinero. Decidle a mi hermana que pienso mucho en ella y que la llevaré un regalo cuando pueda ir a veros. A vosotros también os llevaré regalos. Muchos abrazos. Cuidaos mucho. Seguid bien
viernes, noviembre 11, 2005
Curso sobre Astrofísica
¿Le gustaría conocer el Universo en el que vive? ¿Saber de qué se habla cuando se habla de galaxias, agujeros negros, estrellas de neutrones, meteoritos, cometas y constelaciones? ¿No se ha preguntado nunca por las dimensiones del Cosmos? ¿Por la importancia de la luz del Sol en su vida? ¿Por la velocidad a la que se mueve la Tierra por el espacio? ¿Por el origen de la vida, el Big Bang o el fin del Sistema Solar?Todas estas preguntas y muchas más tienen respuesta en el curso sobre Astrofísica organizado por Callejón sin salida. En esta época en la que todo el mundo está empeñado en montar empresas con beneficios multimillonarios nosotros preferimos pasárnoslo bien vendiendo conocimiento, que como todo el mundo sabe raramente da multimillonarios beneficios (aunque estamos convencidos de que el curso será un éxito, pues a la gente le encanta gastar su dinero en cosas inútiles, que son, al fin y al cabo, las cosas importantes en la vida -y si no que se lo digan a los egipcios que construyeron las pirámides, o a las rosas el día de Sant Jordi- ).
Quien esté interesado en el curso se puede poner en contacto con los editores de Callejón sin salida a través del siguiente correo electrónico: editor_callejonsinsalida@yahoo.es
domingo, noviembre 06, 2005
Sobre las dos Españas
Esta mañana he decidido substituir mis ojos por dos aceitunas. Así cuando salga a la calle no me hará daño ver a los caciques inflamando a la tropa, de la misma forma que las aceitunas no sufren (espero) cuando las ensartan con los palillos. Ah, y el martes iré a una clínica de Marbella para que me extirpen el corazón y lo substituyan por un diamante para que la piezoelectricidad haga la función que antes hacía mi aliento, demasiado sensible al tiro en la nuca dialéctico con que tanto se disfruta aquí en España.
domingo, octubre 23, 2005
Las chicas con los chicos, los chicos con las chicas
LLevo oyendo desde hace un tiempo voces que defienden que los alumnos deberían estar separados por sexos en los centros educativos. La razón que aducen es que sería mejor para su rendimiento. Todo el mundo sabe que no es una idea nueva, cuando mis padres estudiaron la situación era esa: separación de sexos. Mi madre estudiaba en un aula en la que un muro de metro y medio de altura separaba a las chicas de los chicos. En fin. Me parece muy bien que la gente se preocupe por el rendimiento de los estudiantes, por el aprovechamiento que estos saquen de las clases. Es más necesario que nunca, soy profesor y soy consciente de ello día a día. Pero si realmente la gente que defiende la separación por sexos estuviera preocupada por la educación de los jóvenes entonces lo que defenderían es que hubiera muchos menos alumnos por aula, no que estos estuvieran separados por sexos. Si queremos que los alumnos aprendan más y mejor, pongamos a diez alumnos por aula, en lugar de a treinta o treinta y cinco. Las personas que defienden la separación por sexos en realidad están pensando en otras cosas, son otras sus prioridades. Y por cierto, sí que habría dinero para poner a muchos menos por aula. Que se inverta menos en investigación militar. No soy un iluso: sé que lo que da dinero inmediato es la investigación militar, no la educación de los jóvenes, que es una inversión razonable y a muy largo plazo. Lo dicho, no soy un iluso y tengo que aguantar un mundo que me parece a veces un puro disparate pero no tengo por qué soportar, además, ciertas hipocresías.
domingo, octubre 16, 2005
La gente confunde un árbol con una papelera
Estimados compañeros, hoy ha llegado el equipo de la Universidad de las Ciencias Paranormales que prometisteis enviar como refuerzo. Les recibo como agua de mayo. Todos los miembros del equipo están aún bajo los efectos de la confusión y el desconcierto que provoca presenciar la innumerable cantidad de fenómenos inexplicables que se producen en la sociedad humana. Yo llevo mucho más tiempo aquí que ellos y aún me dura el desconcierto. Al menos nos haremos compañía.
El primer fenómeno paranormal que estudiaremos será el hecho de que la gente confunda un árbol con una papelera. Como sé que es difícil de creer que tal cosa pueda suceder, adjunto foto como prueba.
En cuanto tengamos listos los primeros resultados de las investigaciones, os los mandaremos vía translumínica. De momento lo único que puedo decir es que estudiar esta anormalidad va a ser muy complicado debido a que los humanos no están muy dispuestos a colaborar. Hace unos días, mientras observaba el árbol y hacía las fotos, cuando pregunté a las personas que pillé lanzando basura dentro del árbol el porqué de semejante acto me contestaron gruñendo, pidiendo que les dejara en paz e insultándome. Uno incluso llegó a llamarme "marciano de mierda". En fin. Seguiremos informando desde el Mediterráneo, a pesar de todo.
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